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lunes, 17 de mayo de 2010

La Corporación

Jornada en Madrid. Por la mañana, reunión con el Consejo de Administración de una empresa cliente, líder en servicios sociales, con la que estamos colaborando en el diseño y elaboración de su nuevo Plan Estratégico 2011-2015. Un equipo de verdad, muy implicado en el proyecto, que sabe que trazar el rumbo para los próximos años es esencial para sus 1.000 profesionales (que esperan duplicar en el próximo lustro). Están haciendo una importantísima inversión en tecnología para ser más ágiles y eficientes y, como suele ocurrir, su “talón de Aquiles” son las políticas de Recursos Humanos, desde el perfil de competencias (de momento empiezan a contar con una descripción de puestos) hasta su modelo de Liderazgo para la dirección y los mandos intermedios. Mucho hecho, mucho por hacer.

Por la tarde, con unos cuantos compañeros de Eurotalent, hemos estado revisando para un proyecto el Diccionario de Competencias de una gran institución del Estado, también cliente. En la medida que cuenten con perfiles de talento eficaces, la selección, la promoción, la gestión del desempeño, formación y desarrollo, la retribución y compensación serán mucho más potentes. En momentos difíciles como los actuales, gestionar el talento profesionalmente marca la diferencia. No te quepa duda.

He estado leyendo uno de estos días La Corporación, del australiano Max Barry. Una novela de empresa que el autor dedica a la multinacional (que no voy a nombrar, para no hacer mala publicidad) en la que estuvo varios años para recabar información. Se trata de una divertida parodia que en Estados Unidos ha vendido más de 50.000 ejemplares (best-seller del New York Times).
¿De qué va La Corporación, con un Donut mordisqueado en la portada? De una empresa, Zephyr, en la que nadie ha visto al CEO (Consejero Delegado), aunque está presente en todas las conversaciones entre empleados. La recepcionista, guapísima, cobra el doble que los demás y raramente está en su sitio. Los agentes comerciales usan libros de autoayuda como textos de formación. Nadie tiene muy claro a qué se dedica la empresa realmente. El protagonista, Jones, al que contratan y ascienden el primer día, acabará descubriendo cuál es la “misión” de esta corporación.
La verdad es que es entretenida. Y tiene frases ocurrentes, como “de momento, lo único que le han mostrado (al nuevo) son una serie de vídeos corporativos de motivación, uno de los cuales contenía palabras resonantes como “trabajo en equipo” o “mejores prácticas”, y otro que presentaba a unos cuantos actores de finales de los ochenta hablando sobre el servicio al cliente”. Misión de la empresa: “Corporación Zephyr pretende alcanzar y consolidar una posición de liderazgo en los mercados seleccionador por la empresa a través de oportunidades de crecimiento rentable basadas en el establecimiento de fuertes relaciones entre unidades empresariales internas y externas, así como en la coordinación de un enfoque estratégico y sólido con el fin de conseguir los máximos beneficios para los stekholders”. No es la estupidez más grande que Stephen Jones haya leído, pero se le acerca mucho.
O “según los rumores, Recursos Humanos está extrayendo células de la piel de los mejores agentes comerciales para criar clones en probetas con el find e liberarlos con los programas de prácticas”. O “cuando baja el precio de las acciones siempre se trata de una reacción exagerada del mercado a cuestiones no relacionadas con el desempeño. Cuando sube, en cambio, se debe a la brillantez de la directiva y se recompensa con stock options”. O “Cómo Sydney se convirtió en directora es algo que continúa siendo un misterio. Sólo hay dos posibilidades: la primera es que la Dirección General confundiera sus diatribas con motivación y compromiso con la excelencia; la otra es que supieran que es una psicópata paranoica y que ese fuera exactamente el tipo de persona que querían para el puesto”. O “las anécdotas de los viejos tiempos son como los cuentos de hadas, sueños de un mundo que ya no existe. Se basan en la idea bizantina de que la gente merece un trabajo. Los recién licenciados lo tienen muy claro: les han enseñado que no”. O “Los beneficios principales de un puesto en Dirección General son mayor estatus y mayor salario. Los inconvenientes son la disminución del tiempo libre y mayor estrés. Por eso, es lógico que las personas que terminan trabajando en Dirección General sean aquellas que se sienten más motivadas por el dinero y el estatus, y menos interesadas en perder tiempo con los amigos y la familia”. O “¿Dónde está cinta sobre ética? ¿La que ponéis para los inversores que se inquietan?”

Muy mordaz el autor de la Corporación. Como dice una amiga de Max Barry a la que incluye en los acontecimientos, Kassy, “sería muy divertido si no fuera mi vida”. Cuidado con sufrir entornos tóxicos.

Mi homenaje a Pep Guardiola, a quien todos coinciden en señalar como justo ganador de la Liga. Ayer estuvo, como siempre, a la altura de las circunstancias. Agradeció a su todavía Presidente Laporta su labor. Al rival, un gran equipo, el empeño. A la afición, a la que “le debe una” (por la eliminación de la Champions). Y por supuesto al equipo, al que atribuye todo el mérito. El Liderazgo Guardiola se toma vacaciones por unas semanas. Bien merecido lo tiene.