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sábado, 14 de mayo de 2011

For all we know


Hoy sábado he tenido el honor de trabajar en la capital hispalense con unos 25 directivos de Supermercados MAS, una empresa admirable que lo está haciendo francamente bien en estos momentos difíciles y que está apostando por la formación y el desarrollo como pocas. Una organización ganadora, que apuesta por el talento, la calidad de servicio y la innovación.

En el AVE a Sevilla de las 7.30 h de la mañana he estado escuchando “Mon coeur s’ouvre a ta voix” (de la Ópera “Sansón & Dalila”), “The Eye of the Tiger” (un tema muy energético) y “For All we know”, de la película “El príncipe de las mareas”, una de mis favoritas (www.youtube.com/watch?v=dqhMVgkMYEY), de la que se cumplen 20 años.

La letra dice lo siguiente:

Sweetheart, tonight

Is growing old;

Sweetheart, my love

Is still untold.

A kiss that is never tasted,

For ever and ever is wasted.

For all we know

we may never meet again.

Before you go

make this moment sweet again.

We won't say "Good night"

until the last minute;

I'll hold out my hand

and my heart will be in it.

For all we know

this may only be a dream;

We come and go

like a ripple on a stream.

So love me tonight;

tomorrow was made for some.

Tomorrow may never come

for all we know.

So love me tonight;

tomorrow was made for some.

Tomorrow may never come

for all we know.

Se trata de una canción de 1934, versionada por muchos artistas, desde Joan Baez y Bette Midler hasta Barbra Streisand (como ha sido presentada alguna vez, “a lady with a glorious talent”; es mi versión favorita). No confundir con otra preciosa canción del mismo título de 1970 que popularizaron Los Carpenters (www.youtube.com/watch?v=exhiNToY3eI)

Mi amiga Susanna Griso me ha mandado un SMS comentando que Joan Golobart, un estupendo periodista de La Vanguardia, nos citaba a Leonor Gallardo y a un servidor (“Mourinho versus Guardiola”) en su artículo “Mucho de mucho, ¿por qué?”, que es el siguiente:

La respuesta de Guardiola al finalizar el partido contra el Levante pudo sorprender. El técnico azulgrana optaba por liberar a sus jugadores, para celebrar con máxima intensidad la consecución del título de Liga. Algunos podíamos pensar que era lo más adecuado. Otros, que entrar en este tipo de euforias puede ser contraproducente de cara a la final de la Champions. Más de uno no habrá olvidado todavía la final de Atenas, donde un Barcelona embargado por las celebraciones sucumbió estrepitosamente frente al Milan de Capello.

Guardiola nos ha vuelto a dar una lección inmensa de liderazgo. Me gustaría saber si Pep racionaliza sus decisiones o si surgen de una aptitud natural. Tengo la necesidad humana de pensar esto último, porque si no deberemos asumir que este hombre no es normal. Como muy bien explican Juan Carlos Cubeiro y Leonor Gallardo en su libro Mourinho versus Guardiola, de la editorial Alienta, la estabilidad emocional se sustenta en la mayoría de las ocasiones en las relaciones que establecemos con los demás. La alegría y la cordialidad se transmiten más rápidamente que la irritabilidad y la depresión, hasta el punto en que el estado de ánimo determina el 50% de la eficacia laboral. Cubeiro y Gallardo rematan su análisis con esta afirmación: "Los líderes emocionales se convierten en atractores límbicos que ejercen una gran influencia sobre el cerebro de sus seguidores".

Pep sabe que llega a una final con un equipo muy desgastado. Tiene un gran sostén en el estilo de juego, en la calidad de sus jugadores y en su estrategia. Pero ante todo sabe que una final se decide por detalles, y para que esos detalles se decanten a favor del Barcelona debe jugar con la ilusión. Y esa ilusión que deberá inundar el estadio de Wembley no es solamente la de sus jugadores, sino la de todos los aficionados azulgrana. De manera muy inteligente, al ser eliminados la temporada pasada frente al Inter, entró en complicidad con sus aficionados y en un acto de gran humildad, pero a su vez de autoestima, les dijo: "Os debemos una".


El ambiente culé está fatigado y casi diría que tanto como ilusionado. Pero tres años de respuesta titánica, sumado al estrés de los enfrentamientos frente al Madrid, han pasado factura. Por lo tanto podríamos aseverar sin equivocarnos que Pep esta fatigado como lo están sus jugadores, el aficionado y el entorno. Guardiola, como gran líder, ha decidido intervenir como lo hizo en esa memorable rueda de prensa en Madrid en la víspera de la semifinal de Champions. Y esta vez recurre a establecer una celebración a todo trapo, con la ventaja de que sus secuelas negativas, que existen, quedarán diluidas gracias al margen de tiempo que existe entre el día de ayer y la final del próximo 28 de mayo.

Quiere que el mundo culé este interconectado y que a través de un impacto de sensaciones el tono emocional de todo el club se eleve a su máxima expresión. El contacto entre seguidores produce esa energía tan extraña que se genera con otro seguidor que no conoces de nada y que acabas abrazando. Los jugadores podrán vivir cómo esa lucha infernal de este año tiene la mayor de las recompensas recibiendo el cariño incondicional de sus seguidores. Que lo que hasta ahora habían sido tensión, presión y dudas se ha transformado en emoción y agradecimiento. Sabrán que sólo se necesita un esfuerzo más para hacer feliz a tanta gente.

A Guardiola lo podríamos situar entre los líderes resonantes que Daniel Goleman se encargó de definir: "Son personas capaces de despertar en sus seguidores entusiasmo y movilizarlos adonde se desee, encauzando las emociones de cada uno de los individuos de tal forma que todo marche como es debido".

Efectivamente, celebrar los éxitos es parte del Liderazgo. Quedan dos semanas para la final de Wembley y el Barça, que ha merecido ganar esta Liga (la tercera consecutiva), debe disfrutarla.

Mi agradecimiento a Joan, Susanna, Gabriel (estupendo su artículo hoy en Marca) y Roger. Y en Sevilla, a Justo, Belén y todo el equipo de MAS.