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martes, 16 de noviembre de 2010

El decálogo del caminante (feliz)

Reuniones matinales en Madrid con clientes que vienen de Galicia y de Aragón, con los que estamos embarcados en proyectos estratégicos de talento muy interesantes. Almuerzo veloz con la responsable de Eurotalent Sport y vuelo a las 15.30 h a San Sebastián. Esta tarde he participado como moderador en el Cine Fórum Empresarial APD sobre El Humor como ventaja, con la película El gran Vázquez. La apertura la ha realizado José Luis Larrea, presidente de Ibermática, como consejero de APD Norte, y Carlos Ruiz, Director del área social y de comunicación de la Kutxa. En el coloquio posterior, además de Carlos Ruiz, han participado Pedro Balboa (responsable de comunicación de Kukuxumusu) y Pedro Enríquez de Salamanca, “Furby” (director creativo de Arista). Se ha hablado sobre el humor como actitud, sobre el optimismo y la felicidad, sobre la necesidad de romper prejuicios para ser creativos e innovadores, clave de la competitividad… Carlos nos ha mostrado vídeos sobre los talleres de Risoterapia que ha realizado la Kutxa y sobre el villancico solidario en el que participó la dirección de la Kutxa, que recaudó 9.500 euros para un dispensario en el Sáhara. Muchas gracias a las 120 personas que han acudido al Salón de Actos de Kutxa a participar en este acto. Después he ido a cenar a casa de mis amigos Lourdes y Juan Antonio, a quienes tengo un cariño especial.

Hace unos días, el editor y ex ministro Manuel Pimentel, a quien confieso una especial admiración (sé que es mutua), escribía El decálogo del caminante, que tiene mucho que ver con la actitud personal, el estado de ánimo y la felicidad. El artículo, publicado en El País, es el siguiente:

“Hace unas semanas me invitaron a pronunciar unas palabras en el I Congreso Internacional de la Felicidad. Acepté sin saber muy bien del todo qué podía aportar yo a materia tan vaporosa y subjetiva. ¿Qué es la felicidad? Según el diccionario de la RAE, la felicidad es el estado del ánimo que se complace en la satisfacción de un bien. También la describe con los sinónimos de satisfacción, gusto, contento. Poca cosa para definir ese luminoso objeto del deseo. Todos queremos ser felices; ahora bien, ¿cómo se consigue?
No lograba enfocar mi intervención. ¿Tenía yo atributos morales para hablar de felicidad? ¿Soy feliz? Pues a ratos sí y a ratos no, como casi todo el mundo, supongo. Tan solo los místicos en éxtasis o los yoguis del nirvana pueden considerarse en estado de felicidad permanente. El resto de los mortales podemos hacer balances globales entre los momentos buenos y los malos, y la coincidencia razonable entre nuestros deseos y nuestra realidad, o, mejor aún, en la coherencia percibida entre nuestro comportamiento y nuestros ideales.
Uno no es feliz. Uno se siente feliz, que es algo bien distinto. La felicidad se mire con un baremo interior, íntimo, exclusivo. Es un efímero cotidiano, subjetivo y placentero. También es el balance de un camino en su conjunto. Lo que para unos hace feliz, para otros supone congoja. Nadie externo puede saber en verdad cuán felices nos sentimos. Nuestras vidas son caminos que recorremos paso a paso, jornada a jornada. Hay etapas buenas, menos buenas y malas. Al igual que no es lo mismo un viajero que un turista, también existe una sabiduría del caminante, que lo distingue del triste deambular zombi de una parte importante de la población.
Decidí, en un ejercicio de osadía, resumir esa sabiduría en un sucinto decálogo del caminante, que, en pinceladas, enumero a continuación:
Primero. Ten sueños, metas e ideales. Conceden sentido a tu andar y marcan el norte a tu brújula vital. Justifican el esfuerzo que realizas. La sensación de acercarte a ellos te proporcionará felicidad en tu camino.
Segundo. Que esa meta te estimule, que no te aplaste. Metas más allá de tus posibilidades pueden frustrarte. Por el contrario, metas demasiado cortas pueden acomodarte y hastiarte. Deben conseguir que te esfuerces para dar lo mejor de ti, pero no amargarte ni alienarte.
Tercero. La felicidad no se concentra en el preciso instante de cruzar la meta, hay que saber encontrarla en cada etapa del camino. No la difieras en exclusiva al futuro logro de tus objetivos, disfruta de las pequeñas cosas de cada jornada. Establece metas intermedias; superarlas te estimulará y te reafirmará en el camino correcto.
Cuarto. A meta alcanzada, nueva meta planteada. Evitarás el hórror vacui de una vida sin proyecto ni norte. Esas nuevas metas no solo deben conjugarse con el más y más, sino con lo diferente y, sobre todo, con lo mejor.
Quinto. Apóyate en el bastón de tu talento, guíate por la brújula de tus sueños e ideales, y planta tus botas sobre la realidad. Los viejos caminantes saben que para llegar lejos deben marchar paso a paso, mirando al suelo para no tropezar, pero elevando la mirada a las estrellas para marcar el rumbo a seguir. Que tu inteligencia e intuición te ayuden a escoger la ruta más adecuada en las muchas bifurcaciones que se te presentarán cada día.
Sexto. El camino tiene sentido en su conjunto. Integra en él los capítulos duros, de dolor y sufrimiento. Aislados, te amargarán; insertos en tu vida entera adquirirán sentido. Lo comprenderás cuando tengas suficiente altura de miras como para poder comprender tu propio camino pasado y sepas aprovecharlo para el que aún te queda por recorrer.
Séptimo. Los demás caminantes reconocen en ti al personaje que tú proyectas. Eres lo que haces y no como piensas que eres. Raymond Carver escribió que "Tú no eres tu personaje, pero tu personaje sí eres tú". El personaje que los demás ven, es más real que la persona que tú te consideras en tu interior. Presta atención a lo que en verdad haces, y no te autojustifiques con la excusa de lo que piensas que eres.
Octavo. La coherencia entre tu persona y tu personaje, entre lo que piensas y lo que haces, te hará sentir bien. La incoherencia vital te hará el camino insufrible.
Noveno. Tu vida es una novela que escribes con tus actos. Conoce a tu personaje y desarrolla tus potencias en función de las circunstancias y de tus sueños e ideales. Comprende tu realidad de escritor de la propia novela de tu vida, influye en el argumento de tu novela y concede mayor protagonismo a tu personaje. Podrás comprender tu camino en su conjunto.
Décimo. No caminas solo. Tú felicidad también se encuentra en la de los demás. Lo que das, recibes. Ayuda con generosidad y no olvides que, además de las personas, también nos acompaña la naturaleza ubérrima con toda su vida hermana.
Un decálogo sencillo para un camino complicado de rosas y espinas. El de tu propia vida. ¡Suerte con ella, hermano!”.

Efectivamente, un decálogo muy práctico. Deberíamos autodiagnosticarnos respecto a él en cada uno de los diez puntos y elaborar un plan de acción para aprovechar las oportunidades de mejora. Gracias, Manolo, por compartir esta reflexión con todos nosotros. Como ha dicho hoy Carlos Ruiz, probablemente en la época que retrata El Gran Vázquez, principios de los 60, había menos comodidades materiales, pero más y mejor relación personal. ¡La gente cantaba en los bares! No somos una isla, y por ello, como escribió John Donne, las campanas siempre tocan por nosotros.