Páginas vistas en total

lunes, 11 de enero de 2010

El fin del Capitalismo

Esta tarde (tras haber estado trabajando en casa, debido a la nevada, que no hubiera clase en los colegios y que mi pupila de coaching de hoy ha tenido la generosidad de pasarme la sesión de hoy a mañana), he ido a ver en versión original subtitulada Capitalismo: Una historia de amor, el último film de Michael Moore.

Me ha encantado este nuevo documental de Moore. Nos enseña el claro paralelismo entre la caída del imperio romano y la caída del imperio americano (estoy seguro de que Javier Fernández Aguado y Antonio Ortega, grandes expertos en la historia, estarían de acuerdo con estas similitudes) y nos muestra lo salvaje que este sistema en el que el 1% de la población acumula tanta riqueza como el 99% restante, en el que Wall Street ha tomado el poder (impresionante que los Secretarios del Tesoro, con Clinton y con Bush, fueran ex Consejeros Delegados de Goldman Sachs), en el que se engaña a la población, en el que los pilotos ganan menos de 20.000 dólares al año, en el que el Congreso de EEUU aprueba el “rescate” de los principales bancos, en el que se pierden 14.000 empleos diarios, en el que pierden su hogar millones de norteamericanos. Una cinta profunda y estramecedora, en el que Obama aparece como una milagrosa esperanza y en el que el sueño de Roosevelt (una segunda “Declaración de Derechos”, el 11 de enero de 1944, hace 66 años) quedó como una quimera:
- el derecho a un trabajo útil y remunerado en las industrias o tiendas o granjas o minas de la nación. El derecho a ganar lo suficiente para obtener suficiente comida, ropa y ocio.
- el derecho de cualquier granjero a cultivar y vender sus productos a un retorno que le dé a él y a su familia una vida decente.
- el derecho de cualquier empresario, grande o pequeño, a comerciar en una atmósfera libre de competencia injusta y de monopolios interiores y exteriores.
- el derecho de cualquier familia a un hogar decente.
- el derecho de cuidado médico adecuado y la oportunidad de disfrutar de una buena salud.
- el derecho a una protección adecuada de los temores económicos de la vejez, la enfermedad, los accidentes y el desempleo.
- el derecho a una buena educación.

20 años después de su primera película, Roger & Me, Michael Moore nos sigue sorprendiendo y (en el mejor de los sentidos), escandalizando. Agita nuestras conciencias y nos mueve a la acción, a la lucha.

Un servidor cree que, después del 11-S (el momento en que empezó el siglo XXI), hemos abandonado el capitalismo (el sistema en el que el capital es el recurso más escaso) y entrado en el talento (el talento es más escaso que el capital). Sin embargo, en esta crisis de valores (Moore contrapone con acierto capitalismo, el poder de muy pocos, y democracia, el poder del pueblo), todavía nos comportamos como si no fuera así.

Tres ejemplos: ayer mi admirado José Antonio Marina comentaba el fallecimiento del teólogo Edward Schillebeeckx, autor (según JAM) del mejor libro sobre Jesús de Nazaret. “El cristianismo no es teología, un saber sobre Dios, sino una teopraxia, un actuar divino, definido como un ágape, un amor creador hacia los humanos. Como escribió Maurice Blondel: “Pensar a Dios es actuar”. A Dios no se lo conoce, se lo realiza, por eso la ética es la culminación y el criterio de las religiones. Esa es la tesis que defendí en “Dictamen sobre Dios” y por eso me alegró leer un texto de Schillebeeckx que decía aproximadamente lo mismo, pero con la garantía de sabiduría: “Lo decisivo (para la responsabilidad religiosa) no es el expreso reconocimiento o la negación de Dios, sino la respuesta a la pregunta: ¿qué lado eliges en la lucha entre el bien y el mal, entre los opresores y los oprimidos?”. Fue llamado al orden por el Vaticano”. Moore pregunta, en su última pregunta, al cura que le casó, a su superior y al obispo de Chicago qué opinaría Jesús del capitalismo, y la respuesta de todas las autoridades religiosas es contundente: el capitalismo encarna los males que ha de combatir el cristianismo.
En el mismo periódico de ayer, un artículo mostraba el poder del corporativismo sindical en España: 2.300 controladores aéreos que cobran una media de 375.000 euros al año y son los menos productivos de Europa. 3.000 pilotos en activo que ganan hasta 6.000 euros mensuales por volar 90 horas mensuales, más de 5.000 maquinistas de tren que ganan entre los 43.000 y 53.000 euros anuales, 6.700 estibadores cuyo salario supera los 60.000 euros. Todos con alta afiliación a sus sindicatos profesionales.
Y la alta correlación, como podemos comprobar en el último informe del CIS de diciembre de 2009, entre nivel de estudios y estatus socio-económico: el 71’5% de la clase alta tiene estudios universitarios, el 79% de las clases medias tiene estudios primarios o secundarios, el 70% de los obreros cualificados y el 75% de los obreros no cualificados han estudiado como mucho hasta primaria. Para salir adelante y prosperar, nada como la educación. Deberíamos repetirlo todos los días y no dejar que nuestros hijos caigan en la trampa de la falta de esfuerzo.

El talentismo, que es un humanismo, es el “término medio virtuoso” entre el capitalismo salvaje y el comunismo burocrático.