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domingo, 10 de abril de 2011

Salarios, mérito y productividad

Esta mañana hemos ido a ver en 3D “Río”, una película de dibujos animados dirigida por Carlos Saldanha (el de la trilogía de “Ice Age”) que nos muestra una preciosa estampa de la ciudad carioca. Una peli entretenida, con buena música de Jaime Marques (samba, bossa nova y una nueva versión de “Mais que nada”).

De la prensa de este fin de semana, Montse Mateos se plantea en E&E “¿Ganan más los más productivos?”. Según un estudio reciente, el 57% de las empresas están dispuestas a relacionar el salario con lo que los empleados realmente aportan. Para José Ignacio Arraiz, de Hay Group, la productividad aumenta porque “somos menos haciendo lo mismo”. Como buenas prácticas, Merck (“toda la plantilla tiene ligada la productividad a una retribución variable, incluido el personal de producción”, según Laura González Molero, su presidenta y consejera delegada) o AstraZeneca, según Luis Massa, su DRH. Ayer, en El País, Manuel V. Gómez titulaba: “Salarios y productividad, una boda casi imposible”. Recuerda que en 1980 el 1º acuerdo entre patronal y sindicatos pedía tener en cuenta la productividad para negociar los sueldos (un servidor presentó un informe al Círculo de Empresarios a los principios 90 para hacerlo eficazmente). En 2010, sólo el 27% de los trabajadores con convenio tenía alguna cláusula con productividad; el 9% de los empleados, si es para el conjunto de la plantilla. Microsoft o Iberdrola son casos aislados de retribución variable. En El Mundo, José Antonio Marina escribe sobre el Mérito: “¿El mérito es un valor de izquierdas o de derechas? La mera formulación de la pregunta revela una patología social. Atribuimos valores fundamentales a ideologías políticas, con lo que la defensa de su propia identidad impide llegar a una síntesis”. JAM nos recuerda que “mérito” es un término teológico, que motivó la reforma protestante. Jefferson pedía una “aristocracia del mérito”. Esperanza Aguirre propugna un bachillerato de excelencia. “El tema merece ser debatido y no sólo sobado retóricamente. ¿La excelencia es justa o insolidaria?”. Ligar salarios a productividad sólo tiene sentido desde una auténtica meritocracia, en la que el profesional puede aumentarla realmente. En empresas del “ordeno y mando”, de obedecer y punto, cómo mejorar la productividad desde la iniciativa del colaborador. Afortunadamente, sólo las empresas meritocráticas, que se toman en serio el talento, sobrevivirán.

En Cinco Días, Kirru Artea entrevista a Phil Mirvis, colega de la Deusto Business School: “Creo que la crisis se ha producido por el orgullo, la vanidad y la codicia de sus directivos, además de una excesiva visión de corto plazo”. Se trata de gestionar bien y hacer el bien. En El País Negocios, La red y la piedra filosofal, de Sandro Pozzi. Convertir millones de usuarios en millones de dólares es el reto. ¿O será una nueva burbuja? Ramón Muñoz trata de las dificultades de los proyectos españoles para conseguir inversores: “Mucho talento, poco dinero”.

También en Expansión & Empleo, Tino Fernández analiza el valor de las apariencias: el caso Susan Boyle, el de Debrahlee Lorenzana, exempleada de Citigroup en Manhattan, que denunció a ese banco por despedirla por “demasiado atractiva”. Con 11 kilos por debajo de la media, según un estudio del que se ha hecho eco The Wall Street Journal, las mujeres ganan 10.947 € más y con 11 kilos por encima, 9.734 € menos. Un obeso gana 5.931 € menor de media. Tino también trata “El era del talento o cómo sufrir las dificultades para encontrarlo”. Porque según el CEO de Manpower, “el talento es el nuevo factor diferenciador”. Así es. La formación y el desarrollo son las claves. Arancha Bustillo cita a Andrés Pérez Ortega y José Manuel Casado (autores de sendos libros de los que he hablado en este blog), que hablan de profesionales 3.0. con marca propia. Ángela Méndez y Beatriz Elías comentan “Reírse en el trabajo es un negocio muy serio”, como ejemplo de sintonía y buen clima laboral.

En la página 4 (editoriales) del ABC, una viñeta de Mingote: “Me pregunto si será posible votar a un corrupto y seguir siendo una persona decentísima”. En el mismo diario, en las páginas de Infoempleo.com, Maribel Ferrero, socia de Boyden escribe “Consejeras: un bien escaso”. En España, apenas un 10% (en 2007, un 4%). En Noruega y Suecia, un 32% y 27%. El estudio Merco 2011 sobre Reputación Corporativa (Santander, Inditex, Telefónica, Repsol, La Caixa, Mercadona. Iberdrola, BBVA, El Corte Inglés y Mapfre; Botín, Ortega, Alierta, Roig, Fainé, Brufau, Galán, Álvarez, Florentino y Francisco González). Y el libro “Responsabilidad Social Empresarial. Ideas y reflexiones”, de Ramón Jáuregui, Vicente Martínez Pujalte y Ana Torme.

En El País Negocios, Carmen Sánchez-Silva entrevista al DG de Randstadt España, Rodrigo Martín Velayos: “Hay que obligar a las empresas a formar al personal”. En 2010, creció un 8%, con un Ebidta del 2’1%. Cristina Delgado escribe sobre “Hacer negocios a la alemana”: El estilo empresarial profesionalizado. Y entrevista a la CEO de Xerox: “Sin mujeres directivas es imposible ser competitivo”.

En La Razón, El absentismo por causas ocasionales tuvo un coste de 10.840 M €, el 1’15% del PIB. En el sector industrial, un absentismo del 6’2%; en el sector servicios, del 4’9% y en la construcción, del 4’1%. El 25% de las bajas es en lunes; en los meses previos a vacaciones es menor y tras las vacaciones, mayor.

De las revistas dominicales, “Choque de titanes” (CR vs Messi, Senna-Prost, Lewis-Johnson, Nadal-Federer) en El País Negocios; “Prisioneros de la seguridad”, por Borja Vilaseca: “Sólo vencen al miedo aquellos que se atreven a escuchar a su corazón” (Martin Luther King). En XL Semanal, entrevista de Fernando Goitia a Frederick Forysth: “Hugo Chávez está hasta el cuello en el negocio de la coca”. “Obama dijo que iba a conseguir la paz en Oriente Medio. ¿Perdón?, ¿qué va a conseguir qué? No tiene ninguna influencia”. En el norte de África, las sociedades están controladas por los ejércitos, según el autor de “Cobra”.

Y sobre todo, “La conspiración de los mediocres”, de John Carlin:

“Muamar el Gadafi cree que la rebelión contra su régimen es una iniciativa de Al Qaeda apoyada por la OTAN. La tercera parte de los votantes republicanos de Estados Unidos considera que Barack Obama es un islamista infiltrado en la Casa Blanca. Un diario importante español propone que todos los servicios de inteligencia del mundo occidental han colaborado con el Gobierno español para proteger a ETA, cuya imagen global se vería perjudicada si se reconociera que orquestó los atentados terroristas del 11M.

Conspiraciones, conspiraciones. La lista es infinita y -¿cómo no?- se extiende al mundo del fútbol. Tres de los clubes más grandes que hay, el Manchester United, el Chelsea y el Real Madrid, dicen creer que fuerzas ocultas maniobran para impedir su acceso a la gloria.

Alex Paranoia Ferguson, el entrenador del United, volvió a la carga el viernes, manteniendo que existía en la Football Association, el organismo que administra el fútbol inglés, “una tendencia obvia” a perseguir a su equipo. John Terry, el capitán del Chelsea, midió un poco sus palabras por temor a que le cayese una suspensión, pero dejó muy claro que en su vestuario todos tienen claro que la UEFA está empeñada en obstaculizar sus campañas en la Liga de Campeones. En cuanto al Real Madrid, ¿por dónde empezar? Que si los árbitros, que si los calendarios, que si las autoridades hacen la vista gorda al dopaje galopante en el equipo de Pep Guardiola…

Puede que todo sea verdad, por supuesto. Como puede ser que el Holocausto fuera un invento de los judíos, encantados ellos con la macabra ficción de que seis millones de los suyos fueran exterminados por los nazis. O como también puede ser (atentos: ¡primicia mundial!) que el Real Madrid de Di Stéfano ganara tantas copas de Europa porque también estaban todos dopados hasta las cejas. (Si uno se pone a pensar, ¿cómo explicar si no que Don Alfredo, a sus 84 años, siga como una rosa?)

La más reciente prueba que tuvo Ferguson de una sistemática conspiración contra su equipo fue la suspensión de dos partidos que le acaba de caer a su mejor jugador, Wayne Rooney, por dirigirse rabioso a una cámara de televisión justo después de marcar un hat trick la semana pasada y gritar a millones de telespectadores en todo el mundo “fuck off!, traducido al español como… bueno, ya saben. Quizá tenga razón Ferguson al considerar que el castigo fue malintencionado. Una reacción más compasiva hubiera sido recomendar que Rooney se sometiera a un curso intensivo de terapia médica, con electroshocks incluidos.

El caso del Chelsea convence un poco más. Decisiones arbitrales muy dudosas han impedido el avance del equipo londinense en la Champions tres veces desde 2005. El ejemplo más escandaloso se dio en 2009, año en que el Barcelona hubiera ganado no seis copas, sino tres, si el árbitro hubiese pitado un clarísimo penalti a favor del Chelsea en la semifinal que disputó en Londres contra el equipo catalán.

Tanta injusticia podría dar la razón a los que creen en la conspiración más pegadora de la historia de la humanidad, la de Dios omnipotente y vengador. John Terry, como es bien sabido, ha roto de manera espectacular el sexto mandamiento. Wayne Rooney también. El dueño del Chelsea, Roman Abramovich, ha roto muchos más, según cuentan. Y Ferguson solo irá al cielo si se admite la entrada a viejos con muy mala leche.

En cuanto al Real Madrid, dejémoslo. Ya aburre el tema. Señalemos solo que esto de ver conspiraciones por todos lados es una infalible señal de mediocridad. La mente conspirativa o es incapaz de resignarse con serenidad ante el inevitable caos de la condición humana, o está convencida de que el mundo no ha rendido el debido homenaje a su genio, o al de los suyos. Cree que se merece mucho más de lo que ha recibido y la única explicación es que fuerzas malvadas se han dedicado de manera sigilosa y deliberada a impedir que su grandeza salga a la luz del día. Lamentable, pero así somos. Demasiados.”

He leído “Wikileaks y Assange”, el libro de los periodistas de The Guardian David Leigh y Luke Harding. Un relato muy interesante sobre la mayor flitración de la historia. La realidad supera la ficción.

Mis agradecimientos de hoy a los responsables de empresas que fomentan la meritocracia.