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martes, 4 de enero de 2011

Eric Grossat y El último bailarín de Mao

Esta mañana he estado trabajando con Adriana Kaplan, una de las mejores coaches de comunicación de habla hispana, varios temas ligados a la comunicación. Como muy bien dice Adriana, es sorprendente (y en cierto modo triste) lo poco que se entrena la comunicación en presentadores de televisión, empresarios y directivos, políticos, entrenadores de fútbol (con honrosas excepciones). Comunicamos lo que somos, y valemos lo que comunicamos… Sin embargo, no nos ponemos en valor como debiéramos.

Comida en Annapurna (que quiere decir "comida de Dioses"), un delicioso restaurante hindú junto a la Academia de Cine y la calle Génova.

Por la tarde, me ha dado tiempo a ver El último bailarín de Mao, en versión original con subtítulos, del australiano Bruce Beresford (“Paseando a Miss Daisy”). Cuenta la historia real de Li Cuixin, que fue “seleccionado” por la gente de la Sra. Mao desde una aldea rural en la que vivía con sus padres y otros cinco hermanos para trasladarse a Beijing a estudiar ballet. Li se convierte en un excelente bailarín y cuando está en Houston en un programa de verano, decide desertar casándose con una bailarina estadounidense, lo que origina un importante incidente diplomático en el consulado de la República Popular China en la ciudad texana. Finalmente llega a ser primer bailarín del Houston Ballet y del American Ballet y termina casándose con su segunda mujer, australiana, y viviendo en Australia con sus tres hijos. Adriana me ha contado que Li Cuixin presentó la película en Madrid y que ahora da unas 150 conferencias al año sobre motivación para una entidad financiera.
La historia me ha parecido interesante (terribles las condiciones de su pueblo natal, sutil la crítica al comunismo chino, muy benevolente la imagen de su vida en Houston), con unas preciosa escenas de ballet (Don Quijote, La consagración de la primavera)… En términos emocionales, esperaba más. La autobiografía de Li Cuixin, que es una historia de amor y libertad, debe ser bastante fría y así la ha retratado Beresford. Excepto los personajes de Ben Stevenson (uno de los mejores coreógrafos del siglo) y del maestro Chan, sus “coaches” en Houston y en Beijing, respectivamente, el resto del hilo argumental me ha parecido menos apasionado de lo que debería. La tensión dramática en el consulado o la relación afectiva con Liz, su primera mujer, sabe a poco. En fin, tampoco está la cartelera para tirar cohetes, así que me he alegro mucho de haberla visto.

Me ha escrito Eric Grossat, un excelente directivo de Abbott con el que he tenido el privilegio de trabajar junto a su equipo (de innovación, formado por profesionales de los cinco continentes) tanto en Chicago como en España. Eric es un gran fan del libro La sensación de fluidez, se lo da a sus colaboradores (en castellano o en inglés) como “plan de acogida” y ha rodado un maravilloso vídeo de Urdaibai, territorio al que llaman “the land of Leadership”. Como no puede ser de otra manera (el éxito no es por casualidad), los logros de Eric Grossat y su equipo son impresionantes. Me cuenta con sano orgullo que en los últimos tres meses su equipo ha recibido el máximo premio que se otorga en Abbott internacional, el " Presidential award" por la estrategia que han puesto en marcha y por ser un equipo transfuncional tmuy eficiente, que le han propuesto como el " value champion" representante de la innovación y la creatividad, que el Presidente de Abbott internacional y su staff le han selecionado como uno de los 5 "change agents" y para participar en la ceremonia de apertura del meeting de los directores generales a mediados de Enero para compartir esta experiencia de equipo de alto rendimiento y que a los largo de estos dos últimos años han puesto en marcha estrategias que se han implantado en 36 países, con total apoyo de 230 lideres de opinión. Excelentes noticias, bien merecidas.

En la convención que realizaron el mes pasado, el éxito fue enorme. El eje central de su convención estaba basado en la " conectividad"; lo que en Avatar dicen " I see you " (conecto contigo) cuando se saludan y sobre lo que dice uno al líder: en Avatar " I will fly with you " . Cuando acabaron la reunión de cuatro días, donde tenían un decorado con el árbol de la ciencia (como el árbol de Avatar), subieron todos los marketers al escenario y le dejaron en medio de la sala. El mensaje de su equipo fue “Eric, we are your team”. “Como líder, sólo tenemos dos mensajes para ti: we see you and, be sure, we will fly with you " Un ejemplo de conexión y proyecto compartido espectacular.

En apenas dos meses, creo que volveré a tener el honor de trabajar con Eric Grossat y su súper-equipo, algo que me encanta. Así es la era de la globalización: en nuestro país, el 85% de las pymes desaprovecha la formación gratuita a la que tiene derecho (creo que no hay un dato más desafortunado sobre lo poco que nos tomamos en serio el desarrollo del talento) y por otra parte compañías punteras, innovadoras, a nivel mundial, apuestan por “ser un equipo”, el liderazgo de verdad y el coaching. Sí, hay ganadores y perdedores.

Mis agradecimientos de hoy a Adriana, a Eric y a todo su equipo. Simply the best.