Páginas vistas en total

miércoles, 21 de octubre de 2009

Pasividad, Avaricia


Barcelona me ha despertado hoy con el Diluvio Universal. Desde la 10ª planta del Hotel 10 Marina, desde donde se ven la Torre Mapfre y la Torre del Hotel Arts, el nuevo edificio de Gas Natural y el Mediterráneo, la lluvia era incesante y el cielo plomizo. Auguraba un día de perros, que los profesionales del Hotel han aliviado prestándonos paraguas y pidiendo taxis a toda velocidad (“clase creativa en estado puro”).

Y sin embargo, ha sido un día estupendo. No sólo porque ha mejorado la climatología desde media mañana, sino porque las diferentes reuniones que he mantenido han sido a cada cual mejor. La primera, sesión de coaching con una Directora de RRHH que está creciendo enteros en su pensamiento estratégico, en su valentía y en su reflexión consciente sobre lo que ocurre a su alrededor y sobre cómo defender los valores de su empresa (que son en los que cree, sin lugar a dudas) desde la tolerancia.

Después, reunión con la Generalitat para un estudio de Clase Creativa. Estoy convencido de que va a ser el más puntero realizado hasta la fecha. Algo verdaderamente especial. Ya con sol en la ciudad condal, me ha dado tiempo a darme un precioso paseo por las librerías desde el final del Paseo de Gracia (Roquer, donde he comprado algunos libros) a la Rambla de Catalunya, pasando por Ferran y Excellence (que se traslada a la calle Balmes). Una maravilla. Librerías que quiero desde hace mucho tiempo (y en las que he hecho presentaciones de mis libros, como Excellence) a librerías nuevas, completísimas.

He quedado a comer con los periodistas Borja Vilaseca e Irene Orce, una pareja maravillosa, en un restaurante de Gran Via de las Corts Catalanes. Son unas personas muy muy especiales, que transmiten y contagian felicidad. Están profundamente enamorados, no sólo entre ellos, sino de la vida en general y están haciendo una labor muy importante (en El País y en La Vanguardia, respectivamente) de difusión de los valores, de la inteligencia emocional, del coaching, de la espiritualidad. Lo he pasado con ellos de maravilla y han tenido la amabilidad de llevarme al World Trade Center, en el puerto, donde tenía una reunión a las 16.30 h.

Había quedado en Amgen, una compañía biotecnológica que sin duda es una de las mejores empresas para trabajar. Figura en los distintos estudios (Top Employers y Leading Managers de CRF, Best Places to Work) sistemáticamente como una de las preferidas. He estado con su DG, un directivo al que aprecio mucho. Hemos estado hablando de estilos de Liderazgo, de Clima, de Valores, de Cultura Corporativa, de cómo combinar exigencia y disfrute… Me ha regalado un vídeo, titulado Pequeñas imperfecciones, que es muy interesante. Y, por supuesto, hemos hablado de Pep Guardiola (Jordi es un culé confeso, muy orgulloso de serlo) y de lo que las empresas pueden aprender de él. Después, he estado con RRHH preparando futuras iniciativas.

En la prensa de hoy, Pasividad. Así titulaba hoy Enric González su columna Cosa de Dos en El País: “Ya sabemos por qué los sindicatos permanecen pasivos: con subvenciones y subsidios acaba uno acostumbrándose a la crisis. La pasividad, sin embargo, no es sólo de los sindicatos, que al fin y al cabo son lo que son y representan lo que representan”. Para Enric, “el fenómeno es general” porque, aunque hay muchos motivos para enfadarse, el personal no protesta “especialmente los jóvenes”. Aunque están más interconectados que nunca, “la red, ha salido, de momento, de lo más sumisa. Cada uno cuelga o vomita su texto o su comentario iracundo y ahí nos quedamos: en el mejor de los casos, un mosaico de desahogos; en el peor, un océano de conformismo nihilista”. Y finaliza: “Según parece, nos resignamos. ¿Las cosas van mal? Ya las arreglará Obama. Para eso le votamos, ¿no?”

También en El País, el artículo de la escritora Monika Zgustova, La sonrisa cansada de Vaclav Havel. El intelectual y ex presidente de la República Checa no deja de asombrarse del profundo poso que el comunismo ha dejado en la mentalidad de sus compatriotas. Consideró la caída del telón de acero hace 20 años como un triunfo contra la soberbia y el poder totalitario, pero ahora llama “capitalismo mafioso” al sistema poscomunista. Así funcionan las dictaduras, hasta después de muertas.

Y Ken Blanchard, a sus 70 años, explica en La Contra de La Vanguardia que “todo nuestro sistema se fundamenta en el fomento de la avaricia sin límites”, “ahora se acumula sin ni ninguna relación con la economía productiva” porque nuestro sistema –desde preescolar hasta la jubilación- nos está educando para que confundamos nuestra autoestima con los resultados. Y forma acumuladores compulsivos obsesionados con lograr resultados cuantificables”. “La generosidad se aprende, y no la estamos enseñando”. Los Maddoff son esclavos de esa mentalidad avariciosa de esta sociedad. Las notas pervierten, dice Ken. Blanchard apuesta por “un líder que sirve y no un líder que se sirve de los demás”. Y tal vez lo más demoledor”: “Convertir la política en profesión es pervertir la democracia”. La sabiduría del Dr. Blanchard es incontestable.
Un servidor cree, En cualquier caso, que hay motivos para la esperanza.