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jueves, 2 de diciembre de 2010

La decepción del Mundial y dos esperanzas

No ha podido ser. El Mundial de fútbol del 2018 no se celebrará en España y Portugal, como parecía en un principio, sino en Rusia (y el del 2022 en Qatar). He estado leyendo con detenimiento el perfil de los 22 hombres que tenían que votar. Como nos pasa muchas veces en estos casos, teníamos 7 votos en la primera votación (en la que cayó la candidatura de Inglaterra; Rusia, 9 votos; España-Portugal, 7; Holanda-Bélgica, 4; Inglaterra, 2) y los mismos 7 votos en la segunda votación (Rusia recibió los 2 votos de Inglaterra y otros 2 de Holanda-Bélgica). No sabemos hacer esto de que nos voten a partir de la segunda ronda. Una lástima. En cualquier caso, el Presidente Vladimir Putin ya había anunciado que pondría toda la carne en el asador para conseguir el Mundial y al saber la noticia ha cogido un avión para “agradecer personalmente” a los miembros de la FIFA. No hace falta leer los secretos que desvela Wikileaks para saber cómo funcionan estas cosas… Figo había declarado: “Sería una decepción que no nos dieran el Mundial”. Pues así ha sido. Una decepción.

Me está interesando ese programa político de Roberto Saviano en Italia que está consiguiendo más espectadores que Gran Hermano. Lucía Magi escribía ayer La otra Italia triunfa en televisión:
Dario Fo, premio Nobel de Literatura, declama fragmentos de El Príncipe de Maquiavelo con risueños ojos redondos; Pietro Grasso, fiscal nacional antimafia, lee la lista de lo que necesita para capturar a los jefes de la mafia. Don Ciotti, un cura que se ha inventado la manera de cultivar las tierras confiscadas a los mafiosos y producir aceite, pasta y mozzarella, habla de legalidad. Roberto Saviano, con voz pausada, habla de los jóvenes estudiantes muertos en el terremoto de L'Aquila, o explica por qué las calles de su ciudad, Nápoles, siguen repletas de basura. Allí está la otra Italia.
La Italia que no grita o ridiculiza al prójimo, la que sabe divertirse sin gastar bromas pesadas o chistes machistas. La Italia, en definitiva, más alejada de la imagen del paradigma berlusconiano. Esta otra Italia, casi siempre silenciosa, ha desfilado durante cuatro lunes -el primero fue el 8 de noviembre y el último el pasado 29- en RAI 3, la tercera cadena pública de la televisión italiana, de la mano de Fabio Fazio, un conocido presentador y periodista, y el escritor Roberto Saviano, autor de Gomorra, amenazado de muerte por la Camorra.
Desde la pequeña pantalla ha entrado en las casas de 10 millones de personas cada lunes. Vieni via con me, como se llama el programa, batió todos los récords: "Es un programa tan poco televisivo, con un lenguaje mucho más teatral", comenta asombrado Saviano. Sonríe y deja volar las manos en el aire, antes de ensayar, por última vez, los dos monólogos con los que concluyó el programa. "No es mi trabajo la tele. Mi manera de argumentar y hablar es demasiado melancólica. Y me muero de miedo y agobio antes de entrar al escenario. Pero pensé que así podría comunicar con muchas más personas".
Objetivo logrado. La primera consecuencia de este pequeño gran milagro tiene que ver con los números, siempre fríos y esquemáticos, pero ejemplares. Demuestra que los espectadores no son una masa narcotizada por los muslos desnudos y los besos robados de los reality o los gritos de las tertulias. Y Vieni via con me ha doblado los datos del veterano programa de telerrealidad Gran Hermano, que se emite el mismo lunes por la noche en Canale 5, propiedad de Silvio Berlusconi.
"No me explico cómo un monólogo de 10 minutos sobre la basura o las filtraciones de la 'Ndrangheta en el Norte pueden clavar en la pantalla a más gente que una final de la Champions. Eso demuestra que existe una rebelión cívica. Hay sed de valores, en este país dominado por la continua invitación a dar lo peor de ti: tienes que ser listillo y apañártelas con mil trapicheos, te acostumbras a pensar que todo da lo mismo, ves la sexualidad como una moneda de cambio. Esta es la Italia de hoy", señala Saviano.
"Por eso el programa se ha convertido en un ritual colectivo, un momento de unión para todos los que no son así, que están cansados, que pretenden algo más. Los buenos, en el sentido de individuos que hacen su trabajo con talento y abnegación, cada día. Que se equivocan, pero porque son humanos, no por ser corruptos o por no haberlo ni intentado", añade el escritor.
Roberto Saviano encarna con su vida la paradoja de un pueblo entero: un país que le transforma en icono y le hace víctima a la vez. "Es lo mismo que pasó con Gomorra. Decían que a nadie le interesaría leer los intríngulis de la Camorra y vendí 10 millones de ejemplares". La paradoja de un hombre que sonríe pero parece triste, que habla a 10 millones de personas o no puede hablar con nadie. Porque desde hace cuatro años no puede dar un paso sin siete policías a su alrededor.
Por eso admite: "Estoy cansado, tengo que reconstruirme una vida, pasear, escribir. Me voy a ir lejos durante un buen tiempo. Italia me ha quitado todo". Pero, también le ha dado el abrazo de aquella Italia que parece despertarse. Ha encendido el televisor. Lástima que, mientras se llevaba a cabo el gran final, llegó la noticia de la muerte del director de cine Mario Monicelli. Se iba una pieza de aquella misma otra Italia”.

Con ejemplos como éste, hay esperanza. También con el nombramiento de Miren Gutiérrez como nueva directora de Greenpeace. Esta donostiarra nacida en 1966, que reside en Madrid, ha sido durante 14 años periodista denunciando abusos por parte de algunas multinacionales (como la petrolera Mobil en Panamá) y de ahí a la lucha activa. En su mandato, tres grandes retos: combatir el cambio climático y energético, conservar la biodiversidad y luchar contra la contaminación. Le deseo lo mejor.