Páginas vistas en total

sábado, 26 de noviembre de 2011

La felicidad, la "abuelidad", la melancolía

Para el programa de hoy de “Pensamiento Positivo” de Sergio Fernández, tenía previsto seleccionar cinco películas sobre la Felicidad y el Bienestar:

5. En busca de la felicidad (En search of Happyness), sobre la vida de Chris Gardner. El valor de la superación, la lástima de que el protagonista no cuente con su “red social”.

4. Patch Adams, con Robin Williams. La historia de un médico que revolucionó el trato con los pacientes a través del humor.

3. Srhek 4 Ever (la cuarta parte de Shrek): este entrañable ogro firma un contrato con Rapunzel que le impide tener lo que más quiere: el amor de su mujer y sus hijos.

2. Algo para recordar (Slepless in Seattle), con Meg Ryan y Tom Hanks. El insomne de Seattle, viudo, perdido, consigue enamorarse de nuevo gracias a la iniciativa de su hijo. La felicidad a través del amor romántico.

1. El príncipe de las mareas (The prince of tides), dirigida y protagonizada por Barbra Streisand, con Nick Nolte, a partir de una de las mejores novelas de todos los tiempos, de Pat Conroy. A partir del intento de suicidio de una famosa poeta, su psicoanalista logra ayudarla a través de los recuerdos de su hermano, un rudo sureño entrenador de fútbol americano.

Al final, no he participado en el programa, pero la selección ya estaba hecha. De las europeas, me quedaría con media docena de pelis: de Francia, Odette. Una comedia sobre la felicidad; de Italia, el primer Manuale d’Amore; de Alemania, Deliciosa Martha; de Gran Bretaña, Love actually y de España, No controles (con el impagable papel de Julián López como Juancarlitros) y El tiempo de la felicidad (con Verónica Forqué y María Adánez).

Mi agradecimiento a Marta, Carlos, Irene, Agustín y Luis, con quienes estuve conversando sobre películas de felicidad en la cena de anoche y me aportaron valiosas ideas.

De la prensa de hoy me quedo con la entrevista a Paolo Conte, que pronto estará en el Festival Internacional de Jazz de Barcelona. A pesar de que el jazz fue prohibido por Mussolini, su padre compraba clandestinamente partituras y las interpretaba con el piano de casa. “Como artista”, dice Paolo, “nunca me he dejado influir por la realidad; he mantenido la comodidad del sueño, de la fábula: el placer de contar algo sin dejarme atrapar por los problemas. Y así sigo. Como ciudadano puedo tener mis convicciones, pero no dejo que me afecten como artista”. “Vivimos malos tiempos porque no se respira un aire artístico y hay muy poca cosa nueva”. “La propia música pide una atmósfera”.

Almuerzo en casa de mis padres, peli de niños (El gato con botas, en 3D), con Zoe y sus primas, y he estado leyendo el nuevo libro de mi buen amigo Gabriel Masfurroll, Aprender a ser abuelo. Es su tercer libro, tras Aprender de los mejores (2005) y Cartas a Álex (2009). Gracias a su nieto Gaby, ha descubierto una nueva vida. Prólogos de Jorge Messi (padre del mejor jugador del mundo) y Màrius Carol. Dentro de unos años, me gustaría ser tan buen abuelo como lo es Gabriel Masfurroll. “Como con el faro, ves una lucecita lejana, muy lejana que te indica un punto de orientación”. GM le pide a José Antonio Marina que igual que ha creado una Universidad de Padres cree una Universidad de Abuelos. Me sumo a la propuesta. De hecho, un servidor le llama a Gabriel “el millor avi del mon”.

Hoy he dejado conscientemente que me embargara la melancolía, ese estado de ánimo tan propio del otoño de nuestras vidas. El cansancio de la semana (cinco comunidades autónomas en cinco días, sin volver al campamento base), el contraste entre el clima mediterráneo, el cantábrico y el del interior, el fin de año (ya tan próximo, como muestra la decoración navideña), esta situación que afecta a millones de desempleados y sus familias… Recuerdos y nostalgias. Canciones como “If you go away” de Barbra Streisand (versión en inglés del “Ne me quitte pas”, de Jacques Brel), “Gentle rain”, “Where do you start”, “A time for love”, “Make someone happy” o “For all we know”, todas de la genial artista neoyorkina (esta última. en la banda sonora de El príncipe de las mareas). www.youtube.com/watch?v=O9vSWLDHQ2E

La letra es la siguiente:

Sweetheart, tonight

Is growing old.

Sweethart, my love

Is still untold.

A kiss that is never tasted,

For ever and ever is wasted.

Is For all we know,

We may never meet again.

Before you go, make this moment sweet again.

We won't say good night until the last minute;

I will hold out my hand

And my heart, my heart will be in it .

For all we know

This may only be a dream;

We come and we go like a ripple on the stream.

So love me tonight, tomorrow was made for some.

Tomorrow may never come,

For all we know.

Tomorrow may never come,

For all we know.

El 12 de mayo de 2008, en este blog, escribía "Elogio de la melancolía", a propósito de un libro del profesor Eric Wilson, "Contra la felicidad". Frente a la felicidad "de centro comercial", la melancolía quijotesca que ha dado creaciones de Marsilio Ficino, William Blake, Beethoven, Melvile, Kyats, Schiller, Bruce Springsteen, John Lennon, Joni Mitchell, Goya, Van Gogh, Newton, Freud o Napoleón.

La buena educación señala que en público uno debe mostrarse sanamente positivo e inteligentemente optimista (ya estamos bastante hartos de agoreros y cenutrios en la vieja Europa); sin embargo, en privado, en la provisional soledad de un viaje en tren o en casa, a la caída de la tarde, la melancolía puede ser un sentimiento necesario para reordenar las piezas de nuestro cerebro y nuestro corazón.

2 comentarios:

pacocarreras dijo...

Espero que ese sentimiento a veces ciertamente necesario, se convierta además en efímero, a modo de "ajuste" de piezas en ambos motores tan necesarios para que pueda seguir emocionándose con todo lo que se apasiona.
Para alguien tan acostumbrado a ser agradecido con todo y todos los que pasan por su vida, sirva este comentario como agradecimiento a sus 1.552 días compartiendo tantos momentos de la manera más generosa.
Muchas gracias por seguir siendo "la referencia válida".
Un abrazo.

Juan Carlos Cubeiro dijo...

Muchas gracias, querido amigo.
No hay que temer a la melancolía, como bien sabes.
Es útil de vez en cuando.
Da gusto tener la amistad de un Caballero Legionario como tú, Paco.

Un fuerte abrazo,

Juan Carlos