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domingo, 5 de junio de 2011

La Copa de los Mosqueteros

He disfrutado mucho de la final de Roland Garros, Nadal-Federer, esta tarde. 3 horas y 40 minutos del mejor tenis. Al final, y por sexto año en las últimas siete ediciones, nuestro Rafa se ha impuesto a su amigo Roger, el mejor jugador de la historia, y ha conquistado La Copa de los Mosqueteros. El deporte español sigue siendo nuestra mejor noticia. Ayer, La Roja ganó 0-4 en Boston a EE UU. Maravilloso.

Esta mañana he visto Sin identidad, la película que ha hecho en Hollywood Jaume Collet-Serra. Filmaffinity la resume así: "Mientras se encuentra con su mujer de visita en Berlín, el doctor Martin Harris (Liam Neeson) sufre un accidente de tráfico y entra en un prolongado estado de coma. Cuando se despierta, comprueba alarmado que alguien ha usurpado su personalidad. Entonces emprenderá, con la ayuda de una mujer (Diane Kruger), una frenética investigación para averiguar la verdad de lo que está sucediendo". Un estupendo thriller, con grandes interpretaciones de los veteranos Bruno Ganz y Frank Langella. Liam Neeson y Diane Kruger llevan la peli con solvencia. Lástima que la crítica no se haya portado bien con ella y la haya tachado de previsible. A mí, francamente, no me lo ha parecido.

He estado leyendo la versión en castellano de “El gran Reset”, el último libro de mi admirado Richard Florida. He tenido la fortuna de enseñar a Richard y a su esposa Rana la ciudad de Valencia y de compartir horas en Madrid. El libro, que en su día me recomendó mi amigo Miguel Ángel, me ha encantado. Un reset, según el Webster, es “volver a empezar desde el principio o de otro modo”. Richard cita al CEO de General Electric, Jeffrey Imelt: “Esta crisis económica no forma parte de un ciclo. Es un reset. Es un reset económico, social y emocional. Quien lo entienda, prosperará. Y el que no, se quedará atrás”. En el pasado, la gran depresión de 1873 y la de 1929. Ambas sirvieron para reinventar el mundo, con el urbanismo como innovación (antes de 1920, casi la mitad de EE UU vivía en zonas rurales; en 1940, dos tercios vivían en ciudades). Se debe abandonar la era del consumo insostenible, la “sociedad de la propiedad” (con W. Bush, 7 de cada diez estadounidenses tenían vivienda propia).

En la segunda parte, Richard Florida redibuja el mapa económico de las grandes ciudades: Nueva York seguirá siendo una gran metrópoli, por su diversidad; Shanghai y Hong Kong tendrán que resolver varios problemas; las grandes ciudades gubernamentales, como Washington D. F., son grandes imanes para el talento; las grandes ciudades industriales, como Detroit, sufren pero pueden reinventarse; Toronto es la gran capital de la diversidad y no ha tenido los excesos previos a la crisis; el “Sunbelt” (Phoenix, Florida, Las Vegas) vive su ocaso…

Y en la tercera parte, Un nuevo modo de vida, el autor nos habla de la Economía del Reset: ¿Podemos permitirnos que la tercera parte de nuestros mejores cerebros se dediquen al sector financiero? En Harvard, cada vez se dedican más a la educación y a la salud. Cuando se les pregunta que elegirían si no fuera por el dinero, responden que el arte (16%), el sector público (12’5%) y la educación (12%). El 5%, finanzas y consultoría. Hemos de “fabricar buenos trabajos” y cambiar las prioridades de consumo.

Florida habla de las “externalidades de capital humano” de Robert Lucas y del AVE (menciona a España como potencia en este apartado).

Richard concluye: “Dejemos de tratar los síntomas. Dejemos de confundir la nostalgia con la tenacidad. Ha llegado la hora de que, en tanto que personas, que gobiernos y que sociedad, centremos nuestros esfuerzos en colocar las piezas necesarias para alcanzar un futuro próspero y vibrante”. Un gran libro este de El Gran Reset. Importante para esta nueva época.


Mi agradecimiento hoy a Roger Domingo (es su cumpleaños), a Jaume Collet-Serra, a Richard Florida y a los gurús que han estado por aquí esta semana: Daniel Goleman y Gary Hamel. Con ellos he pasado muy buenos momentos.

1 comentario:

Los duelistas (videoblog de libros) dijo...

A mi Liam Neeson me da pereza. Tiene un gesto que parece que va a echar a llorar casi constantemente. No se yo