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martes, 29 de mayo de 2012

¿Líderes o gobernantes?


Me ha recogido esta mañana a las 7 en el Hotel Astoria 7 de San Sebastián Alfonso (que por estas “causalidades” de la vida, es primo carnal de Amelia Echegoyen, madre de Unay e Igor Emery). Y a eso de las 8.15 ya estábamos en Pamplona, junto a la sede del Foro Europeo, que es una maravilla.

         Jornada sobre Liderazgo Innovador, la clave de la productividad y la eficiencia, en el Aula APD del Foro Europeo, que inaugurábamos hoy. Me ha presentado, con exquisita amabilidad y dulzura, mi amigo Jesús Pejenaute, Director de APD en Navarra, que ha felicitado a los participantes (un total de 28) por dedicar tiempo y esfuerzo a desarrollar su Liderazgo, y a sus empresas porque se lo permiten.
         Durante cinco horas, de 9 a 14, hemos estado trabajando lo que supone esta Nueva Era, el impacto de los intangibles de gestión, la secuencia desde la actitud (colectiva) a los resultados, las actividades de liderazgo y el equilibrio, la motivación (intrínseca, desterrando el palo y la zanahoria), la felicidad (que se construye a partir de las doce ‘actividades deliberadas’), etc. Me ha gustado mucho el interés y la atención de los Directores Generales, gerentes, socios, Directores comerciales, Directores de operaciones, Responsables de RR HH de la industria, las telecomunicaciones, los servicios, las manufacturas, las infraestructuras, estudios de arquitectura, etc. Mi agradecimiento a Alberto, Rafael, Juan Manuel, Eva, José Enrique, Pedro, Alicia, César, Patricia, Ignacio Ramón, Michel, Javier, Iñaki, Evelio, Sonia, Raúl, Mikel, Víctor, Mercedes, Laura, Martín, Javier, Mª Carmen, Ramón, Cristina, Eugenio, los dos Ignacios y Mª Eugenia (seguro que me he dejado a algunos en el tintero; muchas gracias a todos por crear una atmósfera de aprendizaje).
         José Ramón Lacosta, en calidad de Presidente del Foro Europeo, ha cerrado la Jornada. Y ha destacado que el 37% de los alumnos de esta Escuela de Negocios de Pamplona provienen de otros países.

         Contrasta este interés por el Liderazgo en la práctica (al menos, en las empresas ganadoras) con lo mal que se hace en buena parte de la clase política. Un ejemplo de ello es el excelente artículo hoy de Antoni Gutiérrez-Rubí, uno de nuestros mayores expertos en comunicación, titulado El peor atril posible:
“Mariano Rajoy ha escogido el peor atril posible. El día en que la prima de riesgo bate todos los récords, superando la cifra crítica de los 500 puntos, con Bankia desplomándose en la Bolsa, y tras conocerse el plan de rescate anunciado, Rajoy ha decidido hablar desde la sede del PP. La propuesta escénica culmina un fin de semana de despropósitos comunicativos. Empezando por los silencios cobardes de la rueda de prensa del viernes, tras el Consejo de Ministros, siguiendo por la comparecencia altanera y fría de Goirigolzarri, y por los desplantes al Congreso y a la opinión pública: "Bankia irá al parlamento cuando sea oportuno"  dijo Gallardón ayer domingo.
El presidente parece grogui. Y con él, España. Las ocurrencias en materia de comunicación desvelan graves errores de concepción, estrategia y forma. Si se ha gobernado sin un plan de comunicación serio, coordinado y solvente, es que –seguramente- se ha ido a salto de mata, desbordados por la realidad.

Hoy, precisamente, no era día para improvisar. Hoy más que nunca, las palabras son determinantes. La fragilidad de nuestra confianza externa obliga a la precisión, no a la ligereza. Incluyendo el rigor de las palabras y de la puesta en escena. Algunas frases del presidente consiguen el resultado adverso que pretenden. ¿Debemos recordar la teoría de los marcos mentales y el libro No pienses en un elefante de George Lakoff? Rajoy ha dejado caer algunas perlas que se van a convertir en dardos: “corremos un riesgo serio”, “monumental deuda externa  acumulada”, “refinanciar es muy difícil”, “un llamado claro a la irreversibilidad del euro”, “no sé cómo están las cosas en el Ministerio de Hacienda”, “con la que está cayendo en España”…

No me ha quedado claro a quién se dirige el presidente: ¿a los mercados?, ¿a la opinión pública?, ¿a los líderes europeos?, ¿a los ciudadanos?, ¿a los medios? Es evidente que no lo tenía claro. Ni ha hecho amigos, ni cómplices, ni aliados. A la pregunta de un periodista sobre si tenía un mensaje claro dirigido a los miles de ciudadanos y ciudadanas que se sienten indignados por la situación de Bankia y la falta de responsabilidades y explicaciones, el presidente ha perdido una gran oportunidad. ¡Ha acabado hablando de la subcomisión del Congreso! Ni una palabra de comprensión hacia las preocupaciones. Esperábamos un líder, y ha comparecido un gobernante.
“Estoy haciendo lo que hay que hacer, estoy convencido”, dice Rajoy. Es su lema, su mantra. Más que una explicación, parecía una justificación. Y así es percibido y es justo lo contrario de lo que se necesita: justificaciones que siempre necesitan culpables. No ha comprendido, creo, que su tarea no es hacer sólo lo que debe, sino lo necesario, lo que conviene, lo efectivo. Y que se comprenda.
He escuchado, estupefacto, que el líder de la oposición ha dicho que no tiene el teléfono de Rajoy. Ha sido la puntilla. Espero que el viernes pasado intercambiaran los móviles. Si los dos principales dirigentes políticos españoles se comunican a través de la prensa o de sus gabinetes, no me extraña que estemos como estamos. El viernes Rajoy y Rubalcaba, por cálculo partidista o por incapacidad mutua para llegar a acuerdos de mínimos, no salieron juntos en la rueda de prensa. Hubiera sido clave y decisivo para dar una imagen serena y sensata. No lo hicieron, pero a quien le convenía, justo lo contrario de lo que Rajoy cree y le susurran en los oídos, es al presidente del gobierno. Y, en su lugar, hemos acabado en una rueda de prensa en Génova, hablando de Bankia cuando no quería, y atacando, finalmente, al PSOE por su ofensiva sobre el IBI e increpando –por su nombre- a algunos periodistas. Así, no, presidente. Así, no. Está solo… y se va a quedar solo”.
            Excelente artículo, Antoni. Ojalá los gobernantes se conviertan en líderes, en el partido en el poder y en el de la oposición.

         Después de la jornada de APD en el Foro Europeo, Jesús y un servidor nos hemos ido a comer, en la carretera de Pamplona a Huarte, al asador Zubiondo (en euskera, “junto al puente”), donde Mikel y sus hijos nos han atendido de maravilla. Revuelto de perretxicos, chuletón, cuajada, sidra. Comida excelente en un entorno muy agradable.
Y de ahí al aeropuerto de Noain, para volar hacia Madrid.
En el aeropuerto y en el vuelo, he estado leyendo La mente enamorada, de Norman Lewis. “El amor, esa capacidad humana tan antigua como la razón o el dolor, no es sólo una experiencia vital que todos reconocemos por intensa, sino también un elemento clave del comportamiento de las personas. El amor influye sobre nuestro estado de ánimo: puede darnos y quitarnos la felicidad, es determinante para nuestra estabilidad física y consigue cambiar la estructura de nuestro cerebro.
Durante siglos el amor ha sido abordado desde perspectivas muy dispares. Pero hasta hace apenas dos décadas la ciencia no había podido desvelar muchas de las preguntas relacionadas con el asunto. ¿Qué es? ¿Por qué algunas personas son incapaces de encontrarlo? ¿Por qué duele la soledad?”. Un texto de neurociencia que, francamente, tenía poco nuevo: el cerebro triuno, la expresión de las emociones (Darwin), los estados de ánimo, etc.

Dado que la presentación del libro de Arancha Merino, Haz que el sol salga cada mañana no era esta tarde sino mañana miércoles, me he ido al cine, sesión de las 20.25 h, a ver Profesor Lazhard, en versión original subtitulada en francés (la película es canadiense, de Quebec). Nominada al Óscar a la mejor película de habla no inglesa. La historia de un colegio de Montréal donde se ha suicidado una profesora (algunos niños la han visto ahorcada) y, en ese estado de shock, aparece como sustituto un profesor argelino (exiliado, su familia ha muerto en el incendio provocado del edificio donde vivían). Ya se sabe: padres que no se ocupan de la educación de sus hijos, directora del colegio que no lidera y que prefiere dejarlo todo en manos de ‘especialistas’ (la psicóloga, el terapeuta), profesores quemados, niños que optan por la violencia, etc.
Un argumento para emocionar… pero no lo hace. Niños de 11-12 años que actúan muy bien, buena fotografía, pero el guión es flojo, bajo de ritmo. Se ve que estoy en mala racha este mes de mayo en lo que a cine se refiere… veremos en junio.