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lunes, 11 de mayo de 2009

Proxys de Talento


Maravillosa jornada de domingo para descansar, ir al cine (una matinal con Nunca es tarde para enamorarse, la película de Dustin Hoffman y Emma Thompson; una cinta entrañable con dos grandísimos actores), reunirme con mi tándem durante un par de horas por la tarde para analizar el futuro y poco más.

En la prensa del fin de semana, Tino Fernández (Expansión & Empleo) trata de las apariencias y el talento, que son como el agua y el aceite. Utiliza el caso de Susan Boyle (la concursante británica que canta como los ángeles y es fea como un demonio) para separar esta “aproximación” del talento. “Este prodigio de voz muestra cómo la fachada exterior oculta la valía personal, y anima al debate sobre el valor de saberse vender frente a las capacidades reales”, escribe Tino. Sí, talento es poner en valor lo que una persona sabe, quiere y puede hacer (en el caso de la Boyle, cantar), por lo que la imagen es un mal “proxy” del talento (los Milli Vanilli eran “molones” pero no cantaban nada; si disco se llamó “All or nothing”, empezó siendo “all” y terminó siendo “nothing”. Tino Fernández pregunta en el artículo a José Medina (“muchos candidatos con aspecto de beautiful people resultan ser zoquetes frente a otros que, con aspecto físico y packaging no muy afortunado, son excelentes candidatos”, José Manuel Casado (que comenta los casos de David O’Gilvy, Ray Kroc y la Rowling), Paco Muro (“ella no tenía ni idea de lo excepcionalmente buena que es”), Andrés Pérez (“quien sólo vende humo, no crea marca sino un minuto de gloria”) y un servidor( “puede ocurrir que hay un impacto inicial potente, pero que los resultados no acompañen, y aquel que no se vende bien se revele como muy bueno en lo profesional al analizar sus logros”.

¿Y la experiencia? Paz Álvarez habla de ella en Cinco Días. “La publicidad ensalza a las personas de avanzada edad. Son la voz de la experiencia. Muchas empresas, en cambio, prejubilan el talento”. Paz se refiere a los anuncios sobre la felicidad de Coca Cola o los de la candidatura de Madrid 2016. Está comprobado que la plenitud mental y profesional llega a los 50 años. No entiendo ni entenderá nunca esto de las prejubilaciones. Inevitable referirse a esa frase del gran John Barrymore, el mejor actor de su época: “Uno es viejo cuando sus añoranzas superan a sus sueños”. La edad suele ser un mal Proxy del Talento.

En el mismo Cinco Días, una interesante entrevista a Mirenchu Villa, Directora de Mutua Madrileña, que estudió Historia y nos anima a reflexionar sobre el futuro. Y también un artículo de José Barea (ejemplo notable de sabiduría de los seniors, emérito donde los haya) que expone que, para salir de la crisis, hemos de mejorar radicalmente el sistema educativo. No puedo estar más de acuerdo.

En El Economista, en la última página, recomiendan el libro de Enrique Alcat y el de La Roja. Muy agradecido.

En El País. Negocios, Borja Vilaseca entrevista a Jaume Sanllorente, Fundador de la ONG Sonrisas de Bombay: “La gente está hambrienta de cambios. Se trata de hacernos las preguntas adecuadas y tener el coraje de ser coherentes con las respuestas que encontramos. ¿Eres feliz? ¿Vibras con tu trabajo? ¿Te levantas con ilusión? ¿Tu empresa beneficia de alguna manera a la humanidad? ¿Tu vida beneficia a otro ser humano? Nos han vendido la idea de que la felicidad consiste en saciar nuestros deseos, pero es mentira. Cada uno de nosotros es un medio, no un fin. La felicidad inunda nuestro corazón cuando nos dedicamos a ayudar a los demás. Y esto es algo que no está reñido con nuestra actividad profesional. Todo lo contrario: la crisis actual ha surgido para responder a otra pregunta: ¿Qué es lo que le falta al mundo hoy?”. Felicidad igual a Generosidad. ¡Qué mensaje tan importante!

También en El País, entrevista a Patricia Abril, Presidenta de McDonald’s (una de las compañías que lo está haciendo bien en estos momentos). Patricia nunca ha visto un cambio de consumo tan importante como en estos momentos. Apliquémonoslo.

En XL Semanal (Grupo Vocento), Eduard Punset reflexiona sobre cómo reaccionar frente a la crisis. En lugar de buscar culpables fuera, analizar la propia conducta y tener sentido de la responsabilidad. “Estamos asistiendo al comienzo del final del desapego popular por los temas comunitarios”. Desde su atalaya, Punset constata que el individualismo a ultranza toca a su fin. Somos comunidad o no somos nada.

En el Marca del sábado, Gerardo Riquelme entrevistaba a Juan Antonio Samaranch: “La edad de oro del deporte español merece los Juegos”. Y en el del domingo, Olga Viza ha hecho lo propio con Mercedes Coghen: “Lloraré gane o pierda Madrid 2016”. Y una magnífica Tribuna de mi admirado Gabriel Masfuroll (Presidente de USP Hospitales) sobre el Barça: “El equipo actual lo es en todos los sentidos. Son uno para todos y todos para uno. El egoísmo es colectivo y alcanza a todos. Es la combinación del fútbol total, el jogo bonito y el tiki taka. Y todo, armonizado por la inteligencia táctica de un grupo de profesionales que ha convertido al equipo en una máquina perfecta”. Y cita a su gran amigo Pep Guardiola: “no hay mayor riesgo que el de no arriesgar; lo demás es miedo.”

Por una curiosa paradoja, puede haberle beneficiado retrasar el alirón una semana. Si hubiera iniciado las celebraciones de la Liga, habría llegado el equipo blaugrana más mermado a la final de la Copa en Valencia el miércoles. Ojalá Iniesta pueda jugar en Roma contra el Manchester United (por cierto, Cristiano Ronaldo se está calentando peligrosamente, como pudo verse por el enfado contra su entrenador cuando fue sustituido en el último partido de liga contra el City).

Talento en estado puro, sin malos proxys: a mi amiga Inma Shara le han concedido el Premio a la Excelencia Europea por su labor fuera de España. Una extraordnaria artista. Ha sido la primera mujer en la historia en dirigir una orquesta en el Vaticano y a cada momento lleva el nombre de nuestro país para que nos sintamos muy orgullosos.

4 comentarios:

Germán Gijón dijo...

El problema está en intercalar talento e imagen, cuando son dos aspectos inherentes, por un lado, pero superpuestos, por otro. La fachada, revestida de imagen, no aguanta sin talento. Pero el talento, para ser descubierto, requiere de la imagen, de ese “flash” inicial.
Dice Lluís Bassat que la publicidad tiene que ser como un golpe a la percepción del consumidor, del receptor (imagen) ; O’Gilvy refería que la publicidad encontraría su vía entre los productos y servicios de entretenimiento ofreciendo también información (talento). Las dos áreas comprometidas, las dos se necesitan… pero primero una, y después la otra. Como Bassat, O’Gilvy & Mather (¿cuántos ufanos nos habremos acercado a su mundo por aquellos “Libro Rojo de la Publicidad” y “Libro Rojo de las Marcas”?).
El talento no está reñido con la imagen, y la misma imagen requiere de talento. Gracias a ella, los susodichos Vanilli y Rick Astley de turno son rescatados del fondo polvoriento del arcón, aunque sea para fugaces apariciones. El talento rescata la imagen y la moldea, la transforma, la actualiza y le saca brillo. Hay marcas muertas que nunca deberían haberlo sido, hay imágenes que pugnaban por encontrar el talento que las remodelara, pero fueron condenadas al ostracismo. Curiosamente, otras imágenes perduran precisamente porque encuentran el talento que no las hace cambiar, que las mantienen casi en su formato original como valores perdurables, tradicionales, estoicos, seguros…
En las ventas, la primera imagen es determinante: la del vendedor, la del producto, la de la empresa y la de la marca. El continente condiciona la percepción inicial del consumidor, y eso requiere de talento. El contenido reafirma la necesidad que se rescata de los anhelos profundos del cliente potencial, y comunicar con eficiencia esta variable del proceso requiere de sumo talento posterior a la imagen.
El mundo de la percepción es cómodo y requiere del talento del mundo de la imagen, de la forma, de la comunicación (de lo que tengo… o pretendo que tengo). Aun así, sigue siendo un arte.

Saludos, Juan Carlos.

Rústico dijo...

Ogilvy sin apóstrofe. Ufano es como tú te sientes al escribir y profano es lo que eres escribiendo. Ábrete un blog pesadito. Espero que lo de Gijón sea sólo casualidad.
Saludos.

Germán Gijón dijo...

Pues precisamente, campeón. Ufano como parte de aquellos grupos (que los hubieron) de aspirantes aficionadillos que en realidad no pertenecíamos al género -y ahí tienes mi ejemplo con el dichosito apóstrofe- y no pertenecemos tampoco hoy en día. Y profano en cuanto a participar, pese a puristas como tú, en blogs que lo permiten, en el fondo para aprender. Por eso, con lo que respecta a lo de Gijón (aunque de manera involuntaria por mi parte) yo sí que espero que sea casualidad. Por la tuya, sólo tienes que dejarte de alias y mostrarte al mundo. Pruébalo. Es gratis.
Salve, Rústico.

Germán Gijón dijo...

Pero mira, en el fondo he de reconocer que tienes razón, amigo Rústico: me he ufanado (con la venia) al escribir sobre algo a lo que no pertenezco, lo reconozco; me he metido en casa ajena (te pido perdón, Juan Carlos) a exponer, antes que a comentar. Pero todo ello, sin ánimo de profanar (con la venia). A veces es mejor quedarse calladito y ver los toros desde la barrera, es cierto, porque m'e pasao (¡Contra!¡Otra vez con los apóstrofes!).
De modo que a ti, Juan Carlos, mis disculpas y reconocimiento. Y reconocer tengo, aunque me j..., que en el fondo (pero ojo: muy en el fondo, ¿eh?) te lo tengo que agradecer, Rústico, mira tú por dónde.

Saludos.