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sábado, 18 de febrero de 2012

Hacia la Economía del Bien Común

Sábado frío de invierno en Madrid. Tiempo de pasear, leer y preparar los temas de las próximas fechas: la conferencia que impartiré en A Coruña, en la Asociación de Jóvenes Empresarios (AJE) el día 22, sobre El líder-coach y el “espíritu de los Mosqueteros”, la clase de Dinamización de Equipos en la Universidad Comercial de Deusto en Bilbao el próximo lunes, la de Oporto (MBA Executive) del viernes, la reunión sobre Motivación con Sodexo, MásCuota y CVA el martes, los procesos de coaching del miércoles y el jueves… Viene una semana cargada de iniciativas muy interesantes.

Mi amigo Joxe Mari Ulazia (DBS) me dio a conocer hace unos días La Economía del Bien Común de Christian Felber. Un modelo alternativo al tradicional, para que la empresa evolucione hacia la solidaridad y la generosidad, bases de la sostenibilidad. Sé que en el mes de junio el libro de Felber (publicado originalmente por una editorial vienesa), muy interesante, estará en nuestras librerías en castellano. La semana que va concluyendo he publicado al respecto una tribuna en Dossier Empresarial que quiero compartir contigo. Es la siguiente:

La economía del bien común

Juan Carlos Cubeiro, socio-director de IDEO

El Foro Económico de Davos, celebrado hace algunos días, ha evidenciado como nunca antes que en este cambio de era el mundo se mueve a dos velocidades. La vieja Europa, y tal vez los Estados Unidos, su principal heredero cultural, conduciendo lenta y pesarosa con la vista en el espejo retrovisor, tratando infructuosamente de recuperar la bonanza del pasado; y los países en desarrollo, con los BRICS a la cabeza, marchando decididamente hacia el futuro para aprovechar su potencial. Unos, con pesadillas; otros, soñando a lo grande. Justo lo contrario de hace 500 años, cuando los estados europeos (con los reinos de Castilla y Aragón como vanguardia) conquistaban buena parte del planeta en pos de un ideal.

Estos nuevos tiempos requieren de una nueva Teoría Económica; en realidad, de dos, interrelacionadas: la economía conductual y la economía del bien común.

La economía conductual (Behaviorial economics) con autores tan reputados como George Akerloff, George Loewenstein, Dan Ariely, Robert Shiller, Daniel Kahneman o Amos Tversky, analiza los fenómenos económicos de las personas no como “seres racionales” sino como “personas integrales”, en las que lo emocional, lo instintivo y lo social juegan un papel mucho más destacado que la pura intelectualidad. De hecho, la proporción entre la irracionalidad y la racionalidad en nuestras decisiones cotidianas es de 90 a 10.

La economía del bien común (Gemeinwohl-Ökonomie, en alemán) parte de un libro de Christian Felber con el mismo título publicado en agosto de 2010 por una editorial vienesa. Sus fundamentos se mostraban en una obra anterior de Felber, “Los valores de la nueva economía” (2008). Hay más de 500 empresas están implantando este modelo, que pretende superar la dicotomía capitalismo-comunismo, entre el poder absoluto del mercado (la mano invisible, que luego no es tal) y la economía planificada (que acaba corrompiéndose).

El bien común se basa en los valores de las más saludables relaciones humanas (confianza, cooperación, aprecio, co-determinación, solidaridad y voluntad de compartir), que nos hacen mejores y más felices. El paradigma cambia de la lucha y el egoísmo avaricioso a la cooperación y el altruismo generoso, del finalismo del beneficio financiero a la contribución al bien común. El balance financiero es secundario; el balance del bien común (que mide intangibles como la dignidad humana, la responsabilidad social, la sostenibilidad ecológica, la participación democrática, y la solidaridad con todos los “grupos involucrados” en la actividad de la empresa) es lo principal. El capital es el medio, no el fin, para lograr la felicidad de todos; la diferencia entre los ejecutivos mejor pagados y los operarios no puede superar las 20 veces (en Estados Unidos la diferencia era de 24 a 1 en 1965; de 71 a 1 en 1989; de 262 a 1 en 2005 y de 325 a 1 en 2011).

Christian Felber propone que los mejores balances del bien común (por sus rendimientos sociales, ecológicos, democráticos y distributivos) obtengan ventajas legales y fiscales. Además propone crear “bancos democráticos”, impulsar la democracia directa (además de la representativa), educar desde la escuela en valores como emocionología, ética, comunicación, educación democrática y experiencia de la naturaleza y favorecer competencias de gestión como la amabilidad, la empatía, atender al bien de tod@s y de la comunidad ecológica. Lo que hoy parece “ciencia-ficción”, mañana será “sentido común”. En la situación actual, según el economista del FMI Fuad Hassanov, por cada punto de desviación típica en desigualdad (medido por el índice de Gini) se genera un 0’6% de crecimiento del PIB. ¿Hasta cuánto se puede tensar la cuerda?

Adiós, individualismo propio del capitalismo más salvaje; bienvenida sea la inteligencia del enjambre, el liderazgo colectivo, la fuerza de todos juntos y no luchando entre nosotros.

Economía conductual y economía del bien común. Ambas doctrinas económicas interconectan en la importancia de la Generosidad como principal activo del ser humano, como seres sociales que somos. La generosidad, cuando la practicamos, nos hace sentirnos bien (libera oxitocina); el altruismo es la marca de los ganadores; la solidaridad genera sostenibilidad. ¿El hombre es un lobo para el hombre? Hobbes está trasnochado en la segunda década del siglo XXI. Es el momento de recuperar la armonía confuciana, el desarrollo aristotélico y la serenidad senequista. Corren nuevos tiempos, y son apasionantes.