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domingo, 11 de diciembre de 2011

El tango, Galiardo y la desigualdad

Hoy ha sido el Día Internacional del Tango y, según he visto en el Telediario, se ha celebrado en la Estación del Norte de Valencia con una serie de parejas bailando tangos allí. 40 parejas bailarán hoy, mañana y pasado desde las 12 hasta las 2 de la tarde. “El tango está lleno de despedidas”, dijo Ramón Gómez de la Serna. “En el tango uno no se equivoca. No es como en la vida. Si en el tango uno se equivoca y se enreda, sigue bailando” (Al Pacino, Esencia de mujer).

Me ha gustado mucho la entrevista de Juan Cruz a Juan Luis Galiardo en El País. Semanal: “De latin lover yo solo tenía la apariencia”.

“Juan Luis Galiardo tiene 71 años y ha estado a punto de morir. Ya está a salvo. Se le ve, además, guapo, elegante, rasurado; expresa en su rostro alegrías pasadas, cuando fue indómito galán del cine español, tentado por Hollywood y llevado (casi) a la locura por la insatisfacción rutinaria y rutilante a la que lo sometió ese mundo. Tanto enloqueció que, en mitad del desierto helado de un país nórdico, casi deja que se helara Charlton Heston, quien tuvo que ser asido y salvado mientras Galiardo abandonaba el lugar inconsciente de su dudosa hazaña. En el reparto lo sucedió su amigo Sancho Gracia, pero ya él se quitó de en medio para someterse a curas que lo dejaron listo, de nuevo, para la batalla nacional.

Aquí ha sido de todo: actor, productor, su propio director, gigoló, actor de carácter; ha sido Quijote, ha sido Cervantes, ahora es Molière (bueno, El avaro) en una producción con la que recorre España. En medio ha hecho películas como El disputado voto del señor Cayo (con Antonio Giménez Rico), Pasodoble y El vuelo de la paloma (con José Luis García Sánchez), Todos a la cárcel (con Berlanga), Familia (con Fernando León de Aranoa), Pajarico y Tango (con Carlos Saura), La guerra de los locos (con Manuel Matji), El caballero don Quijote (con Manuel Gutiérrez Aragón) y, de nuevo con García Sánchez (y con guión de Rafael Azcona), Suspiros de España (y Portugal) y Adiós con el corazón. Además, fue abogado en la televisión, en el famoso Turno de oficio, de Antonio Mercero. Vivió en México, donde trabajó para televisión y cine... De modo que no ha parado, a pesar de la fama (bien ganada entonces) de gigoló que le dieron sus primeros años de esplendor físico y de noches (y días) de locura. Ha vivido dramas (de salud, personales, algunos derivados de su intensa vida de noche, cuando Madrid era la noche de Galiardo), pero un día su amigo Rafael Azcona le atajó, cuando Galiardo le estaba contando avatares de sus tragedias: "Con tus dramas, Dostoievski no hubiera escrito ni media página". Pero ahora, ya digo, ha tenido un disgusto serio. Ya no es la broma aquella que le hizo a Gutiérrez Aragón presentándose desnudo en el despacho del cineasta para soltarle que su cuerpo "decrépito y enflaquecido" ya era propio para representar al Quijote. No, ahora la salud le ha avisado fuertemente. Para contar qué le sucedió, qué le sucede y qué espera de la vida estuvimos con él en su casa, ordenadísima, rodeados de medicinas con las que abastece su esperanza de vida ("pues ahora no me puedo morir") y abriendo de vez en cuando, para tomar zumos, su nevera, "que es ahora la nevera del que no se cuidó".

Me he asomado al abismo dos veces, un ictus y un carcinoma no definitivo. Una serie de traiciones, impagos de no sé qué Ayuntamiento, reciclaje de mi empresa... Una mezcla de pequeños y grandes percances, como todo el mundo. Azcona decía: Con lo tuyo, Dostoievski no hubiera escrito ni media página”. Voy a cumplir 72 años y hace mucho que no aspiro a que me den 1.860 euros, que es lo que parece que me corresponde. No. Tengo posibilidad de ser un factor productivo que tire del carro”. “Mi femenino interior lo puedo desarrollar y lo he desarrollado con emotividad, con ternura, con todo lo que hay dentro de mí”. “Posiblemente yo representara externamente al latin lover, pero, en realidad, era el buscador de una madre. ¡Por Dios, no puedo representar algo que voy buscando! No soy seductor de nada, nunca me he acercado a la mujer más que buscando comprensión y ternura. Seguramente hay otros señores que representan ese latin lover y que tienen la mirada del seductor. Yo solo tenía la apariencia”. “La gente no reconoce los momentos de confusión que atraviesa en la vida”. “Hay una realidad actoral y terapéutica, el teatro. El teatro me ha dado mucho más que el cine y la televisión. Los grandes personajes que he podido interpretar en los últimos años, incluido el último, El avaro, de Molière, y la responsabilidad no solo de ser el emisor artístico, sino el creador en producción del espectáculo, el invento de un sistema de trabajo, hace que cada día encuentre una realidad satisfactoria”.

También me ha gustado la entrevista de Antonio Lucas al director de fotografía Vittorio Storaro: “Nunca hay que dejar de ser un aprendiz”.

Moisés Naím nos hablaba hoy también de Cinco ideas que murieron en 2011. 1ª La tolerancia hacia la desigualdad (lo dice por Mohamed Bouzazi, el joven que se inmoló en Túnez). 2ª El respeto a los que mandan, saben o tienen (la legitimidad ha quedado dañada). 3ª La globalización de la intransigencia política (en EEUU, en la UE, en todas partes). 4ª El medio ambiente está en emergencia (la salud del planeta no está en la agenda de prioridades). 5ª Es mejor no tener bombas atómicas (véase Gadaffi o el norcoreano Kim Jong II).

Ojalá la desigualdad desparezca en 2011. En nuestro país, el 10% mejor situado gana 12 veces más que el peor pagado y el 21% de los hogares está bajo el umbral de la pobreza. Krugman, el Premio Nóbel, comenta que el 0’1% de los más ricos en EE UU han aumentado su renta un 400% entre 1979 y 2005 (la media es el 23%). La superélite económica son en un 43% ejecutivos de empresas, el 18% financieros y el 12% son abogados.

En este domingo tan frío en Madrid, mi gratitud para los participantes en el V Certamen de Monólogos del Club de la Comedia, que tan buen rato me han hecho pasar esta noche. Y mi cariño para mi buen amigo Juan Luis Galiardo, que es un fenómeno de la escena y de la vida.