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sábado, 13 de octubre de 2012

Cosmópolis: El fin del Capitalismo


Este octubre me estoy congraciando con el cine, después de unos meses difíciles. ¡Aleluya!
Ayer por la mañana fui a ver Cosmópolis, la última película de David Cronenberg (Toronto, 1943). Creo que la primera película que vi de este director canadiense fue Scanners (1981). Y después La Zona Muerta (1983), La mosca (1986), Inseparables (1988), Crash (1996), Promesas del este, de la que hablé en este blog el 6 de octubre de 2007 y Un método peligroso, de la que hice lo propio el 27 de noviembre de 2011.
La cinta está basada casi literalmente (Cronenberg presume de haber escrito el guión en 6 días) en la novela de Don DeLillo (Nueva York, 20-Noviembre-1936) del mismo nombre, publicada en 2003. Se presentó en el Festival de Cannes el pasado mayo, cosechando críticas dispares.
El argumento es el siguiente: Eric Packer (interpretado por Robert Pattison, el protagonista de Crepúsculo, tan blanquito él) es un multibillonario de 28 años que cruza Manhattan en su limusina para cortarse el pelo. La limusina, blanca, es muy lujosa (mármol de Carrara), espaciosa, tecnificada (con muchas pantallas de ordenador y TV), blindada e insonorizada (toda ella recubierta de corcho). La odisea de Packer se ve obstaculizada por una visita del presidente de los EE UU a la ciudad de los rascacielos, una violenta protesta anticapitalista y el entierro de un rapero sufí. A lo largo del trayecto, el prota tiene cuatro encuentros casuales con su esposa y distintos momentos sexuales con otras mujeres (la que interpreta Juliette Binoche, entre ellas). Además, es atacado por un “lanzatartas” y por una “amenaza creíble” (Paul Giamatti), un exempleado que solo le encuentra sentido a su vida si mata a su antiguo jefe. Las fluctuaciones de una divisa (el yen, en la novela; el yuan, en la peli) hacen que Eric pierda gran parte de su fortuna ese día.
Es una obra inquietante, especialmente por los diálogos. Parte de una cita del poeta polaco Zbigniew Herbert (1924-1988), según la cual vivimos en un mundo que ha convertido a “la rata en moneda de curso legal”. Eric Packer es una gran rata, el master de un universo amoral, a quien se describe como “rico, famoso, talentoso, poderoso y de temer”. Con un apartamento de 48 habitaciones (acuario de tiburones, sala de proyecciones, ascensor con música ambiental de Satie), con conocimientos de ornitología, botánica, poesía, astronomía y filosofía inglesa, posee empatía cero. Habla con su esposa, una millonaria con la que se ha casado hace 22 días, con la frialdad de un analista. Porque, como señaló la crítica en su día, Eric es el héroe de una distopía (una anti-utopía) triunfalista. “Las palabras no tienen ningún valor en el mundo en el que él vive”. DeLillo, en la mejor tradición de La hoguera de las vanidades de Tom Wolfe o American Psycho de Brett Easton Ellis, pero más… porque en este final del capitalismo, no nos extrañamos de nada.
Packer al final se corta el pelo (bueno, no del todo) con Anthony, un peluquero de toda la vida, que conocía a su padre. Con tipo con valores familiares, con la ética del trabajo de toda la vida… y con una pistola, supuestamente para defenderse.
En fin, que la película desasosiega… y eso está muy bien. Por la tarde aproveché para leerme la novela. Me han gustado frases como éstas:
“Cuando muriese, no sería su fin. Sería el fin del mundo”.
“No sabía qué quería. De pronto lo supo. Quería ir a cortarse el pelo”.
“Le agradó el detalle de que todos los automóviles fueran indescirnibles entre sí”.
(A su jefe de seguridad) “Quiero que me certifiques que todavía tienes la resistencia necesaria para este trabajo. La determinación, el ahínco (…) Quiero que me confirmes que tienes una voluntad de hierro, que eres implacable. Todos éramos jóvenes y listos, a todos nos amamantó una loba. Pero el fenómeno de la reputación es un asunto muy delicado. Una persona sube como la espuma gracias a una palabra, y cae al vacío cuando tropieza en una sílaba. Sé que se lo pregunto a quien no debo”.
“Todo este optimismo, todo este crecimiento desmesurado… Las cosas suceden cual si fuera de la noche a la mañana. Una y otra son simultáneas. Extiendo la mano y… ¿qué siento? Sé que hay miles de cosas que analizas cada diez minutos. Patrones de comportamiento, proporciones, índices, mapas enteros de información. Adoro la información. Es nuestra dulzura y nuestra luz. Es una maravilla tal que hay que joderse para no caerse. Y tenemos un sentido, una función en el mundo. Hay gente que come y que duerme a la sombra de lo que nosotros hacemos. Todo fantástico, pero al mismo tiempo… ¿qué?”
“¿Aún hay gente que se dedica a pegarles tiros a los presidentes? Creí que había dianas más estimulantes”
“Hoy la rata ha cerrado por debajo del euro”
“La vida es demasiado contemporánea”
“Tú no tienes un Rothko importante. Siempre había querido uno”
“¿No te ves reflejado en todos los cuadros que amas? Sientes que te invade una oleada radiante. Es algo que no puedes analizar, algo de lo que no podrías hablar con claridad. ¿Qué estás haciendo en ese momento? Contemplas un cuadro colgado en una pared, eso es todo. Pero te hace sentir vivo en este mundo. Te dice que sí, que estás aquí. Y sí, qué duda cabe: tienes una amplitud vital que es más honda, más dulce de lo que imaginas”
“El talento es más erótico cuando se malgasta”
“No eres tan despiadado. Pero sí. Con talento. Y tienes una presencia que impone. Vestido o desnudo. Lo cual supongo que es otra muestra de talento. (…) Todo este talento, todo este ímpetu. Bien empleados. Coherentemente invertidos para que rindan fruto”
“Detestaba a Arthur Rapp (DG del FMI). Lo había aborrecido desde antes de conocerlo. Era un odio propio de los más purasangres, ordenado, basado en diferencias irreconciliables de teoría y de interpretación. Luego conoció al hombre en carne y hueso y lo odió en persona, caóticamente, con una más que notable violencia de corazón”
“Nos morimos a diario”
“El sexo nos descubre. El sexo nos revela como somos. Por eso es tan estremecedor. Nos despoja de toda apariencia”
“Tiene la próstata asimétrica”
“Uno de mis síndromes es el que llaman de conducta agitada y confusión extrema. En Haití y África oriental, traducido, lo llaman ráfagas de delirio. En el mundo de hoy en día todo se comparte. ¿Qué clase de desdicha es la que no se puede compartir?”
“Queremos pensar en el arte de hacer dinero. Los griegos tienen un término para designarlo. Crematística. Pero es un término al que debemos dar cierto margen, adaptarlo a la situación actual. Porque el dinero ha dado un vuelco. Toda la riqueza ha pasado a ser riqueza por y para sí. No existe otra clase de riqueza si de veras es inmensa. El dinero ha perdido sus cualidades narrativas, tal como le sucediera a la pintura hace ya tiempo. El dinero habla sólo para sí mismo”
“La propiedad ya nada tiene que ver  con el poder, la personalidad, el mando. No se trata de un despliegue de vulgaridad o de buen gusto. Porque ya no posee peso ni forma definidos. Lo único que importa es el precio que uno pague”
“La idea es el tiempo. Vivir en el futuro. Mira cómo corren esos dígitos. El dinero genera el tiempo. Antes era al revés. El tiempo cronológico aceleró el ascenso del capitalismo. Todo el mundo ha dejado de pensar en la eternidad. Se concentran en las horas, en cantidades de tiempo mensurable, en horas humanas, para emplear con más eficacia la mano de obra”
“Porque el tiempo es ahora un activo empresarial. Pertenece al sistema del libre mercado. El presente es cada vez más difícil de encontrar. Es algo que resulta succionado del mundo para dejar lugar al futuro de los mercados incontrolados y de un desmesurado potencial inversor. El futuro resulta insistente. Ésa es la razón de que algo vaya a suceder pronto, hoy mismo tal vez —dijo, mirándose las manos a hurtadillas—. Se trata de corregir la aceleración del tiempo. Más o menos, devolver la naturaleza a su estado natural”
“¿Dudar? ¿Qué es dudar? Tú no crees en la duda. Me lo has dicho tú mismo. El poder de la informática elimina todo rastro de duda. Toda duda brota de las experiencias pasadas. Pero el pasado desaparece. Antaño conocíamos el pasado, pero no el futuro. Esto está cambiando —dijo ella—. Necesitamos una nueva teoría del tiempo”
“Cuanto más visionaria sea la idea, más gente dejará tirada por el camino. En eso consiste toda manifestación de protesta. Visiones de tecnología y la riqueza. La fuerza del capital cibernético que mandará a la gente al arroyo, a que mueran entre sus propios vómitos. ¿Cuál es el defecto de la racionalidad humana? Que finge no ver el horror y la muerte que aguardan en la culminación de los planes que idea. Esto es una manifestación contra el futuro. Lo que quieren es aplazar el futuro, normalizarlo, impedir que arrolle al presente”
“El futuro es siempre una totalidad, una igualdad absoluta. Allí todos seremos altos, fuertes, felices —dijo ella—. Por eso fracasa el futuro. Siempre fracasa. Nunca podrá ser ese lugar cruelmente feliz en que aspiramos a convertirlo”
“¿Cómo sabremos cuándo habrá llegado oficialmente el final de la era de la globalización? Cuando las limusinas extralargas comiencen a desaparecer de las calles de Manhattan”
“El afán de destruir es un afán creador. Ése es también el sello distintivo del pensamiento capitalista. La destrucción forzosa. Es preciso eliminar sin contemplaciones las industrias anticuadas. Hay que reclamar a la fuerza nuevos mercados. Es necesario reexplotar los mercados anticuados. Destruyamos el pasado, construyamos el futuro”
“Un espectro recorre el mundo… El espectro del Capitalismo”
“Ahora hay dolor a mansalva por todo el mundo”
“Todo es un escándalo. Morir es un escándalo. Pero a todos nos pasa”
“Se sentía fenomenal. Se sujetaba el puño cerrado con la otra mano. Se sentía fenomenal con el escozor, con el dolor acalorado. El cuerpo entero le hablaba en susurros. Vibraba con la acción, con la agresión a los fotógrafos, los sopapos que había asestado, el subidón de adrenalina, el latido cardiaco, la gran belleza desparramada de los cubos de basura derribados uno a uno. De nuevo se sentía con los cojones en su sitio”
“Hay estrellas muertas que aún brillan porque su luz quedó atrapada en el tiempo. ¿Dónde me encuentro a esa luz, que no existe hablando en puridad?”
“Nunca había visto a un ser humano con semejante pelo de rata”
“¿Qué sabrán los poetas del dinero? Lo suyo no es más que amar el mundo y recorrerlo en un verso. Nada más que eso”
“Sentémonos a charlar —dijo—. He tenido un día largo y complicado. Cosas, gente. Es buena hora para una pausa filosófica. Un poco de reflexión, eso es”
“Me he convertido en un enigma para mí mismo. Eso dijo San Agustín. Y ahí radica mi enfermedad”
“La ambición desmedida. El desprecio. Podría hacer la lista entera. Puedo poner nombre a los apetitos, a las personas. Unas maltratadas, otras ignoradas, otras perseguidas. La totalidad del yo. La ausencia de remordimientos. Ésos son tus dones”
“Me estás obligando a ser razonable. Eso no me gusta”
“Todo es historia”
“Intentaste predecir los movimientos del yen inspirándote en patrones tomados de la naturaleza, cómo no. Las propiedades matemáticas de los anillos que se forman en los árboles, las pepitas de girasol, las extremidades de las espirales galácticas. Todo eso lo aprendí yo con el baht. Me encantaba el baht. Me maravillaban las armonías cruzadas entre la naturaleza y los datos. Eso me lo enseñaste tú. El modo en que las señales de un pulsar, en la mayor profundidad del espacio, siguen secuencias numéricas clásicas, que a su vez pueden describir las fluctuaciones de un determinado valor de mercado, de una divisa. Eso me lo enseñaste tú, cómo pueden ser intercambiables los ciclos del mercado con los ciclos temporales de la cría del saltamontes, la cosecha del trigo. A esa forma de análisis le diste una horrorosa, sádica precisión. Pero algo se te olvidó por el camino.
 —¿El qué?
 —La importancia que tiene lo que se tuerce, las cosas que desvían un poco. Ibas en busca del equilibrio, de la belleza del equilibrio, la igualdad de las partes, la igualdad de las caras. Lo sé de sobra. Te conozco. Pero tendrías que haber estado atento al yen en sus tics, en sus caprichos. Sus caprichitos. El contratiempo.
 —El error de fábrica.
 —Ahí estaba la respuesta, en tu cuerpo. En tu próstata”
“Me está entrando el ataque de pánico coreano. Se debe a que he contenido la cólera durante todos estos años. Pero ya no ha de ser. Es preciso que mueras. Lo demás no importa”

Mi agradecimiento al escritor Don DeLillo y a David Cronenberg y todo su equipo. Su arte (el de ambos) invita a reflexionar sobre los tiempos que vivimos.

¿Globalización? ¿Predominio de lo asiático? El baile de moda es el Gangnam Style, del coreano PSY (www.youtube.com/watch?v=9bZkp7q19f0) que ha sido nº 1 en Gran Bretaña. Hipnótico.    

1 comentario:

Juan Manuel Flores dijo...

Hace poco ví la pelicula de Cronenberg. Aparte de no poder disfrutarla al máximo, porque la vi con hermanos que no gustan de "ese" tipo de películas. Pero creo que es una gran obra, la gran metafora del camino que hace el capitalismo en la tierra... traza un paralelo en la historia del protagonista, con el capitalismo real "ir a cortarse el pelo"... pero en realidad, el capitalismo es autosatisfacción, violencia, obscenidad y apropiarse de todo lo mismo que el protagonista. Como paso con varias películas de Cronenberg, es una de paladar muy especial para poder disfrutarla.