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domingo, 9 de enero de 2011

Arthur Atherley y la Confianza

Tercer y último día de este viaje a Londres con Zoe: cambio de la guardia en el Palacio de Buckingham, entrada en la Abadía de Westminster (hoy domingo no se permiten visitas turísticas, pero hemos entrado a la Abadía para dar las gracias a la gente que nos quiere y queremos), Museo Británico, National Portrait Gallery y National Gallery, Whitehall, Downing Street, de vuelta al hotel, a la estación Victoria y, vía Gatwick Express, al aeropuerto para volver a España.
En la Galería Nacional de Retratos nos ha sorprendido una exposición bellísima: Thomas Lawrence. Regency Power & Brilliance, 54 cuadros de Thomas Lawrence (1769-1830), el mejor retratista británico de su generación. Creó una imagen imbatible de la realeza y de a alta sociedad.
Hay un cuadro que se expuso en el Museo del Prado hace muchos años y que me marcó. Se trata del Retrato de Arthur Atherley (1771-1844), que se conserva en el museo del condado de Los Ángeles, Estados Unidos. El cuadro fue pintado en 1792: Arthur Atherley tenía apenas 20 años, entre la adolescencia y la madurez. Thomas Lawrence, 2 años más. El pintor quedó cautivado por la presencia de Atherley, por la confianza que transmitía, y así lo mostró en el cuadro. Mirada decidida, pose esbelta, seguridad en sí mismo a prueba de bombas. Probablemente en buena medida, consecuencia de haber estudiado en Eaton (que Lawrence refleja al fondo). Sir Joshua Reynolds acababa de morir y con este cuadro Thomas Lawrence (que se exhibió el mismo 1792 en la exposición de la Royal Academy en un lugar preeminente) se convirtió sin duda en su sucesor en la corte británica. Arthur Atherley se casó al año siguiente y fue parlamentario whig por Southampton durante un periodo de 30 años.
Ha sido muy emocionante encontrarme así, por azar, con tan maravillosa obra, y además con Zoe, a quien también le ha gustado mucho.

¿Cómo se forja una confianza así, como la que mostraba Arthur Atherley a los 20 años? No admite una respuesta fácil. He estado leyendo en el aeropuerto de Gatwick Confidence at work (juego de palabras: “Confianza en funcionamiento” o “Confianza en el trabajo”) de la psicóloga escocesa Ros Taylor. Prometía mucho (le pregunté en Waterstone a quien me atendió, y me lo recomendó), pero ha resultado muy básico, al menos para un servidor. Un poquito de Análisis Transaccional de Eric Berne (conclusión: debemos comportarnos como adultos), otra gota de Auto-eficacia de Albert Bandura (debemos tener grandes sueños y enfocarnos en los demás), el Optimismo aprendido de Martin Seligman (con un cuestionario simplificado), la extraversión-introversión de Eysenck, el Tipo A y Tipo B de Friedman y Rosenman, algo de branding, una fórmula (Habilidades + Pasiones + Valores + Estilo de vida + Entorno = Confianza), una pizca de Estilo de Liderazgo (Myers Briggs simplificado), los “cuatro cuadrantes del cambio”: Impacto, Pensamiento, Emoción y Acción, y unos “principios de relación con los demás” (Agradabilidad, Similitud, Pensamiento no maniqueo, Reconocimiento, Reciprocidad, Elegancia, Perseverancia, Entusiamo)… Cits a Peter Hirsh (British Psychological Society Magazine, septiembre de 2009): el Consejero Delegado impacta en la rentabilidad de su compañía un 15%. Debe ser un líder consciente (visión, misión) y “cool” (equilibrado, relajado y que entienda su papel como líder) y tomar buenas decisiones.
Como decía Albert Einstein, conviene simplificar, pero no en exceso.

He podido comprar El País en un kiosco de prensa en una calle peatonal detrás de Trafalgar Square. En Negocios, Ángel Laborda, director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (FUNCAS) escribe sobre Recobrar la confianza, una tarea para 2011: “Recobrar la confianza es esencial para que la economía despegue y para hacer reformas ambiciosas”. No puedo estar más de acuerdo.
En Vida & Artes, Juan Cruz nos advierte sobre El lenguaje de la basura. El discurso se ha degradado y se ha convertido en espectáculo. “Las palabras se han abaratado “ (José Luis Cuerda). “El mal hablado suele ser mal pensado” (Emilio Lledó). Hablar bien parece de presuntuosos (Nuria Espert). Todo esto es muy grave. Y tendrá perniciosas consecuencias.
Mis agradecimientos a todas las personas que tan maravillosamente nos han atendido en Londres en el Hotel Crown Plaza, en museos, restaurantes, tiendas, taxis, autobuses, metros...