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domingo, 17 de junio de 2012

¿Te hace el Coaching más Innovador?


Salida hacia Madrid a las once de la noche, hora de la Ciudad de México. Llegada a las cinco de la tarde, hora española. Once horas de vuelo. Lo que hago cuando vuelvo a Europa desde América es cenar antes, en el aeropuerto, y tras el despegue dormir todo lo que pueda (en este caso, 6-8 horas) para que el jet-lag me afecte lo menos posible. Ni lecturas, ni películas. Tan solo he estado hablando un rato con Alfredo Vaz Pinto, vecino en el avión; un ejecutivo portugués que vive en México DF y el responsable para Latinoamérica de una multinacional suiza, Rational. Ha decidido trasladarse a México con su esposa, su niño de 3’5 años y su niña, un bebé que ha nacido hace un mes. Según me cuenta, en los dos últimos meses más de 80.000 portugueses se han marchado a Brasil; buena parte del mejor talento del país. Así son las cosas en este cambio de época.
Respecto al libro del que hablé ayer, El ADN del Innovador, deJeff Dyer, Hal Gregersen y Clayton Christensen, me he preguntado qué tienen que ver las habilidades que presentan para que una persona y una empresa sean innovadoras con el coaching, con este proceso de acompañamiento.
La tesis de los autores es que “la habilidad de las personas para generar ideas innovadoras no es una función exclusiva del cerebro, también se trata de una función del comportamiento”, por lo que “si cambiamos nuestros comportamientos, podemos aumentar nuestro impacto creativo”. Buena noticia: la Innovación también se explica desde la Economía conductual. Bien, pero ¿podemos cambiar de comportamientos, generar nuevos hábitos de innovación solos? Me parece muy poco probable.
“La innovación disruptiva empieza por ti”, señalan Dyer, Gregersen y Christensen. Los verdaderos innovadores, siempre siguiendo este modelo, se diferencian porque desafían el status quo y asumen riesgos (a esto se “aprende” desde el coaching, puesto que este proceso dota al pupilo del coraje, del atrevimiento necesario), con cinco habilidades clave.
Las cinco habilidades clave (en realidad, una habilidad es “lo que uno es capaz de hacer, lo haga o no lo haga”; si una persona lo hace cotidianamente, lo que observamos es un comportamiento repetido, un hábito), tal como comenté en este blog ayer, son:
-                     Asociación (“La creatividad es relacionar cosas”, Steve Jobs). La creación de combinaciones “extrañas” hay que probarla, experimentarla, repetirla, comprobarla. Y para todo ello el coaching resulta muy eficaz. Este proceso es un “lugar seguro” para forzar nuevas asociaciones, crear metáforas, utilizar técnicas de creatividad (de hecho, muchas herramientas de coaching son técnicas de ese tipo).
-                     Cuestionamiento (“cuestionarnos hasta lo incuestionable”, como dice el fundador del Grupo Tata). Siempre es mejor mediante un diálogo profundo, fructífero, con preguntas abiertas –disruptivas- como “¿qué pasaría si…?”
-                     Observación. A observar se aprende, poniendo el foco en la reflexión y el descubrimiento. El coaching ayuda a que el pupilo observe a clientes, rivales, entorno, etc. las preguntas crean la observación y la realidad.
-                     Creación de redes (networking). El coaching es un proceso muy potente para ello. Redes de contacto, presentaciones, eventos… han de estar programados en el plan de acción.
-                     Experimentación. Para diseccionar productos, servicios y experiencias, nada mejor que comentárselo a tu coach.

A partir de estas “habilidades conductuales”, el modelo del ADN del Innovador nos propone el pensamiento asociativo como habilidad cognitiva para sintetizar nuevos conocimientos (concepto) como causa de una idea innovadora.
En la segunda parte del libro, los autores se centran en “el ADN de las empresas innovadoras”: personas, procesos, principios. Otros diríamos Talento, Desarrollo (coaching) y Valores. Una cultura de coaching en la empresa. Para demostrar que funciona, Christensen y sus colegas se refieren a Apple, Dell, IDEO, Amazon…

Ya en España, he estado leyendo la prensa de hoy. Me quedo con el artículo de John Carlin a doble pagina, ¿Cabe la felicidad en tiempos de crisis? “Una sociedad no es más dichosa por ser más rica”, “Cambiar los hábitos mentales y ser positivo es más necesario que nunca”. Vaya, cambiar los hábitos; otra vez estamos hablando de Coaching, querido John.

Me ha generado tristeza saber del fallecimiento de Elinor Ostrom (“Lin”, para sus más cercanos), la primera –y de momento única- mujer en obtener el Premio Nobel de Economía, allá por 2009. A sus 78 años, sufría un cáncer de páncreas. Era la mayor autoridad en la economía de los recursos naturales, de los bienes compartidos. Nos enseñó mucho sobre cómo se comportaban las organizaciones sociales, y por eso tenemos que estarle muy agradecidos. Era una de las personalidades más influyentes (según la revista Time) y una de las 25 personas que más están haciendo por cambiar el mundo. Su legado queda con nosotros.