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lunes, 24 de agosto de 2009

Una oferta que se puede rechazar

Te haré una oferta que no podrás rechazar”: es una mítica frase de Vito Corleone en la segunda parte de El Padrino. Y así se llama también el libro de Michael Franzese, un ex mafioso que pudo salirse de “La Cosa Nostra” y que ahora triunfa dando conferencias sobre el paralelismo entre la mafia y las empresas (Roberto Saviano, autor de Gomorra, da un curso en la UIMP la semana que viene sobre los métodos de la Camorra).

Michael, hijo del mafioso John “Sonny” Franzese, se convirtió en un capo (uno de los que más le hicieron ganar al sindicato del crimen desde Al Capone), con el negocio de la gasolina al por mayor y pasó diez años en la cárcel por pertenencia al crimen organizado. Luego dejó todo eso por amor, y se pasó “al lado bueno”. Según él, el negocio de la Mafia es equivalente al 1’1% del PIB de EEUU y tiene muchas semejanzas con los de otros “sectores”. En sus palabras, “no me cabe la menor duda de que muchos de los ejecutivos de la Mafia que tuvieron éxito en los negocios del crimen organizado habrían tenido el mismo éxito en las salas de juntas y en los despachos de las empresas de Estados Unidos”. No sé si eso es una buena noticia.

En este libro, Michael Franzese nos enseña que el estilo mafioso de hacer negocios está inspirado en Maquiavelo: porque era italiano y porque “el fin justifica los medios”. “El Príncipe es para la Mafia lo que la Biblia para los cristianos”: Interesante. Siguiendo a Maquiavelo, “la política no tiene ninguna relación con la moral”. Interesante: aplica las ideas maquiavélicas y te convertirás en un mafioso. Para el autor, “Henry Ford aplicó la estrategia de Maquiavelo en los años en los que convirtió su empresa en uno de los gigantes empresariales de los Estados Unidos”. Bien por el fordismo (y, como consecuencia, por el taylorismo). Es más, Franzese nos recuerda que “el señor Ford era un antisemita declarado, ávido admirador de la Alemania nazi. Adolf Hitler siempre tenía un retrato natural de Ford cerca de su mesa de despacho. “Considero a Henry Ford mi fuente de inspiración”, declaró Hitler a un periodista del Detroit News dos años antes de convertirse en canciller alemán en 1933. Posteriormente, Ford recibiría la Gran Cruz del Águila Alemana, la máxima condecoración otorgada por la Alemania nazi a ciudadanos extranjeros.” Maravilloso. ¿Perdieron los nazis la guerra si, económicamente, la ganó el taylorismo?

Y otro mito que destroza el libro: J. Paul Getty, Donald Trump y Howard Hugues son en realidad herederos de grandes fortunas. Trump padre, por ejemplo, amasó un patrimonio de más de 400 M $.

Frente a Maquiavelo, Franzese propone la sabiduría del rey Salomón (que podemos leer en el Libro de los Proverbios de la Biblia). Un corazón sabio y comprensivo. “Para alcanzar sabiduría y disciplina, para entender el lenguaje de la prudencia, para ganar una vida de disciplina y prudencia, y hacer lo correcto y lo justo (Proverbios, 1-2-3). Astucia, sentido común, escucha atenta… El ex mafioso nos propone un método de su vida anterior: la “sentada”. “Tenemos que sentarnos” para negociar. Sin engaños, con claridad, con decisiones vinculantes. Y cuidado con la codicia, porque “la codicia es maquiavélica” y no acaba en nada bueno.

El éxito (“culminación favorable de un proyecto o de un empeño”) depende de nuestra idea de calidad de vida. Y es la otra cara del fracaso: “El secreto del éxito que tuve en los negocios resultó de cómo reaccioné ante mis propios fracasos”. Eso sí, “reduce al máximo las probabilidades de fracasar aprovechando tus puntos fuertes y delegando las tareas que no se te dan bien”. Fracasar no es caer; fracasar es quedarse abajo. Eso nos enseña Franzese.

Curioso este texto que equipara Mafia a Maquiavelo y Ford/taylorismo al nazismo. La banda sonora de las empresas debería dejar de ser la inolvidable partitura de Nino Rota en la trilogía de El Padrino (los clanes como supuestos “equipos”) y debería ser más como el recital delicioso que dieron anoche Cristina del Valle y Carmen Paris, para clausurar los Veranos de la Villa, en los jardines de Sabatini. Desgraciadamente, no pude acudir. Pero cuentan las crónicas que primero salió Carmen, una maña formidable, interpretando al piano ella misma temas de su último disco, InCubando. Y comentó la relación entre la física cuántica y el bolero, la comicidad del taoísmo o la fraternidad que forman el chotis, la ranchera, la jota y la guajira. A la hora de concierto, presentó a Cristina y cantaron juntas Rompiendo la hora y La mora judía, dedicadas al pueblo palestino, con esa frase de “aquí están los corazones de las hembras aguerridas”.
La canción Rompiendo la hora (que se refiere a los tambores en Calanda y otros sitios) dice así:
Va formando surcos en la tierra
Sagrada y desangrada
De dones desposeída
Retumbando todos los tambores
Del alma femenina
Quebrada por los dolores
Desde Samper a Calanda
Un clamor como una estela
Retumbando todos los tambores
Que sangran por la herida
Que anega el mediterráneo
Ya se va a romper la hora
Desde el Martín hasta el Jordán
Para abolir la costumbre
De allanar con mano militar
Aquí están los corazones
De las hembras aguerridas
Abrazando, juntas, los dolores
Que sangran por la herida
Que anega el Mediterráneo
Ya se va a romper la hora
Desde Samper a Calanda
Aquí están los corazones
De las hembras aguerridas

Después,Cristina del Valle interpretó varios temas de su nuevo disco Tiempos rotos. Sí, son "tiempos rotos" que las mujeres valientes, y no los mafiosos de siempre, van a remendar.