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sábado, 23 de abril de 2011

Sant Jordi y la sociedad de la ignorancia

Este año han venido a coincidir el mismo día el Sábado Santo, el Día Mundial del Libro y la festividad de Sant Jordi, día de Catalunya, de Aragón y de Castilla y León (el día de los comuneros de Villalar). Santo de los Jordis y los Jorges, como mi buen amigo Jorge Carretero, portavoz de la Real Federación Española de Fútbol, que hoy cumplía santo y cumpleaños. Una jornada soleada en Alicante, para poder ir a la playa y a la piscina del hotel, y por la tarde a Disney Store y otras tiendas.

Me ha gustado comprobar en el Día del Libro que Ángela Méndez en Expansión y Empleo comentaba a página entera Generación de modelos de negocio y en Cinco Días Alfonso Simón hacía lo propio con ¡Influye! de Enrique Alcat. Dos de las mejores novedades de este Sant Jordi. He estado en la FNAC de Alicante y comprobado que en el frontal de libros de Empresa se encontraban destacados Por qué necesitas un coach (sólo quedaba un ejemplar en esta librería), Mourinho versus Guardiola y sendos ejemplares de Liderazgo Guardiola y La sensación de fluidez. Me siento muy feliz y muy agradecido al hecho que estén allí para el lector.

Además de ver buena parte del Valencia-Real Madrid (3-6, con hat trick del Pipita Higuaín, dos de Kaká y uno de Benzemá; por el equipo che, Soldado, Jonás y Jordi Alba) y del Barça-Osasuna (2-0, Villa y Messi, que ya lleva 50 goles), he estado repasando el libro “Inteligencia Interpersonal” de Mel Sieberman, para la presentación sobre “El Valor empresarial de la empatía”, que haré el próximo miércoles en Palma de Mallorca, y me he leído “La sociedad de la ignorancia”, de varios autores españoles.

Se trata de una profunda reflexión sobre esta sociedad actual, en la que, en términos malthusianos, la información crece a ritmo geométrico y la capacidad de asimilarla, a ritmo aritmético. La sociedad del conocimiento (condición tecnológica) genera “nuevos analfabeots” y las redes sociales telemáticas (Facebook, Twitter) convierten la intimidad en “extimidad”. Para Zygmunt Bauman, los correos electrónicos enviados en 2006 equivalen a todo el lenguaje humano desde el inicio de los tiempos. El ingeniero de telecomunicaciones y humanista Antoni Brey centra su ensayo en el conflicto entre individuo y conocimiento. El término “sociedad del conocimiento” fue acuñado por Peter Drucker en su libro “The age of Discontinuity, 1969); “Sociedad de la información” es de Fritz Machlup, 1962. El mundo intercaonectado nos empuja hacia la sociedad de la ignorancia por dos factores: la velocidad ylas nuevas formas de comunicar en red. El proceso apenas acaba de empezar. “Los reality shows, el deporte espectáculo, la pornografía emocional, el entretenimiento bala o la exaltación de la fama por la fama conforman el grueso de la parrilla televisiva actual, sin que la aparición de mecanismos de interacción por parte de los espectadores haya modificado dicha tendencia.” Ya lo anunció D. José Ortega y Gasset en La rebelión de las masas a finales de la década de los 20: “lo característico del mundo es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho de la vulgaridad y lo impone dondequiera”. O Giovanni Satori: “un mundo concentrado sólo en el hecho de ver es un mundo estúpido. El Homo sapiens, un ser caracterizado por la reflexión, por su capacidad para generar abstracciones, se está convirtiendo en un Homo videns, una criatura que mira pero que no piensa, que ve pero que no entiende”. En opinión de Brey, “La sociedad de la ignorancia es, a fin de cuentas, el estado más avanzado de un sistema capitalista que basa la estabilidad de la sociedad en el progreso, entendido básicamente como crecimiento económico, pero que, una vez satisfechas las necesidades básicas, sólo es posible mantener gracias a la existencia de unas masas ahítas, fascinadas y esencialmente ignorantes”. Ello nos lleva a varios riesgos potenciales: el riesgo social (la creciente desigualdad), la necesidad de afrontar retos cruciales cuyo desenlace depende de nuestras acciones y los interrogantes sobre la concepción misma del individuo.

La socióloga y política Marina Subirats parte de su preocupación sobre la educación. “El sólo sé que no sé nada” socrático se amplifica hasta límites insospechados en esta “sociedad del conocimiento”. Los códigos se rompen, predomina la competitividad y se impone el poder (más que nunca). “El conocimiento que vamos construyendo supone una capacidad de transformación y también e destrucción de las que la humanidad no dispuso nunca ni en una pequeña parte”.

El teórico del arte actual y del hipertexto Joan Campàs destaca la “crisis de sentido” en la sociedad moderna. La información es el recurso de producción más importante (Jacques Delors llegó a afirmar que es “el petróleo del siglo XXI”). El discurso neoliberal lo conecta al mercado. El softpower (TIC) construye la sociedad de la información y nos permite movernos en ella. Se trata de “creer versus pensar”, como base del discurso publicitario, de la estetización de la sociedad (el ‘signo-mercancía’ de Jean Baudrillard) y de la “cultura de los tres minutos” (Michael Ignatieff): los políticos no se dirigen a nosotros sino a través de frases pegadizas de 30” y de momentos fotográficos. Son anuncios, como lo mejor de la tele.

El físico y matemático Ferrán Ruiz Tarragó nos habla de “educar, entre la evasión y la utopía”. El sistema educativo es pasivo, academicista, cerrado y despersonalizado, muy alejado del nuevo sistema. “Los factores decisivos del abandono escolar son el desfase cultural y tecnológico entre los jóvenes, y un sistema que no ha evolucionado” (Manuel Castells). El proceso educativo debería aportar un bagaje de conocimientos, la capacidad de procesar información, la iniciativa personal y algún tipo de finalidad creativa. “dreaming, after all, is a form of planning” (Gloria Steinem).

El filósofo político y escritor Daniel Innerarity trata “la sociedad del desconocimiento”. Cita a Ulrich Beck: lo que caracteriza a esta “época de las consecuencias secundarias” no es el saber sino el no-saber. En la medida que el saber se pluraliza y descentraliza, resulta más frágil y contestable. Shelia Jasanoff ha llamado “tecnologías de la humildad” a esta manera institucionalizada de pensar los márgenes del conocimiento humano –lo desconocido, lo incierto, lo ambicioso y lo incontrolable-, reconociendo los límites de la predicción y el control.

El último ensayo es del filósofo Gonçal Mayos. ¿Hay esperanza en esta “sociedad de la incultura” como cara oscura de la “sociedad del conocimiento”? Hemos pasado de la “vocación” (Max Weber) a la “corrosión del carácter” (Richard Sennett): “¿Cómo pueden perseguirse objetivos a largo plazo en una sociedad a corto plazo? ¿Cómo sostener relaciones sociales duraderas? ¿Cómo puede un ser humano desarrollar un relato de su identidad y su historia vital en una sociedad compuesta de episodios y fragmentos? El capitalismo del corto plazo amenaza con corroer el carácter, en especial aquellos aspectos del carácter que unen a los seres humanos entre sí y brindan a cada uno de ellos la sensación de un yo sostenible”. No puede haber “instituciones inteligentes” sin personas inteligentes (la humanidad como convidada de piedra a la sociedad del conocimiento). La ultraespecialziación alienante (la “era del vacío” según Lipovetsky) y “el yo saturado” (Kenneth Gergen): “Por obra de las tecnologías de este siglo, aumentan continuamente la cantidad y variedad de las relaciones que entablamos, la frecuencia potencial de nuestros contactos humanos, la intensidad expresada en dichas relaciones y su duración, Cuando este aumento se torna extremo, llegamos a un estado de saturación social”. Es también el “spam” y la “cultura zapping”, el “imperio de lo efímero” (Gilles Lipovetsky) en el que prima la ocurrencia sobre el esfuerzo sostenido. “Después de tres duros años de crisis, a inicios de 2011 y a pesar de que son muchos los que han reconocido las causas (incluso el presidente estadounidense Barack Obama), no se ha hecho nada para modificar el modelo de capitalismo postindustrial y la sociedad del conocimiento”. La incultura es un gran riesgo para la democracia.

Magnífico libro el de estos expertos españoles, pensadores que nos advierten de los peligros de la sociedad de la ignorancia. Entretanto, en este día del libro, más de la mitad de nuestros jóvenes proclaman sin pudor que no leen nada en absoluto y en un programa de la tele, dos presentadores regalan libros a la audiencia (cortesía de la editorial) para que “hagan con ellos lo que quieran”. Madre mía.