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sábado, 20 de agosto de 2011

La Vía Integradora

“Duelo a garrotazos” o “La riña”, de Francisco de Goya y Lucientes, es un cuadro de 261 cm por 125 cm que el genial aragonés pintó entre 1820 y 1823 y que pertenece a sus “Pinturas negras” (las pinturas murales que decoraron la “Quinta del Sordo”). Expuesto en el Museo del Prado, representa uno de esos duelos a muerte que todavía se permitían en su época. En un páramo desolado, enterrados hasta las rodillas, estos enfrentamientos de villanos tenían los garrotes como armas y carecían de protocolo (de reglas, de padrinos) a diferencia de los duelos de caballeros. Pintado en la época del trienio liberal (que terminó por el ajusticiamiento de Riego a manos de Fernando VII), muchos creemos que el cuadro representa el enfrentamiento de las Dos Españas en los dos últimos siglos.

Me ha vuelto a recordar el “Duelo a garrotazos” el mal llamado debate de esta noche en Telecinco. No suelo ver “La Noria”, pero reconozco que me he enganchado ante la posibilidad de escuchar distintas opiniones sobre la Jornada Mundial de la Juventud.

Desgraciadamente, lo que he contemplado ha sido un espectáculo lamentable. Excepto el presidente de la Asociación de Ateos y Librepensadores y el sacerdote P. Jesús Infiesta (personas mesuradas, dispuestas a ofrecer sus puntos de vista), los “contertulios” (periodistas pagados por la cadena que siempre mantienen posiciones extremas, porque es lo que debe “dar audiencia”) no han parado de vociferar, insultar, humillar, ridiculizar al otro mostrándose como “tolerantes” y llamando “intolerantes” a los del bando contrario. Se mantiene en el programa una lucha derecha-izquierda que creo ya no representa, no sólo a España, sino a ninguna sociedad europea. Un “duelo a garrotazos” muy triste, del que uno no puede sacar conclusión alguna.

Parece nuestro sino, y de ahí la guerra de la independencia, las guerras carlistas, la guerra civil… Unos contra otros, a garrotazos, en riña permanente. Estos días, el sacerdote Santiago Martín nos ha recordado en su blog que “Desde antiguo se ha dicho que en España la gente siempre va detrás de los curas, o con una vela para ensalzarlos o con una estaca para apalearlos” y ha admitido: “La mayoría, sin embargo, no está ni en un lado ni en otro. (...) Me refiero a los indiferentes, entre los cuales hay que incluir a casi todos los jóvenes. La religión, para ellos, es una cosa del pasado, que les molesta cuando los medios de comunicación les dicen que les debe molestar, pero a la que respetan siempre y cuando no se meta en sus vidas personales –lo cual sucede cuando la Iglesia afirma que es malo algo que ellos practican y que se ha convertido en socialmente admisible, como las relaciones sexuales sin control ético o el aborto.” Un 3% de los españoles van a misa diariamente.

Contamos con dos de los mejores equipos de fútbol del mundo y terminan cada uno de los clásicos (partidos preciosos, de alta intensidad, con mucho talento) con una vergonzosa tangana. La mejor Liga del mundo no comienza por conflictos de intereses. Se celebra un acto multitudinario en Madrid, y más que sentirnos orgullosos de su organización en nuestro país (independientemente de las ideas de cada uno) aprovechamos para mostrar el anticlericalismo o el fundamentalismo más groseros. Una lástima.

He estado leyendo La Vía para el futuro de la humanidad, del pensador francés Edgar Morin (París, 1921). Según Stéphane Hessel, es el texto que da respuestas a las demandas de los indignados. Nos habla de cambiar de vía, del occidentalocentrismo al mestizaje cultural, de la globalización salvaje (sin mecanismos de regulación) a un gobierno planetario (para resolver problemas globales) . Una metamorfosis que se deshaga de las alternativas (globalización/desglobalización, crecimiento/decrecimiento, desarrollo/involución, conservación/transformación) e integre, haciendo simbióticamente ambas cosas a la vez, con regeneración del pensamiento político, de la civilización (solidaridad, calidad de vida), de la democracia (representatividad, derechos, participación), de la demografía (flujos migratorios, explosión demográfica), de los pueblos indígenas, de la ecología (energías limpias), del agua (3.500 M de personas están en “estrés hídrico”, entre ellas el 80% de las BRIC), de la economía (plural, de proximidad, sin crecimiento indefinido), de la lucha contra la desigualdad y la pobreza, contra la burocratización y por la justicia, con reformas en el pensamiento, la educación, la medicina y salud, la ciudad y el hábitat, la agricultura, la alimentación y el consumo, el trabajo, la ética. Un libro de mucho interés, que nos invita a unificar e integrar (“Sparsa colligo”, Reúno lo disperso) para que este planeta pueda salir adelante.

Si seguimos disfrutando de “riñas a garrotazos” entre nosotros (entre partidos, patronal y sindicatos, aficionados del Barça y del Madrid, religiosos y anticlericales, nacionalistas y españolistas, etc), tenemos un futuro muy negro. En este barco, unidos o hundidos.