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lunes, 12 de octubre de 2009

Los actores se confiesan

Día de la Hispanidad. Me ha dado cierta vergüenza el abucheo al Presidente del Gobierno de España. No sólo “Hoy no es el día” (porque era un acto de Estado, como dijo el alcalde de Madrid), sino que nunca es el día para abuchear al Primer Ministro de nuestro país, que nos representa a todos (lo haga mejor o peor): Nos estamos pasando de partidismo. Esos “ritos”, como ha dicho José Luis Rodríguez Zapatero, nos devalúan como nación. Hay maneras mucho más civilizadas de mostrar nuestro descontento ante un dirigente, pero no en el acto de las fuerzas armadas que conmemora el día de la Hispanidad.

Un servidor lo ha celebrado esta tarde con un buen libro, 25 actores se confiesan, de José Aguilar (no el José Aguilar experto en dirección de empresas, en gestión del compromiso, galardonado como conferenciante del año en Manager Business Forum y al que admiro mucho, sino el José Aguilar periodista, Premio Mariano José de Larra 2004 al que todavía no tenía el gusto de conocer). Se trata de una serie de entrevistas con varios de los mejores actores de nuestro país, de teatro y cine.

En el libro aparecen las opiniones (junto a sus obras en cine y teatro) de varias generaciones de grandes actores:
- los de más de 70 años, como Arturo Fernández (1930), Alfredo Landa (1933), Álvaro de Luna (1935), Antonio Ozores (1928), José Luis Pellicena (1933), Pepe Rubio (1971), José Sazatornil (1928) y Manuel Zarzo (1932).
- los de más de 60 años, como Paco Algora (1948), Manuel de Blas (1941), Xavier Elorriaga (1944), Manuel Galiana (1941), Juan Luis Galiardo (1940), Emilio Gutiérrez Caba (1942), Ramiro Oliveros (1941), Andrés Pajares (1940), Eusebio Poncela (1947), Pedro Ruiz (1947) y Máximo Valverde (1944).
- los de más de 40 años, como Gabino Diego (1966) y Jorge Sanz (1969).
- los de más de 27 años, como Mariano Alameda (1975), Carlos Castel (1980).
- De edad indefinida: Francisco Valladares

En general, comprobamos en las distintas opiniones el talento entendido como esfuerzo y como disfrute, la admiración por los actores y actrices que han interpretado hasta el final de sus días (como Aurora Redondo, por ejemplo), lo mal que está la escena en estos momentos (varios se quejan de que hay actores jóvenes a los que no se les entiende nada).

Me han gustado mucho las opiniones de mi amigo Juan Luis Galiardo (“hay demasiados egos luchando por ganar la batalla de las vanidades”, “España es un país despreciativo que no sabe valorar a los artistas en su justa medida”); de Mariano Alameda, que participó en la clausura del Curso Superior de Coaching (“el actor que lo hace bien es el que se cree el personaje”); de Xavier Elorriaga, con quien también he compartido ponencia en un curso de verano y en el festival de San Sebastián (“Lo más importante es que te mantengas fiel a tus principios por encima de lo que a ti te conviene. Eso es ser persona.”); de Paco Algora (“en la fama, el dinero y el poder te dejas el alma”); de Manuel de Blas (“He sido muy ambicioso porque yo no quería quedarme sólo con la carrera. A mí me interesaba todo lo demás, y al final todo no se puede hacer. Vivir el día a día con los tuyos es muy importante”); de Gabino Diego (“los cineastas más importantes son Berlanga, Buñuel, Saura y Almodóvar”); de Arturo Fernández (“me parece que el término suerte lo inventó un fracasado para poder decir: “No tengo suerte”); de Manuel Galiana (“mi cabeza dirá cuándo debo parar”); de Emilio Gutiérrez Caba (“Tampoco hay que estar todo el día mirando hacia atrás, porque eso te impide poder avanzar”); de Alfredo Landa (“estoy muy orgulloso del landismo”); de Álvaro de Luna (“en España tenemos grandes creadores y es una pena que no reciban más apoyo”); de Ramiro Oliveros (“aceptamos las ideas inteligentes, vengan de donde vengan”); de Antonio Ozores (“En la vida nada tiene tanta importancia como para preocuparse”); de Andrés Pajares (“lo peor es cuando tienes un vacío de trabajo, entonces todos éstos vienen a por ti”); de José Luis Pellicena (“la vida del teatro no es sacrificada, es muy divertida”); de Eusebio Poncela (“he luchado por componer ese icono que para algunos soy”); de Pepe Rubio (“hay mucha golfería, lo que ocurre es que yo he pasado de largo”); de Pedro Ruiz (“Creo que es más oscuro el mundo de la política que el del espectáculo, porque actores sin talla intelectual ni interpretativa fingen defender ideales para manejarse por intereses”); de Jorge Sanz (“la profesión está muy politizada”); de Saza (“para empezar una carrera, los actores han de tener mucha afición”); de Manuel Tejada (“los galanes no son siempre los mejores personajes; los malvados son mucho más completos”); de Francisco Valladares (“la revista ha muerto porque no se sabe hacer bien”); de Máximo Valverde (“soy amante de la soledad con todo lo que ello conlleva”); de Manuel Zarzo (“mis amigos son para siempre”).

Tenemos que sentirnos muy orgullosos y admirar más a nuestros grandes actores.