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domingo, 12 de febrero de 2012

El manager de un equipo humilde

Matinal de cine. He ido a ver, por fin, Moneyball, protagonizada por Brad Pitt (que también la produce). Me ha gustado este relato (basado en una historia real, de 2002) de Billy Beane, manager general de los As de Oakland, un equipo de beisbol que sufre de la restricción de su presupuesto. Al final de la temporada 2001, pierde a sus tres mejores jugadores (es “desguazado”, como dice él, por los equipos ricos) y se atreve a fichar a un analista, Peter Brand, un joven economista de Yale que concibe este deporte como “comprar victorias a través de comprar carreras”. Para Brand, los ojeadores piensan de forma emocional. Las cosas empiezan mal (“estamos solos tú y yo”, le dice Billy a Peter, “y lo hemos apostado todo”), con la resistencia pasiva del entrenador, Art Howe. Billy Beane (interpretado por Brad Pitt), es consciente de aquello de que “las revoluciones a medias sólo sirven para cavar la fosa de los revolucionarios”, pisa a fondo y consigue lo que se propone. Los Oakland A’s baten el récord de 20 victorias seguidas y pasan a las series mundiales.

Me ha gustado mucho el guión de Steven Zaillian (Despertares, La lista de Schindler, Gangs of New York, La intérprete, American gánster) y Aaron Sorkin (La red social, Algunos hombres buenos, El ala oeste de la Casa Blanca, Malicia, El Presidente y Miss Wade, La guerra de Charlie Wilson). El contraste entre los ojeadores a la vieja usanza (que se dejan llevar por absurdos prejuicios; “pocos ojeadores pueden ver en la mente de un joven”) y la selección y desarrollo del talento como ciencia. Una estupenda metáfora para quienes nos dedicamos al liderazgo, al coaching y al talento en general.

6 nominaciones a los Óscar, entre ellos a mejor película (que creo que debería ganar The Artist) y mejor guión adaptado (éste sí lo debería ganar). Si te gustó La red social, te gustará Moneyball (aunque el director de ésta no es precisamente David Fincher): la historia de un iconoclasta que logra cambiar las reglas del juego por ser valiente.

El guión está basado en el libro Moneyball. El arte de ganar un juego injusto de Michael Lewis (autor de El póker del mentiroso, Boomerang. Viajes por el nuevo tercer mundo). 10 años después, el bueno de Billy Beane (ex jugador al que le apasiona su deporte) no ha conseguido todavía ganar las Series Mundiales; sin embargo, los Red Sox de Boston sí lo hicieron un par de años después siguiendo sus reglas. Pensando en téminos de eficiencia, a los Yankees de Nueva York cada victoria le cuesta 1’4 millones de dólares y a los de Oakland la séptima parte. Y esa diferencia es pura Calidad Directiva.

Ayer estuve leyendo Partes públicas de Jeff Jarvis. Estamos entrando en la era de la publificación (cuyo profeta es Mark Zuckerberg, fundador de Facebook). Jarvis la define como “1. El acto o hecho de compartir información, pensamientos o acciones. 2. El hecho de reunir a personas o de reunirse en torno a personas, ideas, causas o necesidades. 3. El hecho de iniciar un proceso para que sea colaborativo. 4. La ética de la transparencia”. Jarvis escribe: “Del mismo modo que Google forjó una industria en torno a las búsquedas, Facebook se encuentra en el centro de su propia industria, que se basa en compartir”. El autor ha descubierto que “cuanto más compartimos, más nos beneficiamos de lo que comparten los demás”. Internet es la nueva plaza pública; la red es la imprenta de todos. “La publificación es el emblema de un cambio que está haciendo época. Es un hecho profundamente perturbador”.

Zuckerberg tiene como misión “conseguir que el mundo sea más abierto y esté más conectado”. “La pregunta ya no es ‘¿Lo mantienes todo en privado?’ sino ‘¿Qué cosas deseas compartir y cuáles no?’”. Jeff Jarvis pone como ejemplo a los alemanes, celosos de su intimidad, pero dispuestos a desnudarse ellos y ellas en las saunas públicas (es la FKK, la Freikörperkulture, la cultura del cuerpo libre). Sobre las propias “partes privadas” del autor, en septiembre de 2009 le diagnosticaron un cáncer de próstata y con la operación de extirpación se hizo incontinente e impotente. Y lo divulgó a través de internet. ¿Sobreexposición? No lo parece, porque Jeff Jarvis cobra 45.000 $ por conferencia.

“Las empresas pronto empezarán a medir su valor basándose más bien en la calidad de sus relaciones que en el valor de sus propiedades, lo que, en un mundo digital, tiene más de pasivo que de activo”. La publificación aumenta los conocimientos (y la generosidad) de las personas y desmonta el mito de la perfección (que “en el mejor de los casos, es una falsa ilusión, y en el peor una mentira”). La publificación elimina los estigmas (los tabúes) y garantiza la inmortalidad… o al menos el reconocimiento. “La fama es la prolongación suprema de la identidad humana”. Para Jarvis, la publificación nos organiza y nos protege. Todo ventajas, según el autor.

Al parecer, también la imprenta causaba cierto miedo hace 500 años. La imprenta como agente de cambio es una obra de 800 páginas (dos volúmenes) publicada en 1979 tras quince años de investigación. Un cambio revolucionario, una expresión que conocimiento, que hizo posible la Reforma protestante. “Los renacimientos se producen con tan poca frecuencia que debemos disfrutar de ellos a lo largo del proceso” (Leah Marcus).

Jarvis redefine la intimidad. Es la ética del saber, como la publificación es la ética de compartir. La ética de la intimidad significa no robar información, decir claramente lo que harás con ella, protegerla, reconocer la autoría, dejar que las personas accedan a su propia información, no utilizarla contra nadie, analizar el contexto y las motivaciones y añadir valor. La ética de la publificación supone ser generosos, compartir por una razón de peso, utilizar estándares comunes y proteger lo que es público.

Entran en juego dos fuerzas: identidad y reputación. “Nuestra identidad es una expresión en primera persona de nosotros mismos. Nuestra reputación es la opinión y el concepto en tercera persona que otros se han formado de nosotros”.

El autor pone como ejemplos a Dennis Crowley (Dodgeball, Foursquare), Phillip Kaplan (Blippy), Josh Harris (We live in public, Wired City) y apuesta por la empresa radicalmente pública, que mantiene relaciones directas y abiertas con los clientes, revelar el máximo de datos posible sobre sus productos y procesos (incluidas sus cuentas), eliminar casi por completo la publicidad y operar con estándares abiertos. Es parte de un ecosistema, con nuevas formas de gestión. Jarvis pone de modelo a su amigo Seth Godin, el gurú del marketing: cuenta con una marca sólida, publica en su blog, organiza su propia gira de seminarios y vende cientos de entradas a 895 $ por día completo. Sus fans programaron más de un millar de actos. Fundó el Dominó Project y vende directamente sus libros a través de Amazon. Me temo que Jeff pretende hacer algo similar.

Como conclusión, el autor establece Los diez principios de la publificación:

I. Tenemos el derecho de conectarnos.

II. Tenemos el derecho de hablar.

III. Tenemos el derecho de reunirnos y actuar.

IV. La intimidad es la ética del saber.

V. La publificación es la ética de compartir.

VI. La información de nuestras instituciones debería ser pública por defecto y secreta por necesidad.

VII. Todo lo público es un bien público.

VIII. Todos los fragmentos de información han sido creados iguales.

IX. Internet debe seguir siendo abierta y distribuida.

De la prensa de este fin de semana, Talento con nombre de mujer. Whitney Houston ha muerto a mi edad (ha sido una de mis cantantes favoritas; mi canción preferida, “Run to you”). Angelina Jolie presentó en la Berlinale su debut como directora. Entrevista a Helena Pimienta, la primera mujer al frente de la Compañía Nacional de Teatro Clásico: “El miedo es la gran coartada del poder”. De John Carlin a Jill Abramson, la primera mujer que dirige The New York Times: “Al contratar quiero a los mejores buscadores y a los mejores narradores”. Y entrevista de José Luis Barbería a Elena Valenciano, nº 2 del PSOE. Y sobre todo las buenas noticias en torno a mi buena amiga Irene Villa, a la que admiro muchísimo. En estado de buena esperanza, de tres meses. Su niño se llamará Carlos. Licenciada en Periodismo y Psicología, deportista (esgrima, esquí, buceo, descenso del Sella), magnífica escritora (su libro Saber que se puede es una maravilla), brillante oradora, apasionada del desarrollo del talento… Como podía leerse hoy en la portada de El Mundo, “Es el triunfo de la vida”. Le podrá contar a su hijo –junto con su marido, Juan Pablo- que por aquí hubo un grupo terrorista que abandonó para siempre la violencia. ¡Cuánto me alegro, querida Irene!

Mujeres chirigoteras en el Carnaval de Cádiz, a una semana de las comparsas de Tenerife y hoy iniciado en el de Venecia, cuyo lema este año es "La vida es puro teatro". Desde el próximo martes, la exposición sobre Marc Chagall (150 obras) en el Thyssen. No hay que perdérsela.

2 comentarios:

tofilorris@gmail.com dijo...

HOLA ,JUAN CARLOS ,SOY UNA GRAN ADMIRADORA TUYA .DESDE QUE TE DESCUBRI ,ME TIENES ALUCINADA. COMO PUEDES LEER TANTO, VER TANTO CINE ,TU VIDA TIENE QUE SER TAN INTERESANTE .EN HORA BUENA ,PERO DIME ,COMO LO HACES. UN SALUDO Y HASTA PRONTO ,TODOS LOS DIAS LEO LO QUE ESCRIBES PARA APRENDER DE TI ,GRACIAS

Juan Carlos Cubeiro dijo...

Muchas gracias.

Un saludo