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sábado, 13 de marzo de 2010

Tiempo para emocionarme

Este sábado ya tiene pinta de primavera.

Por la mañana he dado dos clases de 90’, las dos primeras, en el MBA Executive 2010 de la Escuela de Negocios San Pablo – CEU. Una edición del Máster bastante especial por las dificultades económicas del entorno (me consta que varios alumnos se han pagado ellos mismos el postgrado, y no sus empresas). He hablado de Talento, de Capacidad y Compromiso, del poder de las Emociones y de cómo todo ello influye a nivel individual, de equipo y organizativo. Óscar del Moral, coordinador del CEU que generosamente ha querido estar con nosotros, ha recordado respecto al talento la figura de Miguel Delibes, sus vicisitudes para convertirse en el gran escritor que admiramos y cómo decía de su mujer que era “su mejor mitad”. Delibes me inspiró para estudiar Derecho para aprender la belleza y precisión de la lengua, y eso es precisamente lo que tratamos de hacer respecto al Talento y el Liderazgo: ser precisos y en cierto modo rigurosos (al definir el Talento, la Capacidad, el Compromiso, la Motivación, el Equipo, el Liderazgo, el Clima, etc.) para aplicar eficazmente todos estos conceptos.

Por la tarde, he ido con mi hija Zoe al teatro. Mi amigo Fernando Riaño (Barclays) me había invitado a ver una obra de Enrique Jardiel Poncela. Como homenaje a Delibes y para que podamos apreciar el valor del lenguaje os incluyo parte del correo que me mandó para invitarme (no te he pedido permiso, Fernando, pero apelo a tu demostrada generosidad y me imagino que no te importará):

“Me tomo la licencia de adjuntarte una propuesta que espero puedas aceptar.
El sábado, y dentro del proyecto del Grupo de Teatro de Barclays, realizamos la que podría ser nuestra última representación de "Ponceladas; adaptación de madre, el drama padre", de Poncela (adjunto una breve sinopsis e historia del proyecto). En efecto, también estamos ahí metidos. A lo largo de 2010 hemos realizado ya cinco actuaciones, todas benéficas; en todas hemos recaudado fondos para diferentes proyectos e iniciativas solidarias. Te adjunto el cartel y el lugar de la actuación (Colegio Cardenal Spínola).
Tan sólo tienes que decirme si te encaja y puede ser, así como las personas que te acompañarían. Estoy seguro de que tu hija pasará un rato ameno y divertido en la representación.”

“Ponceladas” es una versión de “Madre, el drama padre”, de Enrique Jardiel Poncela (1901-1952). Se trata de una divertidísima obra estrenada en 1941, que significaba el ataque definitivo, desde la ironía, contra los melodramas y el espectáculo lacrimógeno tan de la época (y de la nuestra, si pensamos en los culebrones y en la prensa del corazón).

Desde nuestra llegada al Teatro, todo han sido sorpresas positivas. En primer lugar, porque la recaudación se ha destinado a la Fundación Síndrome de Down de Madrid. Buena parte del público han sido estas personas especiales, con sus familiares y amigos. Inevitable acordarme de mi buen amigo Gabriel Masfurroll (que hoy escribía admirativamente en Marca sobre Pep Guardiola, Edurne Pasaban y Albert Costa) y su Fundación Álex. Después, por lo bien organizado que estaba todo en un teatro relativamente grande. Más tarde, por un precioso vídeo de la Fundación Síndrome de Down Madrid en agradecimiento a la Fundación Barclays, y finalmente por la propia obra, con la que nos hemos reído a mandíbula batiente.

El proyecto teatral de la Fundación Barclays está compuesto por 18 voluntarios, profesionales del Banco, que desinteresadamente han dado forma a un ilusionante proyecto en torno al teatro. Tras más de tres años de andadura artística, cuentan con dos obras en cartel, una destinada al público infantil (“El Desván Mágico”) y la mencionada de Jardiel Poncela. En junio de 2010 estrenarán una nueva (me han dicho el título y el autor, pero mantendremos el suspense) que seguro que será un gran éxito. Durante los fines de semana (en el caso de “Ponceladas”, en una docena de veces anteriores) actúan y lo recaudado lo destinan a grandes obras como la Fundación Síndrome de Down. Recientemente han actuado en el teatro del Hospital Ramón y Cajal, el Hospital de Parapléjicos de Toledo, Mensajeros de la Paz, el Palacio del Duque de Pastrana o el Teatro del Colegio de San Agustín.

Madre (el drama padre) es una estupenda obra de Jardiel Poncela (la transformación de una especie de drama griego en un enredo surrealista), y el Proyecto Teatral de la Fundación Barclays ha sabido, querido y podido estar a la altura de las circunstancias. Dirigidos por David Ojeda, con vestuario y escenografía de Elsa Clavel y maquillaje de Sara Akkad, la función ha brillado a muy alto nivel.

La obra trata de Maximina (Paz Garcés) que ha ganado el premio del Duque de Cuellar (dos millones de pesetas de principios de los 40, tras la Guerra Civil) por haber tenido cuatro hijas. Viuda, pasa las tardes juntos a sus amigos Santurce (Fernando Riaño) y el Dr. Espinosa (José María Castellón), en tanto que su criada Obdulia (Soledad Parada) y su mayordomo Jerónimo (José Antonio Pajares), con quien tuvo amoríos tiempo atrás y que quiere trabajar gratuitamente en la casa por verla cada día, se ocupan de las niñas. Con cierta frecuencia pasa por la casa (para “hacerle el amor” a Maximina, que es como en esa época se llama al cortejar) el inspector de la Fundación del Duque de Cuellar, el abogado Leoncio González Adefesio (el segundo apellido da mucho juego), interpretado por Javier Vilés. En el primer acto aparece Florencio Baselgo (Francisco Díaz), tío de las niñas, presidiario y mentiroso, que es el que arma todo el enredo.

Quince años más tarde, las jóvenes Adelina, seria y sarcástica (Cristina Llana); Josefina, divertida por su risa floja (Lorena Elena); Catalina, con vocación de ingresar en un convento (Olga Gallego) y Cristina, muy decidida y directa (Sara Angulo) se van a casar en la misma ceremonia con sus novios, llamados por la madre “los tres cerditos y el lobo feroz”: Cecilio, el lobo (Beatriz Morilla); Basilio, un rapsoda al que las chicas llaman “el difunto poeta Zorrilla” (Lourdes García), que libera su emocionalidad componiendo ripios; Emilio, el Ripalda (Rocío Morales) y Atilio, que repite la exclamación “¡Imponente!” (Cristina Pellón). Acompañan a las cuatro parejas, la tía Visitación (Carmen Ausín) y la sobrina, Raimunda (Mª Eugenia Ahijado). Antes de la boda, aparece un asesino llamado Olegario (Emilio Acevedo), que rinde devoción a Leoncio González Adefesio y ha “tachado” a cuantos pudieran molestar a Leoncio.

En esta obra están todos los grandes elementos de Jardiel: situaciones inverosímiles bajo la apariencia de un thriller detectivesco, la utilización exquisita e ingeniosa del lenguaje para hacernos reír, el dominio de la situación dramática con acertados giros imprevistos y trasfondo intelectual profundo (por ejemplo, la madre, Maximina, repite “no tengo tiempo para emocionarme”) que queda en el espectador para la reflexión.

¡Qué bien elegida la obra por el Proyecto teatral de la Fundación Barclays! ¡Qué magníficamente interpretada (sorprende, y mucho, que un grupo teatral aficionado consiga un resultado tan profesional; es, a buen seguro, resultado de horas y horas de ensayo y de una pasión y un entusiasmo desbordantes)! ¡Qué bien lo hemos pasado y con qué sensación tan positiva hemos salido del teatro! Con la que está cayendo, parece que dedicar el tiempo libre al teatro y a la RSC no tiene sentido. Pues es precisamente lo contrario: la grandeza humana aflora en iniciativas como ésta.

Tras la obra, Zoe y un servidor hemos podido agradecer tras la obra la invitación a Fernando Riaño, conocer a su esposa, Marta, y saludar y felicitar a buena parte del elenco. Este proyecto teatral es Responsabilidad Social Corporativa como a mí me gusta. Desde el puro voluntariado, crear arte mediante el trabajo en equipo y recaudar fondos para buenas obras. Estoy convencido de que todas las personas que hemos asistido a la función, grandes y pequeños, nos sentimos desde hoy más cerca de Barclays.

Jardiel murió a los 50 años de cáncer, arruinado y olvidado. En su nicho figura su epitafio: “Si queréis lo mejores elogios, moríos”. Ojalá hayamos aprendido la lección y nos atrevamos a elogiar y admirar para aprender antes de que sea demasiado tarde.