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viernes, 29 de julio de 2011

El patrón de los coaches

Hoy viernes, último día de la temporada 2010-2011, ha sido el santo de las Martas (felicidades a todas) y el cumpleaños de mi gran amigo Fernando Riaño, una de las mejores personas que conozco. Un muy fuere abrazo, Fernando.

No se me ocurre mejor cierre del ejercicio que trasladarme a Santo Domingo de Silos, uno de los sitios de mayor espiritualidad del planeta, para pasar el día con su alcalde, Emeterio Martín (hace 4 años votó en las municipales el 80% de los silenses y obtuvo el 90% de los votos; este año ningún otro partido quiso enfrentarse a él y por tanto le votó el 100% del 73% que acudió a las urnas; SDS es una de las pocas localidades, si no la única, con superávit presupuestario y desempleo cero), con Ginés Clemente, presidente y fundador de Aciturri, presidente del Instituto de Empresa Familiar de Castilla-León (uno de los mejores empresarios de nuestro país) y la coach experta en marketing y comercial y audaz aventurera Rosa de la Morena (excelente profesional y gran persona).

Hemos llegado a eso de la una a Silos, a tiempo para escuchar el gregoriano de las dos menos cuarto. En la plaza, otra agradable sorpresa: encontrarme a José Luis Relea, durante muchos años Director de RR HH de Altadis, que se acaba de jubilar. José Luis ha hecho una magnífica labor en la empresa, que ha tenido grandes presidentes como César Alierta, Pablo Isla o Antonio Vázquez. José Luis Relea es un humanista que ha vuelto a Silos. Me ha hecho muchísima ilusión compartir con él un tiempo y darle un fuerte abrazo.

El alcalde (“Eme”, para sus amigos) nos ha enseñado el ayuntamiento y en él el salón de plenos y el despacho, pleno de simbolismo. Nos ha gustado mucho el espacio de un servidor público que hace muy bien las cosas, que sirve a los demás y no se sirve de los demás.

Y después nos ha mostrado el hotel “Tres coronas” y hemos almorzado en su restaurante, el Asador Casa Emeterio, con capacidad para 90 comensales. Cecina y jamón, morcilla de Burgos, y un insuperable cordero. Como podemos leer en la página web del hotel: “Las montañas agrestes de esta comarca, (Valle del Tabladillo, flanqueado por las montañas de Mirandilla, Santa Barbara, Cervera y Valdosa), dan una vegetación propia, rica en tomillo, cantueso, espliego, sabinas, enebros, encinas, todo ello conforma unos pastizales únicos que enriquecen en sabor a los animales que tienen a bien pastar en este pequeño rincón de Castilla. Y con el buen hacer del asador y su experiencia, hacen que sea un manjar inolvidable.”

Y después visita al impresionante claustro de la abadía benedictina. El guía nos ha contado de forma muy didáctica cómo se fue construyendo a lo largo de los siglos XII, XIII y XIV, ha explicado capiteles y esculturas y recitado poemas de Rafael Alberti, Bernardo García Pintado y por supuesto el soneto “El ciprés de Silos” de Gerardo Diego:

Enhiesto surtidor de sombra y sueño


que acongojas el cielo con tu lanza.


Chorro que a las estrellas casi alcanza


devanado a sí mismo en loco empeño.

Mástil de soledad, prodigio isleño;


flecha de fe, saeta de esperanza.


Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,


peregrina al azar, mi alma sin dueño.

Cuando te vi, señero, dulce firme,


qué ansiedades sentí de diluirme


y ascender como tú, vuelto cristales,

como tú, negra torre de arduos filos,


ejemplo de delirios verticales,


mudo ciprés en el fervor de Silos.

Aquí, en este monasterio, se escribieron en el siglo X las “Glosas Silenses” (hoy conservadas en el Museo Británico) que junto con las Glosas Emilianeses (escritas en San Millán de la Cogolla) son los primeros textos en castellano. Aquí estuvo Gonzalo de Berceo, nuestro primer poeta conocido, que escribió la “Vida de Santo Domingo de Silos”.

Santo Domingo de Silos nació en el año 1000 en Cañas (La Rioja), entonces en el Reino de Navarra. Tras una breve experiencia eremítica, ingresó en San Millán de la Cogolla (también monasterio benedictino) a los 30 años. Dos años después el abad le nombró maestro de los jóvenes que se educaban en el Monasterio. “Por envidia o buena fe, se puso en tela de juicio su virtud y la objetividad de sus ideales. "Fácil es", decían, "obedecer cuando la obediencia trae consigo honores y cuando el trabajo se ve recompensado con el cariño y el agradecimiento. Confíesele una misión más dura y entonces veremos el verdadero valor de la obediencia". Fue entonces nombrado prior de Santa Mª de Cañas, que estaba en un estado lamentable, y lo hizo tan bien que fue propuesto en 1938 prior de San Millán de la Cogolla.

Reinaba Navarra y Rioja Don García, el hijo mayor del rey Sancho. En 1040, con las arcas reales exhaustas, se dirigió al monasterio exigiendo una fuerte suma. Domingo se negó y fue expulsado del reino. El rey Fernando de Castilla le dio protección y le propuso vivir en la corte, pero el abad prefirió dedicarse a la restauración de San Sebastián de Silos, en unas tierras cercanas a las del padre del Cid Campeador. Completó la iglesia, que llegó a ser una de las más bellas basílicas románicas de España, e inició el claustro, una de las cumbres de nuestro arte. Santo Domingo de Silos falleció el 20 de diciembre de 1073.

Se le llama “de las tres coronas”, tal como nos ha contado el Alcalde, por su capacidad liberadora (liberó cristiano del cautivo, y por ello se le representa con unas cadenas), de conseguir que tuvieron hijos las mujeres que hasta entonces no podían y como taumaturgo (consejero; “quien hace milagros y cosas maravillosas con el poder de Dios”, esto es, con el poder del Amor). Precisamente lo que hacen los buenos coaches: liberar el talento, utilizar la mayéutica (como una partera, que diría Sócrates) y hacer de espejo para lograr cosas imposibles. Por tanto, creo firmemente que Santo Domingo de Silos (que además fue un gran gestor, un creativo y fue capaz de mostrar independencia del poder) debe ser el patrón de los coaches, y su fiesta, el 20 de diciembre, la nuestra.

En la tienda de la abadía, he comprado su primer CD de gregoriano (ha vendido 25 millones de copias, y estuvo tres meses en lo más alto de las listas en EE UU), una “Vida y milagros de Santo Domingo de Silos” y el último libro del poeta Bernardo García Pintado (el entrañable padre Bernardo, al que hemos conocido hoy), “El río del misterio”. De este poemario, que incluye un CD, elijo “La luz de tus luceros”:

¿Cómo dejar de quererte

sin caer en el vacío,

en el amargo lago

de la tristeza

y en el sótano oscuro de la angustia?

¿Cómo dejar de quererte

sin boquear en la agonía

como pez fuera del agua?

Revolotea insistente

la mariposa del beso

que tatuaste en mis entrañas,

para calentar su pecho

en la brasa que ilumina

los pasos de mi sendero.

Ya te he visto pasar ante mis ojos,

ya he sentido la luz de tus luceros.

Hemos vuelto de Silos “reseteados”, como dirían ahora los jóvenes. Llenos de energía, de paz, de alegría. Santo Domingo de Silos es un gran centro de valores positivos.

Mi profundo agradecimiento a Emeterio, a Ginés, a Rosa, al padre Bernardo, al guía del claustro, a José Luis… que nos han hecho pasar un gran día.