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viernes, 13 de enero de 2012

Excedente cognitivo y La chispa de la vida

Reunión a las 8.30 h de la mañana en Madrid con el DG de una empresa cliente para planificar los procesos de coaching en la Alta Dirección y de coaching de equipo para el primer semestre del año. Una muestra ejemplar de la importancia de desarrollar la Calidad Directiva para que la empresa sea competitiva en un entorno global. Afortunadamente, quedan compañías ganadoras que apuestan por el talento.

Avión a Bilbao a las 12 de la mañana. He estado leyendo Excedente cognitivo, de Clay Shirky. Leí el libro en su versión original y no me impactó demasiado. La traducción al castellano es excelente y esta vez me ha gustado mucho más. Parte de la “locura de la ginebra” en Londres hacia 1720. La ginebra fue el lubricante social de una sociedad en cambio. Hoy “la ginebra” son las sitcoms (comedias de situación) y la tele en general, por el exceso de tiempo libre. “Al principio la sociedad nunca sabe qué hacer con ningún excedente”. Con los medios digitales, la gente generosa aporta y mejora el mundo. Una importante reflexión, que da que pensar.

“La dosis hace el veneno” y en este sentido se nos ha pasado la mano con la televisión. Tras la clase en el Executive MBA en Zamudio (Eseune), he ido a ver a la sesión de las 22 h La chispa de la vida, la última película de Álex de la Iglesia, con José Mota, Salma Hayek, Juan Luis Galiardo, Blanca Portillo y Fernando Tejero.

Que nadie espere una comedia por el hecho de que Mota sea el protagonista. Se trata de un drama muy negro sobre esta sociedad que desprecia a los desempleados (que hacen todo lo posible por encontrar un trabajo, siendo humillado por quienes ya lo tienen), que se gasta lo que no tiene (Galiardo interpreta a un alcalde que inaugura un museo faraónico), que paga desmesuradamente el espectáculo y que se siente atraída por el morbo (tal vez, porque se aburre mortalmente). Mota es un publicista que inventó “la chispa de la vida” (el anuncio de Coca-Cola) y que está al margen del mercado laboral, del éxito tal como lo entiende nuestra sociedad. La chispa está en su familia, en su maravillosa esposa (Salma Hayek) y sus hijos, pero se lo está perdiendo.

Una película mucho más profunda de lo que puede parecer a simple vista. Álex de la Iglesia nos muestra el contrasentido de este capitalismo descarado. He disfrutado de este drama contemporáneo. En Fotogramas, Ricardo Aldarondo comenta: “Lo tenía todo en contra (esa pareja protagonista y ese título auguraban comedieta insustancial), pero en una pirueta inesperada Álex de la Iglesia ha completado una película contenida y equilibrada, descarnada pero sensata. Esta vez no apuesta todo al desmadre final, pues no lo hay. En su lugar, un desenlace que lleva a la vía dramática y que habla de la dignidad y la implicación personal en lugar de hacer explotar el circo. El humor negro, que lo hay contra políticos, banqueros y televisiones sin corazón, también encuentra su reverso amable en múltiples detalles que van reinventando continuamente la situación inicial (un parado que se convierte en espectáculo televisivo), mientras va creciendo la terrible historia de un hombre normal. La referencia a 'El Gran Carnaval' (1951), de Billy Wilder, es evidente, pero, como el propio De la Iglesia señala, la diferencia es importante: aquí es la propia víctima la que pide ser fagocitado por los medios para tratar de salvar su vida. Evitando chistecitos por parte de José Mota y sacando de él una excelente interpretación, el bilbaíno demuestra que puede mantener intacto su sello, con un film abiertamente comercial y asequible”.

La dignidad (en la sociedad del espectáculo) y la solidaridad (para aprovechar el excedente cognitivo) saldrán triunfantes en esta nueva era, la del talentismo.


Mi agradecimiento a los alumnos del Executive MBA, con quienes tan buena tarde he pasado.