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domingo, 2 de mayo de 2010

Las madres, el perdón y el agradecimiento

Primer domingo de mayo (día de la madre) y dos de mayo, fiesta de la Comunidad de Madrid. La Presidenta Aguirre ha participado en la ofrenda floral en el cementerio de la Florida, homenajeando a los 43 patriotas que fueron asesinados allí en 1808. En la entrega de medallas en la Puerta del Sol, Esperanza Aguirre ha subrayado “la voluntad y el coraje de los madrileños, los auténticos héroes anónimos dispuestos a hacer frente a la crisis, a abrirse camino con esfuerzo y a ser mejores cada día para que lo antes posible iniciemos la senda del crecimiento y el bienestar”. Han recibido la medalla de oro a título póstumo el editor de ABC Guillermo Luca de Tena y la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios. La Gran Cruz del 2 de mayo ha sido concedida a Francia por su apoyo en la lucha contra ETA, al ex secretario general de UGT Nicolás Redondo, el ex presidente del TC Manuel Jiménez de Parga, al fundador de CEIM José Antonio Segurado, a Alberto Contador, a la presidenta de Juventudes Musicales Mª Isabel Falabella y a la actriz Lina Morgan. Las medallas de plata por su labor educativa han recaído en los colegios Ramiro de Maeztu, San Agustín y Cooperativa Gredos San Diego.

Comida familiar en casa de mis padres, obligada en esta fecha. Por la tarde, he estado leyendo La ley del espejo de Yoshinori Noguchi, que me regaló Ingrid Ferrer (Inteligencia Emocional Interpersonal) antes de ayer en el Encuentro Anual Penteo. Más de un millón de ejemplares de este libro vendidos en Japón; el 90% de los lectores nipones han llorado con esta historia. Un relato a medio camino entre el coahicng y las constelaciones familiares. La historia de una madre de 41 años cuyo hijo Yuta está siendo maltratado en el colegio. Contacta con un asesor empresarial que le ayuda a resolver la situación.

Como escribe Noguchi, “con el perdón se consigue la calma”. Primero, uno debe perdonarse a sí mismo (autoaceptación) y después seguir ocho pasos:
1. Hacer una lista con aquellas personas a las que “no podemos perdonar”.
2. Expresar nuestros sentimientos.
3. Buscar los motivos de aquellos actos.
4. Escribir lo que podemos agradecerles.
5. Utilizar la fuerza de las palabras.
6. Escribir aquello de lo que queríamos disculparnos.
7. Escribir aquello que hayamos aprendido.
8. Declarar “le perdono”.

Apenas 100 palabras en un libro de una enorme fuerza. Efectivamente, el perdón y el agradecimiento son muy poderosos.

Después, he estado viendo Amazing Grace, en DVD. Es la historia de la abolición de la esclavitud en Inglaterra. Amazing Grace (“Sublime Gracia”) es un himno litúrgico cristiano escrito en 1772 por John Newton, un antiguo esclavista convertido al cristianismo.

Ignacio García de Leániz Caprile, consultor, coach, profesor universitario y blogger (antiguo compañero en el Andersen de los 80) escribió un Cine de Gestión en Expansión el 20 de septiembre de 2009, que es el siguiente:

La historia real de los esfuerzos del parlamentario británico William Wilberforce por abolir el tráfico de esclavos en la Inglaterra del XVIII nos ofrece una gran lección de cómo unas pocas personas pueden alcanzar con una metodología de gestión adecuada metas y valores aparentemente inalcanzables.
Hay determinadas películas -muy pocas- que si uno las ignora queda como amputado humana y espiritualmente. Y esta, Amazing Grace, es sin duda una de ellas. Si además encierra tan sabias lecciones sobre aspectos gerenciales como el liderazgo, la gestión de proyectos y el trabajo en equipo, nos encontramos ante una obra ineludible en tanto que personas y directivos, lo cual ya significa mucho. Veamos por qué, todo ello acompañado de un recital de actores británicos de primera fila.

La visión y los liderazgos complementarios
Nos situamos en el Londres de fines del XVIII, previo todavía a la Revolución al otro lado del Canal. En el corazón del Imperio británico el tráfico de esclavos desde África hasta el Caribe supone pingues beneficios para las compañías de las Indias y por ende para las arcas del Estado. La inmensa mayoría de la Cámara de los Comunes sanciona y avala está práctica. Muchos diputados poseen intereses particulares en las empresas navieras y forman parte de un lobby más o menos inconfesable. ¿Todos? No; hay un joven común William Wilberforce que desde el principio de su carrera política denuncia en su escaño la aberración que supone el transporte de personas estabuladas como si fueran ganado y el concepto mismo de esclavitud. Tiene, pues Wilberforce una visión muy clara: La esclavitud es un disvalor moral lamentable y como tal debe desaparecer. Ahora bien, la sola visión no basta. Los valores que proclama no son percibidos ni por la Cámara ni por la incipiente opinión pública británica. ¿Cómo hacer que la visión triunfe? En primer lugar soportando el fracaso. Sus proposiciones de ley son derrotadas una y otra vez. Pero soportar el fracaso no es triunfar. El liderazgo visionario de Wilberforce no parece, pues, bastar; hace falta un complemento directivo.
Y aquí entra en escena la extraordinaria figura de William Pitt, el Primer Ministro “tory” más joven de la historia de Inglaterra, con apenas 24 años. Pitt piensa en su fuero interno exactamente igual que su amigo el idealista Wilberforce: la esclavitud y el tráfico de esclavos es algo ciertamente intolerable. Pero la verdad y la convicción solas no sirven para cambiar el voto de trescientos comunes y la indiferencia de la sociedad londinense. Hace falta tiempo, mucha prudencia y una estrategia muy meditada. Al liderazgo visionario de Wilberforce, Pitt ofrecerá un liderazgo metódico, frío y calculador para lograr que en un plazo razonable pueda prosperar el objetivo de su diputado que es a su vez su objetivo secreto como Primer Ministro. En un momento dado le dice Pitt a su vehemente miembro de los Comunes: “En tanto que Primer Ministro te exijo cautela.” “¿Y en tanto que amigo?, pregunta Wilberforce. “Pues como amigo, que la mandes a paseo”, responde tajante Pitt. Y de estos dos liderazgos complementarios y amigables surgirá un plan de acción que nada tiene que envidiar a las mejores prácticas de Project Management.

La gestión de un proyecto de cambio: la abolición de la esclavitud
A lo que se ve, no es nada fácil la meta. Para ello hay que planificar y diseñar cuidadosamente las diferentes fases del Proyecto. El gran problema será cómo vencer las resistencias que un cambio tal provoca en los sujetos “target” del Cambio –los diputados de la Cámara – y en el resto de la sociedad. A tal efecto y comandado por el propio Wilberforce se constituye un “comité de proyecto” compuesto por unas pocas personas: un esclavo liberado, un diputado arrepentido, un joven abolicionista y una activista. Las tareas se asignan y reparten en una demostración perfecta de verdadero “team-building”, transferencia de conocimiento y coordinación: recopilar información, sintetizar los datos, preparar las presentaciones ante la Cámara, identificar los mensajes clave, propagarlos, captar promotores del cambio e influenciadores, etc. Los matices son infinitos: Baste mencionar para el espectador los “speech” en el Parlamento como modelo de elocuencia y presentación eficaz.Para sostener la marcha de este Proyecto tan arduo, se celebra la consecución de los hitos intermedios y se comparten los fracasos y desviaciones en el calendario previsto. El Marketing más eficaz y persistente se confunde con una Gestión del Cambio eficiente y pausada. Y todo ello sin Power Point, Excel, ni diagramas de Gantt. Simplemente, aplicando una metodología sajona dirigida desde la Prudencia (Pitt) y el Entusiasmo (Wilberforce) y cimentada en el rigor y profesionalidad, durante quince años. Cosas que echamos de menos en nuestra gestión diaria de un proyecto, a poco que meditemos. El 25 de marzo de 1807, el Parlamento inglés declaró abolido el comercio de esclavos en todo su Imperio. Esto hicieron algunos hombres buenos con un objetivo común cada uno en su radio de acción e influencia, en pro de un valor moral objetivo –la dignidad humana- que estaba ahí y pocos alcanzaban a verlo. En estos tiempos de colapso moral en la economía y en la empresa, no estaría nada mal ver esta película que parece decirnos: “cualquiera puede ser como estos hombres y mujeres de buena voluntad y gran profesionalidad. Todos pueden serlo, quizá incluso tú misma, yo mismo.” No se la pierdan.”

Excelente crónica de una excelente historia. Aunque quedan muchas esclavitudes. Yoshinori Noguchi nos recuerda al final de La ley del Espejo: “De los 132 millones de niños que nacen anualmente en el mundo, 11 millones mueen antes de alcanzar los cinco años”. Una vergüenza para la raza humana, contra la que deberíamos luchar.