Páginas vistas en total

viernes, 19 de junio de 2009

El talento de Vicente Ferrer

Jornada de reuniones comerciales (una empresa cliente que está creciendo por encima de lo presupuestado y con la que retomamos el coaching de equipo, la Asociación de Jóvenes Empresarios a través de Antonio, nuestro director de Andalucía: una organización que se plantea nuevos retos estratégicos) y por la tarde, clase de Equipos de Alto Rendimiento en el MBA Executive de la Escuela de Negocios San Pablo CEU. Es maravilloso comprobar que el grupo de alumnos de un master puede convertirse, si lo desea, en un auténtico equipo, con su visión, misión y valores, con su diagnóstico, con sus pautas de confianza, con sus reglas de compromiso, con su plan de acción. Estos profesionales (provenientes de Asia, Iberoamérica y Europa) saben y practican que un equipo no se improvisa, y utilizan sus conocimientos, sus habilidades, su actitud, su compromiso y las redes sociales (en este caso, Facebook) para obtener sinergias y avanzar como equipo.

Se nos ha ido Vicente Ferrer i Moncho, todo un santo. Nacido en Barcelona en 1920, vivió su juventud entre la capital catalana y Gandía, le tocó luchar en la guerra civil a los 16 años (en “la quinta del biberón”), participó en la batalla del Ebro, fue internado en campos de concentración (Argelès sur mer, Betanzos) en 1939 y tras la contienda inició sus estudios de derecho. Pero le atraía más ayudar a los necesitados (pobres, marginados, enfermos), por lo que ingresó en la Compañía de Jesús en 1944. Se hizo jesuita y dejó la carrera jurídica. Llegó a Bombay (hoy Mumbai) a los 32 años, como misionero. En realidad, tenía que completar su formación jesuítica, pero en la misión de Manmad empezó a conocer de primera mano las necesidades de sus vecinos e ideó un sistema según el cual se daba una pequeña cantidad económica y el asesoramiento técnico necesario a los campesinos para que obtuvieran agua para sus cultivos. Los campesinos devolvían las cantidades sin intereses. Era “el milagro de dar” (microcréditos en los inicios de la década de los 50).

Vicente Ferrer organizó pequeñas cooperativas, bancos de semillas, sistemas de regadío, etc. y construyó un hospital, dos colegios y residencias para un millar de alumnos. Esta fantástica labor (divulgada como “la revolución silenciosa” por la principal publicación de la India) le granjeó las iras de algunas clases dirigentes, que promovieron que se le expulsara del país. El 27 de abril de 1968 recibió una orden de expulsión por la que en 30 debía abandonar la India.

Esta escandalosa situación provocó un movimiento campesino, al que se unieron intelectuales y líderes religiosos, coordinados por Madu Metha, una de las personas más influyentes de Mumbai. Más de 30.000 campesinos recorrieron los 250 kilómetros que distan Mumbai de Manbad para exigir justicia. La primer ministro Indira Gandhi accedió a entrevistarse con Vicente Ferrer y, tras reconocer su gran trabajo, declaró: “El padre Vicente Ferrer marchará al extranjero para unas cortas vacaciones y será bien recibido otra vez en la India”.

Vicente Ferrer volvió a nuestro país y fundó Acción Fraterna en el Mundo, con un único objetivo: aliviar la situación de los dos tercios de la humanidad que padece hambre (desgraciadamente, en la crisis actual la hambruna está batiendo records históricos).

En la revista Life se publicó un gran reportaje de 12 páginas titulado El santo de Manmad, mientras desde España, Italia, Alemania, la India y Norteamérica, un movimiento popular recogió 25.000 firmas con la intención de proponerlo como candidato al Nobel de la Paz. Habían pasado tres meses desde que tiviera que abandonar injustamente la India y el permiso para volver no había llegado todavía. Fue la propia Indira Gandhi, para resolver la situación, la que ordenó que le concedieran el visado de entrada de inmediato.

A su regreso a la India en 1869 sólo le acogió un Estado, el de Andhra Pradesh, y Vicente Ferrer, junto a seis voluntarios incondicionales, decidió instalarse en la tierra más pobre de esa región: Anantapur, donde la escasez de agua llegaba casi a la desertización, y la sanidad y la educación eran prácticamente inexistentes. Allí, los políticos radicales se movilizaron para recibirle con pintadas en las paredes: “Ferrer, vuélvete a casa”. Un escándalo.

Pero Vicente mostró la valentía de los grandes líderes. A los tres días de llegar contaba ya con una casa, vacía y a medio construir, que convirtió en cuartel general. De una de las paredes desnudas colgaba un cartel que decía: “Espera un milagro”. Este mensaje profético, cuyo origen nunca llegó a conocer, supuso un nuevo acicate para seguir adelante. En marzo de 1970 dejó de pertenecer a la Compañía de Jesús y ese mismo año contrajo matrimonio con Anne Perry, una periodista inglesa que había permanecido a su lado desde el conflicto de Manmad.

.En este contexto nació Rural Development Trust (RDT), que bajo el liderazgo de Vicente Ferrer contribuye al desarrollo del distrito de Anantapur. Allí ha ayudado a más de 2’5 millones de personas. Sin embargo, durante los años 70 persistió el asedio, esta vez desde las autoridades de la región, que veían con recelo su trabajo, llegando incluso a intentar encarcelarlo. Vicente denunció el abuso de poder del que estaba siendo objeto y consiguió un fallo favorable. A sus 76 años creó en España la Fundación Vicente Ferrer para asegurar la continuidad económica del proyecto.


¡Qué gran empresario, qué enorme líder, qué persona tan generosa, que extraordinario talento! En vida, Vicente Ferrer ha recibido numerosos reconocimientos, como el Premio Príncipe de Asturias a la Concordia (1998), el de Español Universal (también en 1998), el de Miembro de la Comisión de Erradicación de la Pobreza, del Gobierno de Andhra Pradesh (2000), la Creu de St Jordi de la Generalitat de Catalunya, (2000), el Premio Derechos Humanos del Consejo General de la Abogacía Española (2000), entre muchos otros. Fue declarado Personaje destacado de la historia del siglo XX por la UNESCO, en el 2001, poseía la Gran Cruz de la Orden Civil de la Solidaridad, del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales de España (2002), el Premio al Espíritu Olímpico del Comité Olímpico Español (2002) y fue nombrado Doctor Honoris Causa, por la Universidad Politécnica de Valencia (2000) y la Universidad de Huelva (2001). Premio Quijote universal (2007). Este 2009 recibió Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil otorgado por Gobierno español y el Premio Català de l'Any, otorgado por El Periódico de Catalunya.


Podemos conocer más sobre su vida y su obra en los libros Vicente Ferrer: La revolución, de Alberto Oliveras (2003), El encuentro con la realidad, del propio Vicente Ferrer (2003) y Un pacto de amor. Mi vida junto a Vicente Ferrer (2009), de su esposa Anna Ferrer. Los que queramos que su labor prosiga, podemos colaborar con la Fundación Vicente Ferrer (www.fundacionvicenteferrer.org), que se define como “una organización humanista que preconiza la filosofía de la acción”, su lema es “Transforma la sociedad en humanidad”, apadrina a más de 120.000 niños, llega a unos 1.900 pueblos y cuenta con unos 155.000 cooperantes.

1 comentario:

Roberto González Fontenla dijo...

Fantástico 'post'. Conocí en persona la obra de Vicente Ferrer. Impresionante. No tengo palabras.