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domingo, 3 de mayo de 2009

Un buen hombre

Primer domingo de mayo, día de la madre. Al menos, por estas latitudes.

Ayer fui a ver Un buen hombre, escrita y dirigida por Juan Martínez Moreno. Me gustó la película. Una reflexión sobre la verdad, con un alto nivel de calidad en las interpretaciones, especialmente de Tristán Ulloa, Emilio Gutiérrez Caba y Nathalie Poza. Martínez Moreno la resume así: “Un amigo es testigo de que el otro mata a su mujer, momento en el que aparecen las dudas morales de si debe denunciarle o no", ha resumido el director, quien ha afirmado que la película "deja al desnudo la hipocresía y la doble moralidad".

Verdad, bondad y belleza. “La belleza es el esplendor de la verdad”, escribió Platón en El banquete, su diálogo sobre el Amor. Y añade: “Si alguna cosa da valor a esta vida, es la contemplación de la belleza absoluta”. “Kalos kai agathos”: verdad, bondad y belleza se corresponden para alcanzar la areté, la virtud. En la película, vemos al protagonista, Vicente (Tristán Ulloa) que imparte la lección inaugural a estudiantes de la facultad de derecho sobre la importancia de ser abogado y su obligación moral. Se trata de una persona muy religiosa, consciente de su responsabilidad, a quien todos consideran “un buen hombre” y cuyo padre ha sido el decano más joven de la historia de España. Su mejor amigo, Fernando (Emilio Gutiérrez Caba) es catedrático en la misma facultad. Le está ayudando para conseguir la cátedra, a la que también aspira Daniel (Alberto Jiménez), un hombre sin escrúpulos carente de familia y amistades. Un día que va a su casa, Vicente observa que Fernando mata a su esposa, Marisa. Como es su amigo (y además aspira a la cátedra, la ilusión de su vida) se calla y se convierte en cómplice, aunque los remordimientos le convierten en un ser taciturno y malhumorado, especialmente con su esposa Paula (Nathalie Poza).

Junto a la Verdad, la Bondad y la Belleza (los planos espiritual, emocional y físico de la realidad), Aristóteles apuntó la Utilidad (el plano mental). En esta película, la utilidad entra en conflicto con la verdad, con consecuencias dramáticas. De hecho, la belleza no bondadosa (el personaje de Marisa) colisiona con la verdad (la “pareja feliz” de Fernando y Marisa). La verdad (el asesinato) colisiona con la bondad (la de Fernando), tanto en el sentimiento de culpa del protagonista como en su creciente distanciamiento con su mujer (Paula). Muy interesante.

Un hombre bueno (o a mí me lo parece) es el director de cine Alejandro Amenábar, uno de los grandes a nivel mundial, que va a presentar su nueva cinta, Ágora, en el festival de Cannes. En la revista de El País, Juan José Millás retrata a este gran tímido, que nos va a contar el momento (siglo IV d.C.) en el que los cristianos pasan de perseguidos a perseguidores, herederos del Imperio Romano, a través de Hipatia, que dirigió la escuela neoplatónica y defendió el heliocentrismo. Escribe Millás: “Me pareció que Amenábar estaba hecho de contrarios: un autoritario que no era autoritario, un vehemente que no era un vehemente, un tímido que no era un tímido, un famoso que no era un famoso, un inseguro que no era inseguro, un miedoso valiente, un dócil rebelde, y así de forma sucesiva. En otras palabras: un espectáculo.”

Un buen hombre me parece mi admirado José Antonio Marina, uno de los mejores filósofos, que nos transmite en La frase de El Mundo, lo que ha leído en Le Nouvel Observateur sobre “los siete pecados de los dueños del mundo”: 1. La avidez (sin límites, insaciable). 2. El desprecio (han pesado que sólo ellos conocían la complejidad del mundo), 3. La consanguinidad (el poder acaba aliándose con el poder). 4. La traición (han traicionado sus responsabilidades públicas). 5. La corrupción (todo el mundo sabía que las evaluaciones financieras eran incorrectas). 6. La parcialidad en los juicios, que impide atender a intereses o argumentos ajenos. 7. La impunidad (sin duda, saldremos de la crisis. Pero, ¿quién pagará la orgía? La ciudadanía entera. Las voces que al comienzo del desastre pedían cambios espectaculares han callado. El sistema se reproduce. El hombre es el único animal que tropieza mil veces en la misma piedra." Magnífico.

Un buen hombre es Emilio Ontiveros, Presidente de AFI, uno de los mejores economistas y uno de los mejores profesores que he tenido, entrevistado por María Cuesta en las páginas de Empresa (Grupo Vocento): “El déficit no debería sufragar conocimiento, no infraestructuras”. Una gran verdad. Al profesor Ontiveros le preocupa (y a un servidor) las energías desperdiciadas por emprendedores que no encuentran crédito y el clima adecuado. “Si no conseguimos canalizar las energías creativas en la definición de nuevos proyectos, la economía española puede despertar el día después de y ser muy similar a como era hace 14 años”. En lugar de invertir en capital físico, hacerlo en capital tecnológico y en capital humano.

Un buen hombre es Enrique Alcat, experto en comunicación y autor de Seis recetas para superar la crisis, que también escribe en el suplemento de Empresa de Vocento sobre Minimizar el impacto: “El presidente de un influyente semanario económico estadounidense solía repetir que las principales actividades a las que debe dedicarse el máximo responsable de una empresa son la planificación estratégica y la comunicación. La realidad es que tan sólo, y en el mejor de los casos, el máximo dirigente de la organización se dedica al primer supuesto. El segundo, el de la comunicación, todavía sigue siendo ciencia ficción en la mayoría de las compañías, que reducen su actividad a varias notas de prensa al año, una comida con periodistas, la organización de un evento o la inserción publicitaria.
Sin embargo, la comunicación es fundamental para resolver o minimizar el impacto de cualquier crisis. La imagen, lo que percibe el consumidor o el mercado, es una suma de acciones y de detalles que es preciso conocer para poder gestionar adecuadamente cualquier situación conflictiva. Una decisión errónea o un titular periodístico, puede terminar con el trabajo de muchos años y con el crédito ganado a pulso día a día.
La elección de portavoces, la elaboración y actualización de los mensajes claves, sus argumentaciones, los sistemas de detección de alertas, los flujos de información a nivel interno, la gestión de las emociones y de las actitudes, son algunas de las medidas preventivas que toda empresa debe tener preparadas si quiere afrontar con éxito una crisis. Y todas ellas, están íntimamente ligadas a una buena comunicación.”

Un buen hombre es Francisco Belil, Presidente de la Cámara de Comercio Alemana para España y Consejero Delegado de Siemens, que ha escrito la tribuna en Expansión & Empleo: El talento y el liderazgo creativo. “Los directivos que saben gestionar el talento son aquellos que se atreven a apostar por la creatividad”. Belil concluye su artículo: “Los avances surgen cuando estamos preparados para el cambio y cuando se cuestiona lo establecido. Las empresas españolas tienen una asignatura pendiente en la gestión del talento, que deben abordar con prioridad. Así conseguirán contribuir a incrementar la productividad y la competitividad de nuestro país”.

Un buen hombre es Pep Guardiola, el entrenador del F.C. Barcelona, que ha hecho un gran equipo (hace un año, los blaugranas le hacían el paseíllo al Real Madrid y recibían un 4-1 en el Bernabeu) y que ayer disfrutó de uno de los mejores días de su vida (el Barça nunca le había metido seis goles a su rival a domicilio y nunca habían conseguido 85 puntos en 34 jornadas). Y un buen hombre es Juande Ramos, el entrenador del Madrid, que reconoció la derrota (“es el nivel que tenemos, no hay más”) y ha logrado un milagro –invicto en la segunda vuelta- con el talento que tiene (el director de Marca lanza una pregunta maliciosa: “¿cuántos blancos serían titulares en el Barça? Y responde que Casillas, Pepe… y tal vez Lass).

Un buen hombre es, sin duda, Rafa Nadal, que ha vuelto a ganar hoy en la final de Roma. El número uno del tenis es entrevistado en XL Semanal por Virginia Drake y Ana Tagarro: “No tengo más presión por ser el número 1. Los retos me los pongo yo, torneo a torneo.”

Y un buen hombre es el Presidente Obama, entrevistado hoy por The New York Times y El Mundo. Satisfecho por sus 100 primeros días como mandatario, consciente de su enorme responsabilidad.

Si dedicáramos menos tiempo a la gripe porcina y a Belén Esteban (y similares) y más a estos buenos hombres, nos iría mejor.

Paulo Coelho, en su página Leyenda personal (XL Semanal) nos recuerda a un buen hombre que, “en nombre de la verdad, terminó crucificado. Pero antes de morir, dejó la gran definición de la verdad. No es lo que nos da certezas. No es lo que nos da profundidad. No es lo que nos hace mejores que los otros. No es lo que nos mantiene en la prisión de los prejuicios. La verdad es lo que nos da la libertad. “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”, dijo Jesús.

Hace más de 20 años, cuando trabajaba en los Estados Unidos, mi entonces jefe, el Dr. John M. Burns, VP de Honeywell, se despidió de mí antes de volver a España con las siguientes palabras: “You are a good man”. Yo era un chaval -un "rapaz", como me decía el maestro Alonso Zamora Vicente- con ganas de comerme el mundo. Me gustaría que hoy, si me lo encontrara, pensara –y dijera- lo mismo.

3 comentarios:

Vanessa dijo...

Hola

Hay muchos buenos hombres, verdad?

Pues te recomiendo tambien la pelicula The visitor, el visitante. Bonita, sensible y habla de la flexibilidad de uno, de la posibilidad de un cambio en el ambito profesional y humano.
Junto con el cambio viene un poco de miedo e inseguridad si, pero tambien la deliciosa sensacion del nuevo, de sentirse vivo.

Vuelvo al tema, tu si eres un muy buen hombre!!
El mundo agradece todo tu cariño y sabiduria.


Beso.

Juan Carlos Cubeiro dijo...

Muchas gracias, Vanessa.

Tengo pendiente The Visitor. Espero verla los próximos días.

Besos

Alfonso Sagi-Vela dijo...

Reitero el comentario de Vanessa acerca de "The Visitor". Un excelente Richard Jenkins en su circunspección, magníficos co-protagonistas. No dejes de verla, Juan Carlos.

Primera vez que accedo a tu blog. Si no te importa, lo seguiré haciendo (¡...!)