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viernes, 17 de junio de 2011

Cómo recuperar la Ilusión

Vuelo a las 8.45 entre Bilbao y A Coruña. En el aeropuerto de Alvedro me estaba esperando mi buen amigo Enrique Ulloa, que dirige IDEO, Atelier y Agrotec. Enrique es uno de los mejores directivos de Galicia y de toda España, prestigioso profesor de la Escuela de Negocios NovaCaixaGalicia y un experimentado ejecutivo con más de 30 años de experiencia.

Esta mañana he tenido la fortuna de participar en la asamblea de AGAFAC (la Asociación Gallega de Fabricantes de Alimentos Compuestos, en la que está representada más del 85% del sector) y les he hablado de “Cómo recuperar la ilusión”. Para ello, hemos de definir bien la ilusión (que suele confundirse con el optimismo o, peor aún, con la euforia) y elaborar una estrategia para alimentarla, porque las personas sin ilusión están muertas en vida y por difíciles que estén las cosas, es de lo último que deberíamos perder (aunque suele ocurrir: más del 80% de las personas que tienen trabajo en un país como el nuestro con más de 5 millones de desempleados no le pone ilusión a lo que hace).

En esta nueva era (conceptual, conductual y de cultura del regalo), la ilusión es un combustible único, porque influye decisivamente sobre la Confianza, la Excelencia, la Innovación y el Talento, que son los ganadores de esta Crisis. He hablado de la génesis de la versión positiva de la Ilusión (José de Espronceda, 1840), de su definición como “víspera del gozo” (Pedro Salinas) y de que el verbo de la ilusión, como nos enseñó el maestro Julián Marías, es “desvivirse”. Vivimos porque nos desvivimos. Y finalmente he conectado la Ilusión con las investigaciones científicas de Sonja Lyubomirsky: la felicidad no se busca, se crea. Y sólo un 10% de ella depende de las circunstancias externas (la riqueza, la amistad, etc).

Siete claves para recuperar la Ilusión:

1. El reto: Sin proyecto sólo hay miserias. Hemos de generar un Reto, un proyecto ilusionante, para fluir (elevar nuestras capacidades a través del compromiso para igualar ese reto). El Quijotismo es combinar Sueños con acciones para alcanzarlos.

2. Evitar los dos grandes limitantes de la Ilusión: El sobrepensamiento (“overthinking”) y la comparación social. El 90% de lo que hacemos (sobre todo, liderar al equipo) es emocional más allá de lo emocional. “Pueden porque creen que pueden” (Virgilio).

3. La gratitud, el mejor antidepresivo, la madre de todas las virtudes. La clave de una vida feliz.

4. Saborear las alegrías de la vida y buscar la motivación en nosotros mismos (Autonomía, Maestría y Propósito, en palabras de Daniel Pink) y no con “el palo y la zanahoria”.

5. Lograr el impacto social a través de la Amabilidad. “La verdadera felicidad consiste en hacer felices a los demás” (Dalai Lama). He hablado del “índice Gottman” en las relaciones de pareja y laborales, así como de las investigaciones de Daniel Kahnemann sobre la generación de emociones en los demás.

6. El Optimismo inteligente, como estilo explicativo de la realidad, como autoestima, como esperanza en el futuro. “Dejemos el pesimismo para tiempos mejores” (José Antonio Marina). No confundamos el sano optimismo (que “coge el toro por los cuernos”, con la ingenuidad o candidez, con la euforia propia de las burbujas económicas.

7. Activar las cuatro energías: la física, la emocional, la mental y la espiritual (o de valores). Generan poderosas sinergias.

Y por supuesto me he referido al Talento como “poner en valor…”, como “inteligencia triunfante” (JAM), como Capacidad por Compromiso en el Contexto adecuado (Cultura, Clima, Compensación y Cooperación).

Es la primera vez que en un Encuentro de AGAFAC se habla de estos intangibles de gestión de enorme valor. Me alegro mucho de ello. Y agradezco al Presidente de AGAFAC, Ramón Collazo; a Bruno, también de la Asociación, que me ha presentado muy amablemente y a todos los integrantes de AGAFAC su atención y su interés.

Después he comido con mis amigos Enrique y Jorge en La Panela, en la Plaza de María Pita. Una tortilla, un pulpo a feira y una merluza como sólo se pueden comer en muy pocos sitios.

Ilusión. Me ha gustado la entrevista al gran pintor Antonio López con motivo de su exposición en el Thyssen (he tenido la fortuna de compartir curso de verano en la UIMP, “Las artes y los creadores de tendencias”, con este manchego universal). Ángeles García escribe hoy en El País: “El paso del tiempo, sí, el mismo tiempo que lleva décadas empeñado en detener con sus pinceles, sienta bien a Antonio López. Luce a sus 75 años una mirada tan viva como fresca. Como si envejeciese conservada en el formol de la pasión por la luz y el detalle. También retiene su legendaria minuciosidad. La misma que ayer sacó a pasear por las salas del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. Se acercaba por primera vez a supervisar el montaje de la más ambiciosa retrospectiva nunca dedicada a su obra. La muestra está comisariada por su hija María y el conservador jefe del museo, Guillermo Solana. López se movía en un bosque de cajas de madera y obras cuidadosamente apoyadas en las paredes. Esperaban pacientemente su destino vertical. Y al artista, que parecía dialogar con paciencia con cada una de las 130 piezas de la exposición”.

Una frase genial del artista de Tomelloso: “"Soy más libre que cuando era joven. Me ha costado mucho llegar a algo parecido a la estima por la vida y por mí mismo. El camino ha sido complicado. Hacerme a mí mismo ha sido doloroso". Así es la forja del talento, de hacerse uno mismo.

El próximo 28 de junio se abre una maravillosa muestra de las obras de Antonio López, que estará dividida en dos espacios: “en uno predomina un orden estético con obras esenciales que son mis amores y mi sustento. En el otro confluyen paisajes urbanos, frutales, retratos...”, explica él mismo. ¿La exposición como autorretrato? “En la pintura o en los dibujos vas dejando una sustancia que es lo más íntimo de tu ser. Decirlo da apuro, pero no puede ser otra cosa”.

Y una reflexión final de Antonio López: “El hombre va a tener que encontrar una solución que no tenga que ver con bonitas palabras como bondad y generosidad y sí con el sentido común. La cosa se va a poner seria. Habría que escuchar a los hombres de ciencia más que a los banqueros. Así debe de ser por el bien de todos. También hay que hacer una llamada a encontrar el placer en las cosas básicas y renunciar a lo innecesario. La sociedad respondería a ese mensaje. En una especie de acto de justicia misterioso. Esta gran equivocación va a afectar también a los poderosos. O nos salvamos todos, o nos vamos todos al traste”.

Siempre me quedaré desayunando con él en el Palacio de la Magdalena, con el enorme cariño que le profesan todas las personas que trabajan en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Será porque a sus 75 años sigue generando ilusión en los demás.