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sábado, 4 de abril de 2009

Lo bueno de la crisis

Sábado tranquilo de lecturas y piscina, con un sol abrasador.

Estar al otro lado del Atlántico no me impide, gracias a la tecnología, consultar lo que cuentan hoy los principales diarios económicos españoles.

En Cinco Días, Paz Álvarez analiza el papel actual actual de las Escuelas de Negocios, que al parecer están en general “contra las cuerdas”. Recoge las opiniones de Ángel Cabrera (Thunderbird), Jordi Canals (IESE), Mauro Guillén (Wharton), Santiago Iñiguez (IE) y Carlos Losada (Esade). Paz recoge unos Principios de Formación Responsable:

1. Desarrollar las capacidades de los alumnos para aportar valor sostenible para los negocios y la sociedad.
2. Se incorporarán a las actividades académicas los valores de la responsabilidad social global.
3. Se creará un marco educativo que favorezca el liderazgo responsable.
4. Se realizará una investigación de concepto para mejorar la creación de valor sostenible social, ambiental y económico.
5. Se interactuará con los gestores de empresas para ampliar el conocimiento de sus desafíos para cumplir con sus responsabilidades sociales.
6. Se apoyará el diálogo y el debate con todos los agentes

Afortunadamente, algunas cosas están cambiando, como el MPA de la Escuela de Negocios del CEU (del que ya he escrito en otras ocasiones), la inclusión de la ética en los Programas de Dirección Financiera de la Deusto Business School o los nuevos planteamientos del ESIC Business & Marketing School.

También en Cinco Días, se analiza la innovación desde las opiniones del Premio Nóbel Paul Krugman y desde la labor de Rafa Nadal, en un artículo de Raquel Casero (Directora de Eurotalent Sport) y un servidor. Y Matthew Lynn se pregunta si dirigir es un arte que todos pueden aprender. Concluye: “En realidad, la administración es una destreza que se adquiere con la experiencia, el juicio y la intuición. Se están a punto de desperdiciar miles de millones en reaprender una sencilla verdad que nunca debió haberse olvidado. Las herramientas intelectuales que nos llevaron a la crisis financiera fueron inventadas principalmente por el mundo académico.” Bueno, el management es ciencia, arte y sobre todo ética. La causa de esta crisis sistémica no proviene del mundo académico, ni del bancario, ni del sector del ladrillo, sino de la codicia generalizada, del sistema en su conjunto. Me da cierto temor que se demonice a las escuelas de negocios y como consecuencia, se caiga en la complacencia del no preparado. La educación hoy no es una opción si se quiere competir de verdad.

En Expansión & Empleo, Tino Fernández se pregunta si ¿Habrá profesiones en el siglo XXII? Una fantasía futurista. Recoge la información de Forbes según la cual “la revista ha determinado qué ocupaciones no existirán, y en la lista negra figuran mineros, operarios de la construcción y de plataformas petrolíferas, o los pilotos de combate. Otras actividades 'de siempre' parecen incombustibles: seguirá habiendo políticos, prostitutas, empleados de pompas fúnebres, inspectores de Hacienda, artistas, peluqueros y soldados.”

Bien. Un consuelo. Cita a Carlos Monserrate (Ray & Berndtson) que cree que en el futuro no se contratará a las personas, sino a sus capacidades y por horas, a Jorge Cagigas y a Juan Ramis-Pujol, que considera que el siglo que viene existirá un CRO (Chief Responsibility Officer), un CIO y un CPO (Chief People Officer).

Me temo que la realidad superará con creces estas hipótesis, y uno sólo por la tecnología, que crece exponencialmente, sino por el papel del talento en un mundo plenamente globalizado (que es no sólo capacidad, sino compromiso y contexto).

También en E&E, Sebastián Escarrer, desde su nueva responsabilidad como consejero de Wharton, nos advierte de que “no podemos formar tecnócratas de corto plazo”. Ciertamente. Entre las opiniones del CEO de Sol Meliá destacaría la siguiente: “Debe haber una serie de cambios éticos. Quienes pretendemos formar a los líderes del mañana, a gente con influencia, futuros CEO de empresas e integrantes de gobiernos, tenemos que olvidar los conocimientos y el liderazgo basado en el corto plazo y debemos cambiar el currículo universitario para transformar esos valores. En tiempos de crisis, la primera responsabilidad corporativa es garantizar la supervivencia de la empresa, pero hay que medir escrupulosamente todo lo que se refiere a recortes de personal; debemos retornar a la economía real y social y no quedarnos sólo en la especulación. Hasta ahora creábamos líderes en banca de inversión, consultoría o hedge funds, pero con todo eso sólo estábamos consiguiendo que apareciesen tecnócratas que miran al corto plazo. Sin cambio autocrítico, de currículo, de los criterios de selección de los alumnos y del consejo, sin empresarios con una visión diferente, no podremos contribuir. Es evidente que las escuelas de negocios tienen una responsabilidad para dar la vuelta a una situación insostenible, para influir en un momento clave y hacer que prime el sentido común en una sociedad que se ha fijado más en la opulencia y en la remuneración variable. Las escuelas de negocios tienen que hacer autocrítica y reconocer su parte de responsabilidad en la formación de líderes que han desencadenado esta crisis.” Sostenibilidad, aprendizaje, ética… por ahí van los temas.

Un estudio de la Universidad de Melbourne considera probado que formar parte de las redes sociales incrementa la productividad “aunque la adicción no”. Las redes sociales, la tecnología en general, es un medio, nunca un fin. La gente inquieta, la clase creativa, es la que es más productiva. La utilización del networking es parte de su agenda. La redes sociales a la clase reactiva no la convierte en más productiva.

Y otro estudio de Watson Wyatt sobre Compromiso revela que “los empleados muy comprometidos tienen el doble de probabilidades de ser empleados de alto rendimiento, faltan un 43 por ciento menos al trabajo y casi el 60 por ciento superan o superan con creces las expectativas de rendimiento. Además, el 72 por ciento de los empleados comprometidos valoraron positivamente los cambios implantados en la organización, frente al 14 por ciento de los empleados con niveles de compromiso bajo” y que “cuando los empleados están altamente comprometidos, las empresas obtienen un 26 por ciento más de productividad, tienen un riesgo menor de rotación y tienen más posibilidades de atraer y retener talento. Además, en términos globales, las compañías a las que pertenecen estos empleados han ganado un 13 por ciento más de retorno total al accionista en los últimos 5 años.”

Hablando de Internet, he leído en la dominicana revista Mercado este artículo de Xavier Pires publicado el pasado 28 de noviembre (www.revistamercado.com.do/app/article.aspx?id=14821): Pon un poco de crisis en tu vida.

“Por increíble que parezca, hay estudios que revelan que durante los periodos de dificultades económicas aumenta la esperanza de vida. Al menos así lo asegura el profesor investigador de la Universidad de Michigan, José Tapia, que hace poco publicó un estudio sobre el impacto en la crisis de finales de los ochenta y principio de los noventa sobre la población cubana, y cómo esta coyuntura contribuyó a reducir la obesidad y a mejorar la salud de los habitantes de la isla. En épocas de crisis se detecta que las principales causas de la mortalidad como los accidentes de tráfico o las enfermedades coronarias disminuyen. Según Tapia, “en el caso de los accidentes de tráfico el descenso puede deberse al hecho de que el tráfico, en términos generales, disminuye, tanto los desplazamientos industriales, como los desplazamientos recreativos”. El ejemplo es claro. Si la economía va mal, la gente tiene menos dinero para irse de vacaciones y el precio de la gasolina hace que restrinjan sus desplazamientos cotidianos.
¿Y las enfermedades coronarias? Esto puede deberse, en primer lugar, a que en épocas de gran crecimiento económico, “hay más estrés, más presión para hacer las cosas”, dice el profesor. ¿Más estrés que cuando se está en trabajo? Según Tapia, en tiempos de gran crecimiento el ritmo provoca que, en general, “se duerma menos y se esté menos con los amigos” disfrutando de momentos de distensión y descarga. Comparte esta opinión sobre el cambio de hábitos en diferentes situaciones económicas Grant Miller, profesor e investigador de la Universidad de Stanford.
Este experto ha observado cómo en épocas más boyantes, las personas tienden a cuidarse menos, beber más de la cuenta, comer peor, no hacer ejercicio ni acudir al médico debido al estrés laboral y a los compromisos de trabajo. En su opinión, “cuando la gente trabaja más, hace menos cosas buenas para la salud como cocinar en casa o hacer ejercicio físico”. Estadísticas desvelan que en épocas de inestabilidad económica las personas tienden a cuidarse mejor.”

Si sirve de reflexión, desde la serenidad y el optimismo, de moderación de hábitos extravagantes, para un plan de acción razonable y apasionante, esta crisis nos viene de perlas.