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jueves, 30 de junio de 2011

De los "indignados" a los comprometidos del CSCE

José Ignacio Wert, uno de los sociólogos que más admiro, ha publicado hoy "Descifrando la indignación", que es el artículo siguiente:

"Eliminación de privilegios de la clase política y mayor participación ciudadana, colectivismo frente al liberalismo y la socialdemocracia. ¿Cómo van a canalizar políticamente esas propuestas? ¿Sin partidos?

De las toneladas de tinta real o virtual que llevamos gastadas en la indignación y su entorno, la mayor parte es perfectamente irrelevante en términos de su contribución a desentrañar el fenómeno. Y es preciso reconocer que, en esto como en otras cosas, los indignados han ganado una batalla decisiva, la de imponer el marco (frame) en el terreno que más les favorece.

La batalla semántica en la que los indignados se han impuesto por goleada tiene una cuádruple dimensión. La primera es la de centrar el punto de vista en su razón de ser, la indignación. ¿Hay algo más natural que indignarse con el curso de las cosas? ¿Quién no está indignado? La segunda, poner el acento en lo que no son. No son políticos ni son sindicalistas, dos categorías profesionales denostadas, que viven sus horas más bajas en el aprecio popular. La tercera, llamar la atención sobre lo que no quieren: no quieren recortes sociales, no quieren que la crisis la paguen quienes no son responsables de ella, no quieren políticos corruptos, ni privilegiados, ni encastados. El cuarto pilar es el método: la protesta pacífica, no son violentos. Ciertamente, este último se tambaleó con los incidentes de Barcelona del 15-J, pero el mayor control de las formas en las diversas manifestaciones del 19-J parece haberlo reconstruido en parte, al menos en la opinión publicada.

De todas esas victorias semánticas surge un relato simple (los indignados tienen razón) que explica la simpatía mayoritaria que las encuestas (entre ellas, la de Metroscopia para este diario) reflejan.

Ahora bien, la imposición de ese marco no nos dispensa de hacernos las preguntas relevantes para analizar ese movimiento, dimensionar su importancia, y argumentar una posición respecto a él. Y es en este programa donde ha prevalecido la irrelevancia: la falta de respuesta interpretativa del movimiento es, sobre todo, consecuencia de no formular esas preguntas relevantes. No se trata de quiénes no son, sino de quiénes son. No se trata de qué no quieren, sino de qué quieren. No se trata de cómo dicen que aspiran a conseguirlo, sino de qué hacen de verdad.

Respecto a lo primero, la identidad del movimiento, los esfuerzos por buscar la mano que mece la cuna han oscurecido más que aclarado la cuestión. Por supuesto que un movimiento como este que se pretende -y en buena medida lo es- espontáneo y carente de un sujeto vertebrador visible convoca gentes muy diversas y, con seguridad, la mayoría de muy buena fe y provista de las mejores intenciones. Pero es preciso ir más allá. Y en ese más allá, habrá que atender a las fuentes de las que beben o lo que hasta ahora han producido los indignados.

Las fuentes de inspiración de los Manifiestos son inequívocas. En el campo ideológico-moral, la autoridad la provee Stéphane Hessel, el nonagenario miembro de la Resistencia, cuyo panfleto (¡Indignaos!, Destino, 2010) es no solo el pelotazo editorial de este año y el pasado, sino la munición intelectual más importante del movimiento. Pues bien, el inmenso respeto que el autor, por su experiencia, su biografía y su compromiso sin duda merece, no debe ser óbice para decir que las 30 páginas del documento son el fruto de un malentendido profundamente falso e injusto, basado en la identificación del actual statu quo en los países democráticos con el fascismo y hasta el nazismo. De semejante diagnóstico surge el imperativo categórico de la indignación que, por otra parte, el autor parece considerar como un fin en sí misma, puesto que apenas se proponen alternativas al actual estado de cosas. Esto para no mencionar algunos deslices como la comprensión hacia el terrorismo de Hamás.

A su vez, las referencias de autoridad en el campo económico son todas ellas del mismo palo (ATTAC, Economía Crítica, Taifa), el de la izquierda colectivista, opuesta radicalmente no ya al liberalismo, sino también a la socialdemocracia traidora y vendida al capital.

Bajo tal inspiración, puede imaginarse el resultado, y con ello entramos en lo que se propone. En el campo político, un catálogo de generalidades -astuto, es preciso admitirlo- en busca del mínimo denominador común de la indignación ciudadana: listas abiertas, reforma electoral para dar más representatividad, fin de los privilegios de los políticos, fuera los imputados por corrupción… y, ya puestos, un referéndum sobre la forma de Estado y alguna cosilla por añadidura. Partiendo de una supuesta verdad apodíctica, los políticos y los partidos son corruptos e ineficaces, la democracia representativa no nos representa, ha prevalecido la impresión de que proponen soluciones de sentido común.

No hay tal. Es evidente que el funcionamiento de la política en España deja mucho que desear en muchas facetas. Pero de ahí a sostener que los políticos son una casta corrupta, que la democracia española no es representativa, incluso que los políticos son unos privilegiados hay un mundo. Ni las listas abiertas tienen las virtudes que ingenuamente les atribuye la gente (y desde luego son muy manipulables en sentido populista), ni es cierto que el sistema electoral no sea representativo (ningún partido o coalición con más del 0,2% de los votos se quedó en 2008 fuera del Parlamento), ni la Monarquía es el problema. Pero, sobre todo, lo más importante es averiguar cuál es el contrafactual que los indignados sugieren. ¿Qué es la democracia real para los indignados? Las propuestas políticas (www.democraciarealya.es) se concretan en dos epígrafes, la eliminación de los privilegios de la clase política y las propuestas sobre libertades ciudadanas y participación política. La eliminación de privilegios viene a proponer una especie de sovietización de los representantes públicos, que debieran recibir solo el salario medio español (¿el concejal de un pequeño municipio lo mismo que el presidente del Gobierno?). Entre las libertades ciudadanas hay una verdaderamente notable: “que el voto blanco y el nulo tengan también su representación en el legislativo” (por cierto, esta reivindicación, de la que lo más suave que cabe decir es que se trata de un oxímoron grotesco, me la planteó un indignado con corbata en las recientes Jornadas de Sitges del Círculo de Economía y pensé que me estaba vacilando. Le pido, aunque sea tarde, disculpas, entonces no había leído aún esta portentosa propuesta).

En el campo económico y social, además de las propuestas genéricas, los indignados se han posicionado en un extenso documento (41 páginas) contra el Pacto del Euro. El nivel de desconocimiento de los datos que revela es pavoroso. Hay disparates del calibre de sostener que el gasto sanitario en España es del 0,4% del PIB. Pero, a la hora de proponer, lo único que proponen es que no se acepte el Pacto del Euro, que se rechace cualquier recorte, que se nacionalice la banca y que se aumenten los impuestos. O sea, lisa y llanamente que vayamos, eso sí, orgullosos como Rodríguez Saá en Argentina hace 10 años, al default.

Esto es lo que hay. Izquierdismo revolucionario, poco elaborado y menos realizable. Ausencia total de propuestas viables. Populismo, demagogia y explotación de los sentimientos antipolíticos, sustituyéndolos por no se sabe muy bien qué modalidades de democracia directa. O, a lo peor, sí que se sabe. Que se lo pregunten a Alberto Ruiz-Gallardón, a Rita Barberá, a Montserrat Tura o a Gerard Figueras, el diputado convergente al que hemos visto gritar “auxili” para escarnio no suyo, sino de todos. Pero la cuestión metodológica va más allá de la crítica a la violencia practicada. Demos por buena su condición minoritaria y el arrepentimiento espontáneo. Subsiste el problema de que sabemos que ocupan plazas, discuten manifiestos y toman la calle. Vale. Pero ¿cómo se van a canalizar políticamente esas propuestas? ¿Sin partidos? ¿Con un partido de indignados? No lo sabemos ni nos lo dicen. Hic sunt leones. No vaya a ser que, con el agua sucia, tiremos al niño por el desagüe. Porque el niño, la democracia, ya no es tan niño. Nos ha costado más de 30 años criarlo y no es cosa de que nos lo desgracien…”

Efectivamente, una cosa es la indignación (fruto, como escribí en su día en este blog, de mantener la dignidad en estos tiempos de piratas) y otra es comprometerse con un proyecto personal y colectivo. Esta tarde, de 4.30 a 9.30 h, hemos tenido la última clase del primer Curso Superior de Coaching Estratégico en Fundesem (Alicante). Hemos trabajado “Ciencia, Arte y Ética del Coaching”. El Coaching como proceso de acompañamiento ligado a ciencias como la Psicología positiva, las Neurociencias y la Economía conductual. El Coaching como arte (“un don personal que transforma al receptor”, según Zygmunt Bauman) y como ética (la confidencialidad, la integridad del coach, no “jugar a ser Dioses”, como ha dicho Liliana Brando de Palazzo, sino actuar desde la libertad del pupilo a elegir su vida y su destino), desde el Código de buenas prácticas de AECOP. Hemos revisado nuestra “caja de herramientas”, semilla de un gran trabajo, práctico y generoso, que pronto realizarán los miembros del Club de Coaching de Alicante (gracias, Irene, por tan fantástica idea).

La última hora y cuarto la hemos dedicado a entregar los diplomas en una ceremonia mágica. Cada uno de los integrantes del Curso tenían que leer una frase inspiradora, pero han ido mucho más allá. Hemos introducido a la persona, se ha hecho una semblanza (palabras espontáneas que la definen) y ha tomado la palabra, de forma que las emociones han emergido con fluidez.

Mª Ángeles Alcaraz Albero nos ha leído el cuento “El buscador” de Jorge Bucay y nos ha regalado a cada uno una libreta donde apuntar, como en el cuento, nuestras vivencias reales. Laura Batllés Tomás nos ha hecho compartir reflexiones e ilusiones. Liliana Brando de Palazzo nos ha leído un precioso texto suyo sobre el cambio y estar juntos. Paco Carreras López, caballero legionario, nos ha mostrado su certificado como tal y ha compartido el lema de la Legión con nosotros. Mª Cristina Fernández Navarro, desde su alegría, sabiduría y fina ironía, nos ha hecho vivir un gran momento. Valérie Mira Giménez nos ha relanzado las ganas de vivir. Araceli Mira Rodríguez nos ha relatado por qué “se había apuntado a esto” y nos ha animado y fortalecido. Talar Noore Mumtaz, originaria del norte de Irak y ya española para siempre, se vuelve a su país para ayudar a su desarrollo y siempre estará con nosotros. Mª José Orts Soto, que se recupera con una alegría inmensa de un serio accidente de moto, nos ha contagiado positivamente con su sonrisa. Sergio Revelles Maestra ha abierto su corazón de una forma valiente y generosa (siempre estarás en el nuestro). Ángela Rodríguez González, emprendedora y siempre sanamente crítica, nos ha hecho compartir un gran momento de aprendizaje. Laura Sánchez Menasanch, elegante y alegre, nos ha provocado reflexiones profundas. Isabel Sancho Carbonell, que hoy cumplía años (ha traído una deliciosa tarta de chocolate), nos ha regalado a cada uno un corazón de papel que se despliega y una preciosa frase (la de un servidor es de mi querido Leonardo da Vinci, como no podía ser de otra manera: “Si una persona es perseverante, aunque sea dura de entendimiento, se hará inteligente; y aunque sea débil se transformará en fuerte”). Edna Soler Díaz, una "madre coraje" como la copa de un pino, ha utilizado frases de Yoda (“no lo intentes; hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes”) y del poema Invictus. Isabel Verdejo Lázaro, con una alegría desbordante, también se ha referido a ese poema victoriano: “Soy el capitán de mi alma; soy el dueño de mi destino”. Nos ha faltado Rebeca Soler Cejudo, que lamentablemente hoy no ha podido venir y que ha aportado mucho al curso, y por supuesto José Gabriel Ferrer Curiel, nuestro Gaby, ese padrazo y excelente profesional (excelente anfitrión en la cena de gala de anoche), que servirá de puente para el segundo Curso Superior de Coaching Estratégico.

“El fin ha llegado” dice el cartel del último Harry Potter, que se estrena el 15 de julio. No para los integrantes de este CSCE. El próximo 19 se reunirán de nuevo, tienen “deberes” juntos y saben que lo mejor está por llegar. Es, simplemente, el fin del principio.

Mi admiración, mi entusiasmo y mi cariño para estos seres humanos tan comprometidos. Personas como vosotras y vosotros sois el faro para un mundo mejor. Vuestro compromiso es un regalo para la humanidad y hará que ésta siga saliendo adelante, por difíciles que sean los obstáculos. "Todo está preparado cuando nuestro espíritu lo está" (W. Shakespeare).

5 comentarios:

Pepe Cadena dijo...

Creo que nadie ni ninguna clase política debería tener ningún privilegio de ningún tipo , algo así pasaba en las oficinas centrales de viagra online en América

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