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jueves, 30 de julio de 2009

Up

Antes de la copa de verano con el equipo de Eurotalent, he quedado con un buen amigo de hace más de 20 años, uno de los mayores expertos (prácticos) en la gestión de personas de nuestro país, que ha realizado desde dentro proyectos estratégicos en algunas de las mayores compañías. Ahora se va a dedicar a terminar la tesis doctoral, a dar clase en una prestigiosa escuela de negocios y a colaborar de forma libre con una consultora tecnológica. Es una lástima para nuestra sociedad que una persona de tanto talento no esté siendo reclamada por alguna gran organización para que la potencie a tope. Pero así están las cosas en los momentos actuales: en 95 de cada 100 casos, la función de RRHH está haciendo de “Eduardo Manostijeras” (podando la empresa, dejándola en la mínima expresión) en lugar de actuar como detector y forjador de talento.

Por la tarde, con Zoe, me he ido a Kinépolis a ver Up en 3D. La tecnología de Kinépolis es, de hecho, alta definición en tres dimensiones, que es mucho mejor que otras alternativas de 3D. Antes de la proyección, hemos estado brevemente con Manu Claessens, Presidente de Kinépolis en España, un trabajador infatigable y un directivo muy autoexigente, que nos ha comentado que a ellos les van bastante bien las cosas. Es la apuesta por un cine de calidad, cómodo, familiar… Una experiencia emocional diferente, que el espectador agradece y mucho. Un "océano azul" entre multicines de calidad menor.

El caso es que Up viene precedida de una crítica inmejorable (cinco estrellas en la revista Fotogramas, los mayores elogios tras su presentación en el Festival de Cannes). ¿Cómo es posible que una película de “dibus” –aunque sea en 3D estereoscópico- con un anciano cascarrabias, un boy-scout gordito y un par de animales reciba tan buena acogida. Pues porque refleja la poesía y el humanismo que le falta a Hollywood, a la mayor parte de nuestro cine, teatro y televisión y a la comunicación en su conjunto.

Según Pete Docter, co-director de Up, que trabaja en Pixar con John Lassiter desde sus inicios hace 20 años, “Todos lo hemos pensado alguna vez, ¿no? Huir. Dejar de aferrarte a las cosas. Esa mezcla entre nostalgia y fascinación que nos provoca un globo al verlo volar cuando se nos escapa de las manos. La vida está compuesta por estos pequeños momentos”.

La película arranca con unos cuatro minutos iniciales absolutamente mágicos, con una música a lo Cinema Paradiso, que describen cómo se conocieron Carl Fredicksen y su mujer y la vida que han llevado en común durante unas siete décadas. Ahora, a sus 78 años, es un vendedor de globos retirado cuya casa quiere comprar la inmobiliaria que está construyendo todo en su barrio. Pero, en lugar de dejarse llevar a la residencia, infla todos los globos que le quedan y vuela con su casa hacia “las cataratas Paraíso” (el Salto del Ángel, en Venezuela) con un inesperado huésped: Russell, un “intrépido explorador” de 8 años cuya única experiencia en la vida ha sido jugar en el salón de su casa.

Carl, y cón él Russell (es muy interesante el contraste entre el anciano, de formas rectangulares y con la voz de Ed Asner –en castellano, la de Luis Varela- y el niño, redondo), desean emular las hazañas del aventurero Charles F. Muntz, que con su dirigible ha dado varias veces la vuelta al mundo y que fue desacreditado por los científicos al no creerle en el descubrimiento de un animal de cuatro metros y colorido plumaje. Ya en Venezuela, conocen a Dug (un Golden Retriever capaz de amar), a un “gamusino” al que llaman Kevin (aunque, como me ha dicho Zoe al final de la peli, es hembra y no macho) y son perseguidos por una jauría que es capaz de hablar merced a collares de alta tecnología (el doberman Alfa, el rottweiler Beta, el bulldog Gamma).

En fin, una bellísima historia sobre la amistad y el amor, sobre la vida cotidiana como aventura y sobre la magia que nos rodea. Será el exitazo del verano (en EEUU lleva un mes y ha recaudado 175 M €). ¿Cuál es el secreto de Pixar, que ha hecho de sus diez películas (los dos Toy Story, Bichos, Monsters, Buscando a Nemo, Los increíbles, Cars, Ratatouille, WALL E y Up) diez éxitos de público, crítica (16 óscars) y taquilla (más de 3.500 M €)? Ningún estudio en la historia ha conseguido lo que estos especialistas en animación CGI (Imagen Generada por Ordenador). En palabras de John Lassiter, líder de Pixar y actualmente director creativo de Disney, “el mejor plan de negocios es la calidad”. Bien, pero todos (o casi todos) podrían decir eso (otra cosa es que lo hagan). El “caso Pixar” ha sido expuesto por Miguel Ángel Pesquera en las clases del MPA (executive MBA centrado en las Personas) de la Escuela de Negocios del CEU. Modestamente, un servidor lo resumiría en:
- Liderazgo y Equipo. En el caso de Up, los directores de la película tienen todo el poder (270 personas de media durante cinco años), pero todas las ideas pasan por un “consejo de sabios” (Lasseter, Peterson, Andrew Stanton, Brenda Chapman, Bard Bird, Lee Unkrich y el propio Docter). Cada mes y medio hay proyecciones donde se invita a todo el estudio (actualmente, unas 1.000 personas). Y no hay cinta que no haya vuelto al principio aunque llevara meses de “rodaje”.
- Superación constante. Todos los departamentos que trabajan en una película así (historia inicial, storyboard, diseño de personajes, fondos, guía de color, animática, previsualización, animación, iluminación, render, composición) sienten que tienen que mejorar lo que ha hecho el departamento anterior. Transversalidad y excelencia.
- Emociones, emociones, emociones. Las emociones mueven el mundo. ¿Cómo no emocionarse con este jubilado introvertido, heredero de Walter Matthau y Spencer Tracy, que ha perdido a su amada y se lanza a la aventura en tributo a ella?
- Clase Creativa. Tecnología, Talento, Tolerancia. Pixar dispone de la última tecnología (a partir de Up, todas sus películas serán en 3D), de los mejores de la industria (que quieren trabajar en la compañía) y aprovechan como nadie la diversidad.
- La cuarta T, Territorio. La sede de Pixar está en Emeryville, junto a San Francisco. “Un complejo industrial de corte universitario, abierto, luminoso y hasta juguetón rodeado por un muro de rosas blancas tan perfectas que recuerdan a las de Alicia en el país de las maravillas.” (Rocío Ayuso). El contexto condiciona, y cada vez más.
- Una misión clarísima: “Hacer grandes películas, ésas que queremos ver y queremos compartir con nuestras familias”. Sentirse orgullosos de lo que hacen.
- Planificación. En 30 años, Pixar ha hecho 10 películas (y 17 cortometrajes). Y están trabajando en los seis próximos. Toy Story 3 (2010), Cars 2 (2011), El oso y el arco (2011), Newt (2012), Monsters 2 (2013) y Los increíbles 2 (2014).
¿Cuánto vale esta forma de hacer las cosas? En enero de 2006, Disney pagó 7.400 M $ por el 100% de la compañía, manteniendo la independencia creativa entre ambas empresas.

“El arte no se puede acelerar”, le dice el vaquero Woody al coleccionista de juguetes Al en Toy Story 2. Ése es el secreto, que la calidad no se improvisa. En medio de una “industria” donde manda el corto plazo, se buscan los taquillazos y se embauca al espectador (Taylorismo salvaje), Pixar nos enseña que la poesía y el humanismo son el mejor modo de hacer las cosas… y además el más rentable.

3 comentarios:

carlos dijo...

De verdad, llevo 6 meses en la blogosfera y no he leído un blog mejor.
Saludos

Juan Carlos Cubeiro dijo...

Gracias, Carlos.

Enriquecerlo es labor de todos (es una comunidad).

Un fuerte abrazo

reinadesava dijo...

Me encanta eso de: poesía y humanidad, lo que le falta a hollywood. Yo añadiría que inocencia...
Magnífica exposción de lo que aporta la película. Eres un niño muy inteligente...