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martes, 9 de agosto de 2011

Lo que nos "enseñan" los mercados

Emilio Ontiveros, Presidente de Analistas Financieros Internacionales, escribía antes de ayer un importante artículo, “Al pie de los mercados”. Se refería a la doble circunstancia, simultánea, de la degradación de la calidad crediticia del gobierno de EE UU y al ataque a la unión monetaria de Europa. “El análisis de ambos episodios no puede realizarse con instrumentos exclusivamente económicos. Es la política, la calidad de los Gobiernos y de las instituciones, la que, en mucha mayor medida que la política económica convencional, se encuentra hoy en juego”. Se trata, por tanto, de una Crisis de Liderazgo.

El desencuentro entre demócratas y republicanos en EE UU, la falta de uniformidad en la Eurozona (integración monetaria completa, integración económica y política parcial) son síntomas de ella. “Los mercados financieros penalizan la ausencia de autoridad central, la incapacidad de autoridad central, la incapacidad de hacer frente a problemas de suficiencia presupuestaria. No favorecen precisamente la ausencia de integración fiscal en una unión monetaria”. Porque “los inversores en los mercados de bonos cotizan adversamente el muy apreciable deterioro en la calidad y capacidad de los gobiernos nacionales y de las instituciones comunitarias”.

Decisiones precipitadas y falta de consenso entre gobierno y oposición (aquí, como en EE UU). ¿Qué puede hacerse? Ontiveros concluye: “Claro que las finanzas públicas de todas las economías de la eurozona deberán conducirse por la senda de la estabilidad. Pero la hora actual demanda respuestas políticas, de fortalecimiento institucional y de dinámica de integración europea, en primer lugar. Pero también de acuerdos de mínimos en el seno de los países. De lo contrario, los estados seguirán al pie de los mercados, independencia de quién ocupe los Gobiernos”.

Lúcido como siempre Emilio Ontiveros. Se está hablando mucho de datos, de información (prima de riesgo, caídas bursátiles) y poco de grandeza, de perspectiva, de liderazgo.

Estoy leyendo este verano varios libros sobre “historia reciente”: la primavera árabe, las profecías de 2012, China e India… Hoy he disfrutado con “El odio a Occidente”, del diplomático suizo Jean Ziegler. A sus 77 años, ha sido Relator Especial de la ONU para el Derecho a la Alimentación de 2001 a 2008; en la actualidad es miembro del Comité Consultivo del Consejo de Derechos Humanos de la ONU y profesor emérito de la Universidad de Ginebra. “El odio a Occidente” es un libro muy realista que pone los pelos de punta.

Inicialmente escrito en 2008, esta edición (de 2011) trata de la era Obama. “Esta victoria (la de Barack Obama) provocó en el mundo entero, pero sobre todo en el hemisferio sur, una viva esperanza. Esperanza en la actualidad desvanecida. “No existe ninguna diferencia entre las administraciones Obama y Bush”, ha declarado Tina Foster, abogada neoyorkina, que defiende a tres detenidos en la mayor cárcel militar del mundo (Bagram, Afganistán). “El punto débil de Obama son los derechos humanos” (The Washington Post).

En la primera parte de la obra, Ziegler analiza Los orígenes del odio: Define Occidente como un territorio (euroatlántico), como “los blancos”, como “la Cristiandad”. “Occidente se define especialmente por su modo de producción, el capitalismo” (Fernand Braudel). En 1955, en Bandung (Java) se reunieron los líderes de 27 países del Sur: 15 de Asia, 9 de Oriente Medio y 3 de África. Allí surgió el Movimiento de No Alienados. Se hundió en el olvido hasta que en 2006, en La Habana, vivió su reconstrucción. Hoy en la ONU 120 de los 192 estados miembros pertenecen al Movimiento. En el Consejo de Derechos Humanos, de 47 miembros hay 27 MNA.

Los dos “objetos del odio” son la trata de negros y las masacres coloniales. Más de 20 millones de hombres, mujeres y niños arrancados de África para sufrir como esclavos (la vida media eran 7 años). Atrocidades de franceses, ingleses y españoles, que consideraban a los nativos “subhumanos”. Como ejemplo de este odio, el fracaso de la cumbre de Durban contra el racismo en 2001, que organizaron Kofi Annan y Mary Robinson. Una semana más tarde, el atentado de las Torres Gemelas (11-S). Y como muestra de falta de sensibilidad, el primer viaje oficial de Sarkozy a África (2007) y su conferencia a los jóvenes del continente en la Universidad Cheikt-Anta-Diop: “El desafío de África consiste en entrar más en la historia”.

La Organización Mundial del Comercio prohíbe el dumping agrícola, y sin embargo la Unión Europea destina buena parte de su presupuesto a subvencionar productos agrícolas, que llegan a los mercados africanos mucho más baratos que los locales. Cada año, Bush subvencionaba a sus 6.000 productores de algodón con unos 5.000 M $. ¿El resultado? El algodón de EE UU llega a los mercados un 30-40% más barato que el africano. Países como Mali depende en un 85% de sus ingresos del algodón. La India (nº 127 en el Índice de Desarrollo Humano) y China (con unas 8.000 ejecuciones al año) son “oligarquías financieras” a la Occidental.

La “esquizofrenia de Occidente” (siempre según Ziegler) se manifiesta en los “Derechos Humanos” (que defiende en su interior, pero no en el exterior) y en la Democracia (con la que practica un doble lenguaje).

Y finalmente, el autor se centra en dos casos paradigmáticos: Nigeria y Bolivia. El país africano es independiente desde 1960 y una dictadura militar desde 1966. Es el 8º productor de petróleo del mundo (3% de las reservas del planeta) y está en manos de las grandes petroleras (de hecho, la guerra de Biafra fue un conflicto entre las angloholandesas y la francesa, con 2 M de muertos): “En el hemisferio sur, Occidente reina mediante la corrupción”. “El racismo occidental es el principal responsable de los infortunios de mi pueblo” (Wale Soyinka, premio Nóbel).

Respecto a Bolivia, en 2006 se convirtió en el primer presidente indio de América del Sur. Elegido por el 53’7% de los votos en la primera vuelta, en un país de 10 M de habitantes en el que el 60% de ellos se considera indio. Ha nacionalizado el petróleo, el gas y las minas para vencer a la miseria (la mitad de los niños menores de 10 años padece anemia; el 49% de los indios y el 24% de los mestizos vive de forma abyecta). Como aciertos, la sanidad y la atribución de la identidad; como fracasos, la ley de la tierra y la falta de ejecutivos adecuados en el gobierno. Evo Morales se enfrenta a Felipe Quispe, aymara de los Pachacuti (de gran oratoria; brutal y radical) y a los descendientes de los nazis y de los ustachis croatas (se llevaron más de 1.000 M $ de 1945) en Santa Cruz. La Nueva Constitución dice en su artículo 8: “El Estado asume como principio ético-moral: Ama ghella, ama llulla, ama suwa” (en aymara,“No seas perezoso, no seas mentiroso, no seas ladrón”).

Durante el primer trimestre de 2008, estallaron motines de hambre en 37 países del sur, de Egipto a Filipinas, de Bangladesh a Haití. Durante ese trimestre, el precio del arroz en los mercados mundiales subió un 59% y el del maíz, mijo y trigo un 61%. Se estima que más de un tercio de la subida es por los especuladores. “Ocho sociedades occidentales controlan en la actualidad la mayor parte del mercado mundial de los bienes alimentarios” (por ejemplo Cargill, desde Minneapolis, el 27% de los cereales: en el 1º trimestre de 2007, beneficios de 553 M $). Cada años mueren de hambre, agua contaminada y guerras civiles provocadas por la miseria el equivalente a los fallecidos en la II Guerra Mundial, que duró 6 años. Un tercio de la humanidad (2.200 millones de personas) sufre de desnutrición, falta de medicamentos y de agua potable. “El Sur ya no quiere un Occidente universal”. Ziegler concluye apelando a las famosas palabras de Bertrand Russell tras la tragedia de Hiroshima: “Os hablamos en tanto que seres humanos a otros seres humanos. ¡Acordaos de vuestra humanidad y olvidad el resto! Si fuerais capaces de actuar así, se abriría la vía para una nueva sociedad. Si no fuerais capaces, afrontaréis el riesgo de la muerte universal”.

Estamos en una encrucijada histórica. Mi agradecimiento a quienes nos abren los ojos sobre ello, como Emilio Ontiveros a nivel nacional o Jean Ziegler en el contexto internacional.