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miércoles, 25 de agosto de 2010

Criterio, Enganche, Resonancia

Jornada de trabajo en Madrid. He tenido la suerte de almorzar en el restaurante del hotel Ada, en la sexta planta de la esquina de Alcalá con Gran Vía. Una vista impresionante de los tejados madrileños y un debate muy animado sobre el poder de la programación neurolingüística.

Dos grandes expertos en Liderazgo, Noel Tichy y Warren Bennis, han escrito un libro titulado Criterio. Cómo los auténticos líderes toman decisiones excelentes. Después de décadas analizando el liderazgo (Bennis ha sido asesor de cuatro presidentes de EE UU), han llegado a la conclusión de que el Criterio es la esencia del liderazgo. Y lo definen como “un proceso de toma de decisiones a partir de la información contextual que comprende tres ámbitos: personas, estrategia y situaciones de crisis. En cada ámbito, los juicios de liderazgo siguen un proceso de tres fases. Preparación, decisión y ejecución. Un buen criterio de liderazgo se apoya en el conocimiento contextual de uno mismo, de la red social, de la organización y de las partes interesadas”. Ponen ejemplos de fracaso (Michael Armstrong en AT&T, Carly Fiorina en Hewlett Packard) y de éxito (Jack Welch o Jeff Immelt en General Electric, Lou Gerstner en IBM) para mostrar que las buenas decisiones se basan en guiones (modelos mentales, paradigmas) claros, en PVE (puntos de vista explicables) en los que la capacidad del líder ayuda, en contar con “oportunismo planificado”, en el carácter (esencial en el liderazgo), en ejecutar con valentía, en alinear la lógica con las emociones, en afrontar las crisis. Sentido común, pero no práctica común (desgraciadamente).

La profesora María Escat, de la Universidad Autónoma de Madrid, ha tenido la amabilidad de compartir conmigo un interesante documento sobre el impacto del “engagement” (enganche emocional, más que compromiso) en los resultados empresariales. Comparando el 25% de las unidades de negocio con los profesionales más ‘enganchados’ con el 25% de los menos ‘enganchados’, se comprueba que hay importantes diferencias:
- 12% en lealtad de los clientes
- 16% en rentabilidad
- 18% en productividad
- 25% en rotación (en compañías de alta rotación, 60% o más)
- 49% en rotación (en compañías de baja rotación, 40% o menos)
- 49% en seguridad/accidentes
- 27% en roturas
- 37% en absentismo
- 41% en incidentes de seguridad en pacientes
- 60% en calidad (defectos)
Es impresionante. Y lo es más saber que más del 80% de los empleados –con la que está cayendo- están poco comprometidos con su empresa.

Mi también amigo Miguel Ángel Pesquera me ha enviado una serie de informaciones muy interesantes sobre el poder de la resonancia y las investigaciones de HeartMath. El HeartMath Institute fue fundado en 1991 y desde entonces se ha dado a conocer en todo el mundo gracias a susdescubrimientos revolucionarios. Dicho instituto llevó a cabo trabajos fundamentales de investigación en fisiología emocional y sobre la interacción entre el corazón y el cerebro. En 1993, por ejemplo, se quiso investigar el poder de los sentimientos sobre el cuerpo humano y se concentró en aquella parte de nuestro cuerpo que se creía responsable de la formación de los sentimientos: el corazón.
Ya desde las primeras investigaciones se hizo una constatación sumamente sorprendente, y en toda regla desconcertante, que no se había descubierto antes: el corazón está rodeado de un campo de energía poderoso, que tiene un tamaño de aproximadamente dos metros y medio de diámetro.
Esto hay que imaginárselo: el corazón produce un campo de energía que es, con mucho, mayor que el campo de energía del cerebro. Hasta ahora la ciencia había determinado que el cerebro, con todos sus impulsos electromagnéticos, poseía el mayor «radio de emisión». Y ahora se ha encontrado un campo de energía que es infinitamente mayor, tiene tanta fuerza que va mucho más allá del propio cuerpo. Se acepta que el campo de energía que emana del corazón, en realidad, tiene un radio incluso sustancialmente mayor que lo medido, si bien los insuficientes sistemas de medición de los que disponemos hoy en día no permiten mediciones más exactas.

Después de superar la primera sorpresa, rápidamente se suscitó la pregunta de si este campo de energía que rodea nuestro corazón tiene en general un sentido más profundo. Los conocimientos desarrollados hasta la fecha son tan interesantes como sorprendentes:
Se podría incluso demostrar que existe una conexión entre el corazón y el cerebro, mediante la cual el corazón le indicaría al cerebro qué hormonas, endorfinas u otros elementos químicos se habrían de producir en el cuerpo.
Es, pues, el corazón el que distribuye todas las informaciones. Pero ¿de qué manera «se comunica» con el cerebro y los órganos?
En otra línea de investigación se descubrió que todas las informaciones se transmiten por medio de las emociones. En nuestras emociones están también contenidas informaciones completas, por medio de las cuales nuestro corazón le hace saber al cerebro y a los órganos lo que necesita nuestro cuerpo en un momento determinado.
Pero eso no es todo. A medida que se seguía investigando se descubrió que el campo eléctrico y magnético que emana del corazón no sólo es creado por nuestras emociones, sino que recibe su fuerza a través de otra causa significativa, es decir, a través de nuestras creencias, a través de las cosas en las que creemos profundamente y en base a las cuales organizamos nuestra vida. Todo esto se encuentra como información en la energía que emite nuestro corazón y será transportado con la máxima fuerza de emisión de todo nuestro cuerpo no sólo a nuestro cerebro sino al mundo. Son muchas las frases en las que se encuentra el eco de esta antigua verdad: «Protegía sus cosas con la fuerza de la convicción», «Es el deseo del corazón », «Con la fuerza del deseo del corazón», y, naturalmente, «Con la voz del corazón».

Estas ondas electromagnéticas no sólo están limitadas a nuestro cuerpo, sino que se emiten lejos de nuestro entorno e interactúan con todo lo que nos rodea. Nuestro corazón traduce todas las convicciones, todas las imaginaciones y emociones a otro –un idioma codificado de las vibraciones y las ondas– y las emite.

Las investigaciones del HeartMath Institute han demostrado la importancia de la energía emitida.
- La fuerza eléctrica de las señales del corazón (ECG) es 60 veces más fuerte que la señal eléctrica del cerebro (EEG).
-El campo magnético del corazón es 5.000 veces mayor que el del cerebro.
Así desde nuestro corazón emitimos esencialmente más energía que desde nuestro cerebro.
¿Por qué es tan importante para nosotros saber esto? Sencillamente, porque de esta manera podemos comprender por qué algunos deseos se cumplen tan fácilmente, mientras que otros todavía no se han podido realizar en nuestra vida, aunque nos hayamos esforzado mucho y los hayamos visualizado según nuestra mejor forma de saber y entender.

Gracias a María, Miguel Ángel, Diana y los maestros Bennis y Tichy por enseñarnos cada día más cosas.


1 comentario:

Javier Pérez Caro dijo...

Juan Carlos, me alegro que coincidamos con la recomendación del libro “Criterio”. Es una gran obra.

UN FUERTE ABRAZO