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martes, 8 de diciembre de 2009

¡Qué paranormal es todo!

Esta mañana hemos ido, a petición de mi hija Zoe, a ver Spanish Movie, la parodia de éxitos del cine español. Una película entretenida. No es que te partas a carcajada limpia, pero pasa un buen rato. Un servidor fue, como casi todo el mundo de su generación, a ver Aterriza como puedas, y me he librado de Scary Movie, Casi 300 y similares. En fin, que no está mal. A diferencia de rollos de esta temporada como Qué les pasa a los hombres, Julia & Julie o Good, ésta se deja ver.
Además, como bromea sobre Mar adentro, Abre los ojos y Los otros, sobre Volver, sobre Alatriste, sobre El orfanato, El laberinto del fauno, Yo soy la Juani, REC y Los lunes al sol (“Los lunes alcohol”, en la película), entre otras, te das cuenta de cómo Almodóvar crea un universo propio a partir de las historias de La Mancha (¡Qué lastimica!, como diría irónicamente mi amiga Leonor Gallardo) y Amenábar crea una historia pretendidamente universal a partir de sus reflexiones sobre la vida y la muerte. Por otro lado (o no), ¿tan similares son El Orfanato y Los otros que sus protagonistas (Belén Rueda, Nicole Kidman) pueden fundirse en una? Divertidos los cameos de Buenafuente haciendo de David el gnomo (no es “siete veces más fuerte que tú” ni “siempre está de buen humor”) y de su “sobrino televisivo” Berto como Pitufo. Me gusta que el cine español tenga títulos en la mente de todos que parodiar. Evidentemente, no es un “western” como Bienvenido Mr. Marshall, ni un “thriller” como Atraco a las 3, pero esta Spanish Movie será un éxito de taquilla (ya se está encargando Telecinco de publicitarla convenientemente).

Por la tarde, he terminado el libro Pensar como un mago, del italiano Matteo Rampin. Subtitulado Resolver problemas con el pensamiento ilusionista, es un texto que explora las técnicas de ilusionismo (en la magia, en la guerra, en la novela negra) para “construir” creativamente los problemas en lugar de darlos por imposibles de resolver.

El “toque de Houdini” es diferenciar entre lo que es imposible hacer y lo que es imposible pensar (o, como escribió nuestro compatriota Séneca, “no es porque las cosas sean difíciles por lo que no nos atrevemos a emprenderlas; es porque no nos atrevemos a emprenderlas por lo que nos parecen difíciles”). Arnold Hildesheimer, en El mundo de las dimensiones no habituales, apuntó: “La naturaleza puede dar respuestas distintas a las mismas preguntas, según la manera que le son formuladas”. Por ello los ilusionistas son maestros en la construcción de ilusiones perfectamente persuasivas. Desde la apariencia de lo imposible, cambian nuestro modo de pensar. “El prestidigitador que quiere crear una nueva ilusión debe colocarse en la mente del espectador, analizar sus procesos mentales, descomponerlos, poner al desnudo sus debilidades, los automatismos reflejos, los atajos, y luego identificar los puntos donde actuar a fin de subvertir los esquemas perceptivos habituales”. Algo similar (aunque con un propósito muy diferente) hacen los carteristas, los estafadores y los atracadores, los novelistas de misterio, los constructores de laberintos, los genios militares, los que curan con las palabras (como Milton Erickson)… Mientras veía el partido del Madrid en Marsella, pensaba: ¿No es Cristiano Ronaldo un ilusionista?

Paradojas, que nos recuerdan que “la realidad siempre tiene muchos posibles significados distintos, cuando la mente se conforma con ver las cosas de forma siempre igual”. Así lo comprobamos en las novelas policíacas, en las estafas, en las grandes batallas, en el espionaje, en la psicoterapia, en los trucos de magia. Principios como “el honesto deshonesto”, “el doble engaño”, la argucia de Bocaccio (un amante descubierto al que el marido le corta el pelo para acusarle a la mañana siguiente, y corta el pelo por la noche a todos sus compañeros para salvarse; una variante de ésta la propuso un servidor cuando trabajaba en una multinacional. Venía el gran jefe mundial, alemán, a darnos una charla. Lo normal es que fuera en inglés, pero muchos colegas no eran bilingües y quedaba muy mal usar traducción simultánea. Le sugerimos que, en lugar de en la “lingua franca” de la firma, se expresara en su lengua materna para estar más cómodos. El teutón quedó encantado y todos nos pusimos los casos de traducción), la introducción de un elemento nuevo en la formulación inicial del problema (por ejemplo: “¿si Dios es omnipotente, puede crear un objeto que él no pueda levantar?”), las inocentadas…

La finalidad del ilusionista es “cómo hacer imposible la explicación de un acontecimiento a un testigo directo, atento, medianamente inteligente y consciente del hecho de que va a ser engañado”. Ahí es nada. Aplicaciones: militares (Stalin sabía que su pacto con Hitler le situaría entre los vencedores en la II GM y Roosevelt que Japón atacaría “por sorpresa”), deportivas (“pueden porque creen que pueden”, Virgilio), psicológicas (la hipnosis científica moderna de Milton Erickson), sociales (el alcalde de Milán que felicita y premia a los grafiteros, para que dejen de ser transgresores), motivadores (conseguir que un equipo libere su angustia de competición y “se divierta”), laborales (“cargos” para elevar el rendimiento; “ceder” los derechos de un producto, como JVC con el VHS, para evitar las “ilusiones monopolísticas” del Beta de Sony; Olivero Toscani eliminando las prendas de Benetton de las imágenes publicitarias; la idea de “gratis”)…

Y la última, la de Giacomo Casanova como “replanteador radical del problema de la seducción”. “La mujer no es seducida por la belleza o por la potencia del hombre, sino por el placer que siente cuando está con él. Y sólo hay un placer que cualquier hombre puede dispensar a una mujer, y al que cualquier mujer sucumbe fatalmente: la sensación de ser la mujer más importante del mundo”. Muy brillante este libro de Matteo Rampin. Como dice una manchega en Spanish Movie, ¡Qué paranormal es todo!