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jueves, 15 de septiembre de 2011

Los creyentes

Reunión esta mañana con el Director General, la Directora de RR HH y la Directora de Formación y Desarrollo de la filial española de una gran multinacional europea, líder en su sector. Desde que la nueva dirección ha llegado a la empresa, ha conseguido darle la vuelta a la tortilla. El clima laboral ha mejorado considerablemente, los resultados ahora acompañan, tienen un trozo más grande de una tarta más pequeña (el sector está sufriendo la crisis considerablemente) y se han convertido en una de las mejores prácticas, si no la mejor, a nivel europeo. Da gusto hacer equipo con ellos y aprender juntos.

La buena noticia es que todas las investigaciones de los últimos 30 años, absolutamente todas, revelan que hay una conexión decisiva entre el liderazgo y el trabajo en equipo, el clima de alto rendimiento (satisfacción, desempeño y desarrollo), la mejora del servicio al cliente y los resultados alcanzados. La “mala” noticia (así, entre comillas), es que comportarse de un modo humanista o del convencional (tiránico, distante, taylorista, tóxico) depende de cada uno y esas creencias no son nada fáciles de cambiar.

Michael Gazzaniga (profesor de psicología de la Universidad de California en Santa Bárbara y autor de "El cerebro ético") es para mí el gran investigador de las creencias en el cerebro. Ha descubierto que residen en el hemisferio izquierdo (el de la “lógica”, el análisis, el lenguaje, lo secuencial) y que suelen estar muy arraigadas. Para él, a pesar de que se le muestren datos fehacientes en contrario de lo que antes creía, es más difícil de cambiar las creencias de un profesor universitario que las de un pastor protestante. Por ejemplo, la profesora Rosa Navarro ha demostrado la autoría de “El Lazarillo de Tormes” (fue Alfonso de Valdés, secretario de cartas latinas de Carlos V, quien escribió esta maravillosa obra); sin embargo, la mayor parte de los profesores de literatura siguen considerándolo “anónimo”, porque es lo que “aprendieron” en su día. “Antes se desintegra un átomo que un prejuicio”, escribió Albert Einstein.

Con quienes de verdad creen en el humanismo, incluso en estos momentos de gran incertidumbre da gusto trabajar, y sus empresas avanzan. Con los que mantienen el modelo mental de “jefe de toda la vida”, poco hay que hacer. No conviene tirar la toalla, pero es tood un ejercicio de humildad reconocer que uno no puede cambiar a nadie… si éste no quiere. Citando a Serrat, “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”.

Por sus declaraciones les conoceréis: “Cuando yo juego los árbitros no me protegen nunca. A unos les tratan fantástico, no los pueden tocar. A mí ya me pueden dar un palo y derribarme que nada. ¡No me lo explico!” “Me pitan porque soy guapo, rico y muy bueno” (Cristiano Ronaldo). “Nosotros aquí también somos muy guapos”. “Creía que Cristiano Ronaldo estaba hablando de mí” (Miguel Pallardó y Juanfran, capitanes del Levante UD). “Aquí sobran los pesimistas”. “El año de Benítez también se inició muy criticado y al final se ganó la liga”. “El entrenador es quien decide en cuanto al sistema y a los jugadores que utiliza. A Emery, estos años le ha ido bien, hemos entrado dos años seguidos en la Liga de Campeones. Si los resultados acompañan, veremos bien las rotaciones en el equipo, y si no, no” (David Albelda, capitán del Valencia CF).

Esta noche he estado cenando en un reservado con dos importantes profesionales del mundo del deporte. Han conseguido grandes éxitos deportivos y se sienten sanamente orgullosos de ello. Sus claves son el equipo, la información, las ideas, el pensamiento, “hacer piña”, aprender constantemente. Lo tienen claro y también a ellos les funciona.

Hemos hablado de lo divino y de lo humano, y también de entrenadores tiránicos que convierten su vestuario en una secta y que huyen hacia delante sin remisión. Con un poco de memoria, la trayectoria de éstos es clara y lleva al precipicio. Considerando punto a punto, tienen fama de ganadores.

Cuestión de creencias. Como dijo Stephen Covey, no es “Si no lo veo, no lo creo” sino “Si no lo creo, no lo veo”. Creer para ver.

Mi agradecimiento hoy a los creyentes en el talento de los demás. Son muchos más de los que nos pensamos.