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domingo, 11 de septiembre de 2011

Diez años después

Me he levantado este domingo a las 7.30 de la mañana (hora de México, 8.30 hora de Nueva York) para contemplar en televisión el Memorial del 11 de Septiembre diez años después. Minutos de silencio a las 8.46, a las 9.03, 9.36, 9.59, 10.03, 10.28 h. Discursos del alcalde Bloomberg, del presidente Obama (que ha citado el salmo 46: "Jehová de los ejércitos está con nosotros...No temeremos, aunque la tierra sea removida"), del ex presidente Bush (que ha citado a Lincoln) y los familiares recordando los nombres de las víctimas. Un día de dolor y de recuerdos.

2.983 vidas sesgadas en las Torres Gemelas (entre ellas, 343 bomberos), en Washington y en Pennsilvania. He tenido ocasión de visitar ‘la Gran Manzana’ antes del atentado terrorista (tengo una foto en el despacho desde allí) y después (un enorme vacío en silencio). Donde estaban ambos edificios hoy hay dos cascadas de agua en cuyas paredes se recogen los nombres de las víctimas. Entramos en el siglo XXI precisamente en esa fecha, en la que el terrorismo logró el propósito de implantar el terror en esta sociedad y algunos en Occidente se aprovecharon de ello, para limitar la libertad “en aras de la seguridad”.

Mi recuerdo hoy a William Rodriguez (www.william911.com), mi querido amigo/hermano superviviente en el 11S. De él he escrito en “Por qué necesitas un coach” como modelo de excelencia lo siguiente:

Los héroes están más cerca de lo que nos creemos.

Mi amigo William Rodríguez es un héroe nacional. Nacido en Puerto Rico en 1961, William llegó a Nueva York con la esperanza de mejorar su vida como ilusionista (es un mago muy bueno), pero no lo consiguió. Se pasó diez años limpiando la oficina del Gobernador de Nueva York y otro diez trabajó barriendo las escaleras de la Torre Norte (110 pisos) del World Trade Center.

El 11 de septiembre de 2001, William Rodríguez llegó media hora tarde y eso le salvó, porque solía desayunar a las 8 con sus amigos en lo alto del edificio. Estaba en los sótanos de la Torre Norte con su supervisor a eso de las 8.30 de la mañana cuando escucharon una fuerte explosión: el techo se derrumbó y comenzó a caer agua. Vio a un hombre gritando, con las manos extendidas, de las que colgaba su piel, arrancada desde las axilas hasta los dedos. William cogió unas toallas para envolverlo. Entonces sonó la segunda explosión, desde lo alto del propio edificio. Inicialmente, sacó a las 15 personas que estaban en esa oficina del “World Trade Center”. Como era la única persona del edificio con la llave maestra que abría las puertas que conectaban las escaleras con las plantas, lideró a los bomberos que permitieron salvar las vidas de cientos de personas (en el piso 33º había una señora paralizada; en el 39º, un parapléjico al que también salvó). Con gran riesgo para su vida, volvió a entrar en el edificio hasta tres veces después de la explosión del avión en la parte alta de la segunda torre, y se cree que fue la última persona en salir con vida del edficio. Se lanzó bajo un camión de bomberos, estuvo bajo los escombros durante cuatro horas y sobrevivió milagrosamente al colapso de la Torre Norte (justo después de que lo sacaran, los neumáticos del camión estallaron). Tras recibir atención médica en la misma zona cero, se quedó como voluntario el 11-S y los días siguientes. Perdió su trabajo, tuvo que vivir debajo de un puente durante meses, y se dedicó a defender los derechos de las víctimas: 2.274 emigrantes que no fueron contados porque no tenían papeles. Recaudó más de 120 millones de dólares para esas víctimas a las que las autoridades no hicieron caso. Desde Hollywood le ofrecieron hacer una película sobre su vida, pero declinó la invitación (“¿una gringada que me hubiera sacado de la calle, pero vendiendo mi alma?”). Como consecuencia de aquel atentado terrorista, conoció a su mujer, reportera, y tiene dos hijos. Actualmente es el Presidente de la Asociación Hispana de Víctimas del Terrorismo, la más importante del país. William Rodríguez es un gran conferenciante, un caso vivo de superación de las adversidades, con el que he tenido el privilegio de compartir reflexiones sobre la Valentía (por ejemplo, en el Salón Capital Humano), de cenar en Casa Lucio y de dialogar largo y tendido sobre la dignidad humana.

William Rodríguez pasó de agnóstico a creyente cuando le sacaron de los escombros. En sus palabras, aprendió “que ante las dificultades debes mantener tu visión de lo que es correcto, que la compasión humana es más duradera que la violencia, que ayudar a los demás te sana. Si me hubiera encerrado en mi dolor, ahora estaría recibiendo ayuda psicológica”. La empatía le surgió “de la desesperación. El que lavaba platos murió igual que el directivo, pero a una familia le daban tres millones de dólares de indemnización y a la familia del lavaplatos, 100.000 dólares. No era justo”.

En una ocasión, estando en Madrid para una conferencia conjunta, invité a William Rodríguez a una reunión en el Círculo de Bellas Artes en homenaje al difunto guionista Rafael Azcona. En un cóctel, estaba el Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, junto con su esposa Sonsoles. William me dijo: “Voy a saludar al Presidente”. Increíblemente, superó el control de seguridad (le dijo que era el último superviviente del 11-S y éste le creyó), y allí estábamos los cuatro solos hablando de terrorismo y de cómo prevenir esto en el futuro. Después William me dijo: “Con George W. Bush es algo más difícil”. Realmente es un tipo valiente, de convicciones profundas, que cree que “vive de prestado”.

La frase favorita de William Rodriguez es “Compassion is more lasting than violence". Sí, la bondad vence a la maldad en el ser humano. La historia de William Rodriguez puede verse en Youtube: www.youtube.com/watch?v=uQgEAEb4YKQ&feature=player_embedded#!

William sabe, y así se lo he escuchado, que hubo una explosión en la Torre Norte antes de que la impactara el avión. Puede escucharse en Russia Today: http://youtu.be/ck3VBAKxznw

Nos ha dicho (en Facebook, en tiempo real) que no entiende los aplausos que le han dado a Bush, porque el Presidente utilizó el atentado para su agenda política. Estoy plenamente de acuerdo.

He recordado personalmente este día (el 11 S de 2001 en el que además empecé a dejar de ser asalariado) viendo una estupenda película neoyorkina, una de mis favoritas de todos los tiempos: “El príncipe de las mareas”, dirigida por Barbra Streisand, basada en una maravillosa novela de Pat Conroy. Una preciosa historia de dolor y de esperanza, de diálogo y de coaching.

Y paseando, antes de que me hayan recogido para ir al aeropuerto Benito Juárez y volver a casa, por el Bosque de Chapultepec (la libertad que no nos han arrebatado) y el Museo de Antropología. Los mayas sabían, por sus conocimientos de astronomía, que en 2012 comienza efectivamente una nueva era.

Volar el 11 S diez años después, a través del Atlántico. Así son las cosas.

Mi cariño a William Rodríguez, a los familiares y amigos de las víctimas de 11 S.