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lunes, 28 de marzo de 2011

La revuelta árabe y la próxima década

Reuniones internas de iniciativas estratégicas que verán la luz en septiembre, trabajo en proyectos en Madrid y bienvenida a una nueva incorporación a Eurotalent.

He estado leyendo el Dossier de La Vanguardia realativo a 2011. La revuelta árabe. Coordinado por Álex Rodríguez, cuenta con artículos de una docena de expertos. Como escribe Álex, “todo empezó una mañana del pasado 17 de diciembre en Sidi Bouziz, una pequeña localidad del centro de Túnez. Mohamed Bouzizi, de 26 años, montaba en la plaza principal del pueblo su puesto de venta de verduras cuando la policía le exigió dinero para permitirle seguir vendiendo. Él se negó. Fue agredido y abofeteado. Desesperado, frustrado y sin horizonte, se autoinmoló. Bouazizi fallecía el pasado 4 de enero en un hospital de Túnez. Prendió la llama que acabó con su vida, pero también la que ha encendido la revuelta árabe de 2011”.

Para muchos analistas, una situación similar a la que vivió Europa en 1848 o la caída del muro de Berlín para los países tras el telón de acero. El desafío más difícil (según Fawaz Gerges, de la London School of Economics) en este viaje democrático será institucionalizar las relaciones entre el ejército y la dirección política, particularmente en Egipto, el país árabe más poblado (80 M personas). Rashid Khadili, catedrático de la Universidad de Columbia, analiza las revoluciones tunecina y egipcia: “La juventud ha demostrado tener unas esperanzas e ideales que no difieren de las de otros jóvenes que contribuyeron a la transición democrática en Europa Oriental, América Latina y Asia”. Robert Springborg (Escuela Naval de Monterrey, California) trata El poder militar en Egipto; grandes efectivos, material anticuado y falta de un sistema de comunicaciones moderno. Gawdat Bahgat (analista estratégico en Washington D. C.) analiza el Islamismo versus terrorismo, con especial atención a los Hermanos Musulmanes, organización creada en 1928 y que ha evolucionado desde el radicalismo al centrismo. Su lema: “El Islam es la solución”. Gamal Hendawy (profesor en Egipto y Omán) se detiene en Los perfiles de la población (elevada tasa de nacimientos, alto desempleo, falta de recursos). Asef Bayat (U de Illinois) analiza el papel de los cristianos coptos egipcios: entre el conflicto y la convivencia y Rabab el-Mahdi (activista y profesora en la Universidad Americana de El Cairo) el de La mujer egipcia: en la plaza Tahrir jugó un papel decisivo- Mohammad Abdel Raouf (investigador medioambiental en Dubai) repasa La disputa por el Nilo y Said Aburish (biógrafo de Saddam Hussein y Nasser), El legado de Mubarak; “Es precisamente, la falta de legado; en un país sin energías, el ‘rais’ que sucedió al asesinado Sadat se dedicó a no hacer nada y a no intentar impulsar iniciativas”. William Polk (miembro del equipo de JFK) revisa las relaciones entre EE UU y Egipto. Nur Yalman (catedrático de Estudios sobre Oriente Medio en Harvard) se atreve a anticipar qué pasará en Egipto tras la caída de Mubarak: Tras el fracaso de Iraq, Guantánamo y las mentiras en la ONU, la legitimidad de USA y UK en el mundo árabe es inexistente. Hay dos docenas de autocracias en el mundo árabe, desde Mauritania a Pakistán, con distintas revueltas. “Ingentes multitudes han vibrado a favor de la libertad y contra la opresión, la pobreza y la corrupción; estamos en un momento crucial que nace de la esperanza de elecciones libres en Egipto y los demás estados árabes”. George Joffé (U de Cambridge) analiza El futuro del norte de África: “La fuerza de las revueltas ha sido impresionante, pero los sublevados no han sido capaces de articular alternativas claras, y esta incoherencia ha introducido una segunda etapa de la crisis en cada país”. Yossi Beilin, ex ministro israelí impulsor de los procesos de paz de Oslo y Ginebra, comenta las relaciones entre Israel y Egipto, incluyendo la “Luna de miel” entre los acuerdos de 1978 y el asesinato de Sadat.

Un excelente Dossier, que además incluye numerosa bibliografía y recomendaciones de películas para entender mejor la situación.

En la misma línea, he estado leyendo el libro La próxima década, de George Friedman (presidente de Stratfor, la principal compañía privada de predicción geoestratégica, “la CIA en la sombra”), con prólogo de Lluis Bassets (como escribe el prologuista: “Son las decisiones individuales las que modelan el corto plazo” y pone el ejemplo de Bouzizi en Túnez.

George Friedman advierte falta de Liderazgo. “en un decenio lo que cuentan son las personas”. Para él, “los presidente George W. Bush y Barack Obama han perdido de vista la estrategia a largo plazo que tan buenos resultados dio durante casi todo el siglo pasado”. Hace falta una estrategia global y equilibrada. Entre 191 y 2001, EE UU invadió cinco países: Kuwait, Somalia, Haití, Bosnia y Kosovo. Desde 2001, se obsesionó con el terrorismo. Obama, Premio Nóbel de la Paz antes de concluir su primer año de mandato, no lo tiene fácil.

Para el autor, “el mayor problema planteado por la administración del imperio durante la próxima década será el mismo al que tuvo que enfrentarse Roma: ¿es posible preservar la república cuando ésta se convierte en un imperio?”. Es la distinción entre idealismo (el imperativo moral, como ahora en Libia) y realismo (los intereses nacionales). Citando a Maquiavelo, “entre tantos hombres que no son virtuosos, un hombre que quiere actuar siempre virtuosamente acaba desesperado”. La ideología es trivial; lo que importa es el carácter.

La próxima década estará marcada por la “guerra al terror” iniciada por W. Bush y el colapso financiero de 2008. “Para devolver la confianza, hay que comprender, entre otras cosas, a qué parte de la élite –la política, la empresarial, la financiera, la de los medios de comunicación- hay que achacar la crisis”, “En China, Rusia, Europa, Estados Unidos y todo el mundo se ha desatado una lucha colosal entre las élites económicas y las políticas” (visto el ‘encuentro’ en Moncloa el pasado sábado, podemos tener muy claro aquí quién ha ganado).

El equilibrio de poderes en Oriente Próximo, tras el ‘gambito’ de Irak, pasa (según George Friedman) por no caer en la trampa del terror y pactar con Irán (65 M habitantes), como Roosevelt hizo con Stalin y Nixon con China. Y esto requiere una nueva política con Israel. “El equilibrio de poder árabe-israelí es vacilante”. “Como en el caso de Israel, el presidente no debe comunicar abiertamente su estrategia en Afganistán, Pakistán y la India”. “En todos estos años, la retórica de Irán contra Israel ha sido extrema, pero sus acciones han sido prudentes”. El único país que puede servir de contrapeso a Irán en la región es Turquía.

Rusia ha regresado con Putin (el 25 de abril de 2005, en su discurso a la nación, dijo que la caída de la URSS ha sido “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX”). Para el autor, EE UU debe impedir una entente rusa con Alemania, el centro de gravedad de Europa. La clave es Polonia. Europa vuelve a la historia. “Una nación que no controla sus sistema financiero ha perdido en gran parte su soberanía”. Veremos el resurgimiento de Alemania, y EE UU usará al Reino Unido de contrapeso.

China e India están separadas por una muralla: el Himalaya. “Asia es un lugar extraordinariamente cambiante”. EE UU seguirá apoyando a Japón, cuyo ciclo económico ha tocado a su fin. “El 80% de la población china vive en una pobreza comparable a la del África subsahariana”. Australia y Singapur seguirán con la protección estadounidense. India, un subcontinente aislado geográficamente, tomará la delantera pero no dominará el Índico.

Latinoamérica es un continente seguro, con la ‘anécdota’ de Venezuela (“Lo más seguro es que el propio régimen creado por Hugo Chávez aparte a éste del poder”) y la posible amenaza de Brasil, la 8ª economía y el 5º país por tamaño y población del planeta. Argentina puede ser el contrapeso. Y México, con casi 100 M de habitantes, plantea dos problemas a EE UU: los inmigrantes (12 M de personas) y el narcotráfico. Para solucionar el problema de los estupefacientes, según el autor, bastaría con la legalización. En el de la inmigración ilegal, “el segmento de la sociedad que se beneficia de la mayor parte de la mano de obra barata es más amplio e influyente que el segmento perjudicado por ella”.

África es “un lugar en el que no hay que intervenir”. Las opciones son mantener la caridad planetaria, que reapareciera un imperialismo foráneo (poco probable) y que se sucedan las luchas armadas (lo más probable). Para el control del islamismo en el norte, EE UU vela por la estabilidad de Nigeria (petróleo) y Kenia. Respecto a la energía, George Friedman propone fijarse en el carbón y el gas natural. “El peligro reside en que el presidente derroche su autoridad en proyectos como la conservación del medio ambiente, la energía eólica o la energía solar terrestre, ninguno de los cuales dará los extraordinarios resultados que se requieren”.

“En la próxima década, Washington debe controlar el mundo islámico, el resurgimiento de Rusia, una Europa huraña y dividida y una China tan enorme como profundamente frágil”. EE UU sigue siendo el 25% de la economía mundial. “Se necesitan cuatro cosas. En primer lugar, una nación con una comprensión desapasionada de la situación en la que se encuentra. En segundo lugar, unos líderes preparados para soportar la carga de reconciliar esa realidad con los valores norteamericanos. En tercer lugar, unos presidentes que comprendan lo que es el poder y sepan lo que son los principios y cuál es su ligar respectivo. Sin embargo, lo que se necesita sobre todo es un país maduro, con capacidad para administrar un imperio y preservar la república, consciente de lo que está en juego y del escaso tiempo del que dispone. Sin esto, nada puede hacerse. La situación dista de ser desesperada, pero la nación tiene que hacer un enorme esfuerzo de voluntad para madurar”.

Mi agradecimiento de hoy a los expertos de verdad que nos ayudan a entender qué está pasando en este mundo.