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martes, 23 de marzo de 2010

El poder, la fuerza y el miedo

Trabajo en la oficina de A Coruña, comida con Enrique y Mar en el Club Financiero de la ciudad y por la tarde salida a Santiago a participar en el Cine Fórum de APD que se celebraba en Compostela a partir de las 18.30 en los Cinesa del Centro Comercial Área Central.

Ha sido el primer Cine Fórum en Santiago de Compostela, en pleno Xacobeo. Los dos anteriores en Galicia fueron en diciembre (con la película Ágora, de Alejandro Amenábar, sobre el valor de la tolerancia). Como solemos decir, “el cine es el método del caso del siglo XXI” y hoy la película que nos ha invitado a reflexionar es Shuttle Island, de Martin Scorsese.

Shutter Island es una de las mejores películas del año (casi 45.000 internautas de IMDB la otorgan un 8’1 sobre 10) y Scorsese para muchos el mejor director de cine en activo. Con una estructura de cine negro (por tanto, altamente verosímil), nos presenta las pesquisas de Ted Daniels (Leonardo di Caprio), un agente federal que participó en la liberación del campo de exterminio de Dachau durante la II Guerra Mundial y que ha sufrido la muerte de su joven esposa. Una historia verosímil en la que apreciamos los vericuetos de su mente, altamente inversosímiles.

Tras la salutación de Santiago Sesto Gontán, Director General de APD Noroeste, y antes de la proyección de la película, me he permitido recomendar a los asistentes que se fijaran en los tres tándem que forman parte de la cinta. El formado por los dos investigadores, Daniels y su compañero Chuck Aule (en inglés, “chacal”), el de los psiquiatras, el Dr. Cawley (Sir Ben Kingsley) y el Dr. Naehring (Max Von Sydow), y el de los carceleros (Ted Levine y John Carroll Lynch).

En el coloquio posterior a la película hemos intervenido Loreto Fernández Fernández, Directora de la Cátedra Bancaja de emprendedores de la Universidad de Santiago de Compostela; Belén Varela Romero, Socia Fundadora de RH Positivo y BIU; Susana García Fernández, Directora y Terapeuta de Centro Bandura, psicólogos de conducta, y un servidor. Hemos hablado de la reflexión que provoca una película como ésta: la delgada línea entre la salud y la enfermedad mental, los shock post-traumáticos, la actual “era del miedo” (Belén se ha referido al artículo de John Carlin de ayer, sobre el que he podido hablar con él esta mañana: como somos una sociedad colmada de dones, necesitamos sufrir el riesgo virtual permanentemente), de la importancia de compartir, de la inteligencia emocional, del emprendizaje y el fracaso… De forma metafórica, los guardianes de Shutter Island (de este mundo de locos) serían la dirección, y especialmente la dirección financiera (el principal dice en la película: “Dios ama la violencia”); los psiquiatras los de RRHH, partidarios de la “paz social”, aun llenándonos de pastillas, y el protagonista, Teddy Daniels (un “osito Teddy” criado por los lobos, según bromea con el Dr. Naehring la primera vez que conversan) cada uno de nosotros. “Se inventa historias muy elaboradas para no asumir su responsabilidad”, le dice el personaje que interpreta Ben Kingsley a Daniels al final de la cinta.

Responsabilidad, emociones, felicidad… De todo ello hemos hablado. El público ha participado, y mucho, lo que es de agradecer. Esperemos que esta crisis actual nos enseñe cosas importantes para no tropezar más veces en la misma piedra.

Después, Santiago Sesto nos ha invitado a una cena entre amigos en un local del mismo centro comercial, donde hemos hablado de lo divino y de lo humano.

Tenemos que sacar momentos de reflexión para degustar una película de calidad como Shutter Island y descubrir en ella aspectos útiles para nuestra trayectoria profesional y nuestra vida. No nos queda otra si queremos aprender.

1 comentario:

Manuela Gómez dijo...

Juan Carlos, he asistido ayer al Cine Fórum y ha sido un lujo. Una película embriagadora, un tema apasionante, y el coloquio, una acertada sucesión de ideas, sólida, al tiempo que fresca y optimista. Personalmente, ha sido una experiencia nueva y enriquecedora. Me siento afortunada, además, de poder leerte. Gracias