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sábado, 7 de enero de 2012

El declive (de los dioses, de Occidente, de nosotros)

La temporada cinematográfica ha empezado con mucha fuerza.

Ayer por la tarde fui en primera sesión a ver The Artist, la película muda en blanco y negro del francés Michel Hazanavicius protagonizada por Jean Dujardin y Bérénice Bejo. La apuesta parecía arriesgada, pero la película obtuvo el Premio del Público del pasado Festival de San Sebastián, Premios en Cannes, Sevilla, Nueva York y está nominada a seis Globos de Oro. Sinopsis: “Hollywood, 1927. George Valentin es una gran estrella del cine mudo a quien la vida le sonríe. Pero, con la llegada del cine sonoro, su carrera corre peligro de quedar sepultada en el olvido. Por su parte, la joven actriz Peppy Miller, que empezó como extra al lado de Valentin, se convierte en una estrella del cine sonoro.” La película es una maravilla: sensible, emotiva, con una banda sonora maravillosa y un exquisito gusto por los detalles. Comparto la opinión de Carlos Marañón (Cinemanía) que otorga a esta cinta cinco estrellas sobre cinco y de Jordi Batlle (La Vanguardia) que le da cuatro sobre cuatro. Pablo Kurt, en FilmAffinity, dice de “The Artist”: “En silencio, tan llena de vida como ligera de voces y colores, esta sorprendente obra maestra ha ascendido ya al paraíso del séptimo arte, donde seguro que varios genios pioneros habrán comentado lo encantados que están con su homenaje. Acomodada en una pequeña sala de joyas del siglo XXI, rodeada de obras de Pixar, "The Artist" observará sonriente cómo todas las críticas aluden a que es muda y en blanco y negro como un supuesto "inconveniente", cuando es obvio que son precisamente las dos bazas sobre las que se sostiene su relato irresistible. Y el que sea francesa (quizá la filmografía occidental más alejada de la norteamericana) tan solo es un dato feliz que sentencia lo global que es este arte. Por último un modesto consejo a los padres de jóvenes adolescentes: saquen a sus hijos de las consolas y llévenles a ver "The Artist", porque es casi seguro que en un par de décadas ni se acuerden de la pasión que derrocharon por crepúsculos y harrypotters, pero más de uno recordará el día que vieron una obra que les inculcó parte de su amor por el cine en su estado más puro. Una absoluta maravilla.”

Sí, es amor por el cine en estado puro (y cine sobre el amor), y también la crónica de un declive. La gran depresión es también el paso del cine mudo al sonoro y no todos quisieron/pudieron/supieron darlo. Ignacio García de Leániz publicaba una muy interesante página de “Cine de Gestión” a propósito de esta cinta, utilizando la mentalidad resistente al cambio y la metodología de Elizabeth Kübler-Ross sobre el duelo. Muy acertado. También podemos disfrutar de este relato como el de un declive (una nueva época), en tanto que George Valentin se autoengaña pensando que el cine sonoro es una moda pasajera. Como muchos en la crisis actual.

He estado leyendo El declive de los dioses del veterano periodista Mariano Guindal. Una crónica de más de 500 páginas de la Historia económica (empresarial, política) de los últimos 40 años. “Un país aún muy alejado de los vecinos del norte inicia, en los primeros setenta, una transformación económica y política a gran velocidad. La sociedad pasa, en menos de dos generaciones, del seiscientos al AVE y conquista con la integración en Europa niveles de bienestar nunca antes imaginados. La intensa liberalización de la economía reparte de modo desigual la riqueza. Aparece un nuevo capitalismo, al calor del pelotazo, que da pie a innumerables casos de corrupción. Los medios de comunicación destapan negocios multimillonarios, corrupciones y enriquecimientos súbitos a la sombra del poder. Pero no todos los delitos quedan impunes, y asistimos al declive y la caída de banqueros, políticos, constructores e incluso jueces. Por los juzgados desfilarán los protagonistas de casos que han quedado fijados en la memoria colectiva, desde Sofico a Gürtel, pasando por Filesa, Casinos, o la sonada huida, detención y condena de Luis Roldán. Los intereses y las decisiones de esos poderosos recién llegados condicionan la actuación del Estado, el rumbo de grandes empresas y la vida de millones de ciudadanos.”, puede leerse en la contraportada. El lector se queda de piedra cuando puede leer que Adolfo Suárez trató de gobernar en coalición con Carrillo para hacerle la pinza a los socialistas, que la CEOE (según las Memorias de Alfonso Guerra) pudieron tener una participación destacada en el 23-F y decisiva en la “Operación Roca” y especialmente que la democracia fue posible gracias a un relevo generacional (Adolfo Suárez como presidente del gobierno, Sánchez Asiaín como presidente del Banco de Bilbao). Un relevo que ocurrió a mediados de los 70, que sucede cada cuatro décadas y que por tanto “vuelve a tocar” allá por 2015. Hasta entonces, seguirán mandando los mismos dioses, en pleno declive.

“Declive” es una pendiente, la inclinación de un terreno o superficie. Y, metafóricamente, la decadencia. En todo ciclo de vida (de un producto o servicio, de una organización, de un ser vivo) hay inicio, crecimiento, madurez y declive. ¿Cómo aumentar éste último? Mediante la reinvención o el renacimiento (de ello trataba una parte del libro Por qué necesitas un coach?).

A nivel social, el último Dossier de La Vanguardia (enero-marzo 2012) explica El declive de Occidente, con artículo interesantísimos de Ian Morris, Niall Ferguson, Joseph S. Nye, Walter Laqueur, Michel Wieviorka, Robert Skidelsky, Marc Levinson, Ian Brinkley, Minxin Pei y José Enrique Ruiz- Domènec. Muy pero que muy instructivo.

A nivel personal, El País hablaba hoy de El declive del cerebro: “Las capacidades del cerebro, como la memoria, el razonamiento y la comprensión (función cognitiva), pueden empezar a flaquear a partir de los 45 años, según un estudio publicado en el British Medical Journal (BMJ). El trabajo, efectuado por investigadores del University College London (Reino Unido), ha determinado un deterioro del 3,6% en la capacidad de razonamiento de hombres y mujeres entre 45 y 49 años. Las conclusiones se basan en el análisis de más de 7.000 individuos (5.198 hombres y 2.192 mujeres) durante un periodo de 10 años, a partir de 1997. Todos los participantes eran funcionarios con edades comprendidas entre los 45 y los 70 años, y formaban parte del estudio de cohortes Whitehall II, establecido en 1985.

Las funciones cognitivas de los participantes se evaluaron tres veces durante el tiempo del trabajo, según la memoria, el vocabulario y las habilidades de comprensión auditiva y visual -teniendo en cuenta las diferencias en el nivel de educación-. El dato es importante "para la sanidad y la prevención de la demencia", señala un experto.

Los resultados muestran que las puntuaciones cognitivas se redujeron en todas las categorías (memoria, razonamiento, fluidez fonológica y semántica), excepto en el vocabulario, y no hubo una disminución más rápida en las personas mayores.

Asimismo, también revelan que, durante los 10 años que duró el trabajo, se produjo un descenso del 3,6% en el razonamiento mental en los hombres entre 45 y 49 años y un descenso del 9,6% en los de 65 a 70. Las cifras correspondientes para mujeres fueron de 3,6% y 7,4%.

La comprensión del envejecimiento cognitivo será uno de los retos de este siglo, sobre todo si la esperanza de vida sigue aumentando, según señalan los investigadores británicos, dirigidos por Archana Singh-Manoux, del Centro de Investigación en Epidemiología y Salud Pública, en Francia. Añaden que es importante investigar la edad en que comienza el deterioro cognitivo, debido a que las intervenciones médicas producen mejores resultados en una etapa temprana del deterioro mental.

Los autores argumentan que la evidencia robusta que muestra el declive cognitivo antes de la edad de 60 años tiene importantes implicaciones, ya que demuestra la importancia de promover estilos de vida saludables, en particular la salud cardiovascular, ya que, según nuevos estudios, "lo que es bueno para el corazón, también es bueno para la cabeza".

Los científicos añaden que los tratamientos de los pacientes que sufren de uno o más factores de riesgo para enfermedades del corazón (obesidad, presión arterial alta y niveles altos de colesterol) no solo podrían proteger el corazón, también les protegerían de la demencia.”

Como toda verdad estadística, es una mentira como suceso individual. Los mayores de 45 años que cuidemos nuestro corazón (con una vida feliz) y nuestro cerebro (con un aprendizaje continuado) no sufriremos tal declive.

Mi agradecimiento a los buenos cineastas, como el equipo de “The Artist”, a los buenos periodistas como Mariano Guindal y los buenos profesionales y amigos como Éric, con quien he tenido el gusto de hablar hoy, pensando en proyectos de futuro.