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sábado, 3 de enero de 2009

Viva la vida

Ayer me refería a Es tiempo de cambiar, de Juanes. Una nueva canción. Otra que también podría formar parte de la “banda sonora” de los tiempos que corren es Viva la vida, de Coldplay, un éxito de estas semanas (Zoe la ha bailado en la función de navidad).

Podemos escuchar en Youtube la canción –la conoce todo el mundo- con subtítulos en castellano (gracias a heidiviridiana@hotmail.com) y dice lo siguiente:

Yo solía gobernar el mundo,
los mares se alzaban cuando yo lo ordenaba.
Ahora en la mañana barro solo,
barro las calles que solía poseer.

Yo solía tirar el dado
Sentir el miedo en los ojos de mi enemigo.
Escuchaba cómo la gente cantaba:
¡Ahora el viejo rey está muerto,
larga vida al Rey!

Un minuto yo tenía la llave,
al siguiente las paredes se cerraban ante mí.
Y descubrí que mis castillos estaban construidos
sobre pilares de sal y pilares de arena.

Escucho las campanas de Jerusalén sonando,
los coros del Calvario romano cantando.
Son mi espejo, mi espada y mi escudo.
Mis misioneros en un campo extranjero.
Por alguna razón que no puedo explicar,
una vez que sabes que nunca hubo una palabra honesta.
Así era yo cuando gobernaba el mundo.

Fue el viento loco y salvaje
el que tiró las puertas para dejarme entrar.
Ventanas rotas y el sonido de tambores.
La gente no podía creer en lo que me había convertido.
Los revolucionarios esperan
mi cabeza en bandeja de plata,
sólo una marioneta en una cuerda solitaria.
Oh, ¿quién podría querer ser el rey?

Escucho las campanas de Jerusalén sonando,
los coros del Calvario romano cantando.
Son mi espejo, mi espada y mi escudo.
Mis misioneros en un campo extranjero.
Por alguna razón que no puedo explicar,
una vez que sabes que nunca hubo una palabra honesta.
Así era yo cuando gobernaba el mundo.

¡Oooohhh! ¡Oooohhh!

Escucho las campanas de Jerusalén sonando,
los coros del Calvario romano cantando.
Son mi espejo, mi espada y mi escudo.
Mis misioneros en un campo extranjero.
Por alguna razón que no puedo explicar,
una vez que sabes que nunca hubo una palabra honesta.
Así era yo cuando gobernaba el mundo.

En El Mundo, Orfeo Suárez entrevista a Eduardo Valcárcel, Director de la Escuela de la Federación Española, una persona a la que admiro muchísimo como profesional y como persona. “Para entrenar, ser positivo es más importante que las piernas”. Eduardo sabe de lo que habla, porque de niño –con año y medio- le atropelló un camión y perdió su pierna izquierda. Su pasión ha sido el fútbol desde siempre y por ello ha jugado con muletas y, como entrenador, ha logrado tres ascensos con juveniles y dos en preferente. Cuando tenía una oferta para entrenar a un equipo, Fernando Hierro, director técnico de la RFEF, le llamó para dirigir a 12 entrenadores en Las Rozas. Es uno de los mejores ejemplos de superación que conozco: “La vida me quitó una pierna pero me dio una sonrisa, y yo creo que las personas se diferencian más por el carácter que por las minusvalías”. Así es. Como suele repetir Santiago Álvarez de Mon, el Liderazgo es cuestión de carácter. Él sabe que “los niños son las personas más honradas que existen. Sus reacciones son sinceras.” He tenido el privilegio de que, como profesor del Programa para Directores Deportivos de la Federación Española de Fútbol, haya podido para Eduardo y sus compañeros impartir alguna clase de Liderazgo, pero el que me enseña es él a mí. ¿Crisis, qué crisis? con talento extraordinario como el de Eduardo Valcárcel.

En Cinco Días, Felipe Portocarrero se refiere a la figura de Frida Kahlo. Un cuerpo roto por 30 operaciones, dolor constante, la pierna derecha amputada por una gangrena (Felipe nos recuerda que Frida escribió en su diario: Pies para qué os quiero, si tengo alas para volar). Pintó un bodegón, el que sería su último cuadro, titulado ¡Viva la vida! La polio le afectó a los 6 años. A los 18 años, un tranvía chocó con el autobús en el que viajaba. Se partió la columna por tres partes, el cuello del fémur, las costillas, tuvo once fracturas en la pierna izquierda, el pie derecho aplastado, el hombro izquierdo dislocado y el hueso pelviano partido en tres zonas. Con todo, ella solía decir que ese fue el menor de sus dos accidentes: su relación con el pintor Diego Rivera durante 25 años fue desastrosa, incluyendo la sífilis y dos abortos. Con muy buen criterio, Felipe Portocarrero pone a Frida como “ejemplo de supervivencia ante la adversidad, de resistencia y de compromiso sincero y permanente con el amor, con sus creencias políticas y sociales, con su profesión y la amistad."

Del carácter individual al colectivo. Rodolfo Martín Villa escribe hoy en El País su Carta a los Reyes Magos. Nos recuerda que los combatientes de uno y otro lado pusieron en tierras del Ebro una placa con la siguiente inscripción: “A los que perdieron la guerra, que fueron todos”. En la Transición, en cambio, ganamos todos. La amnistía de 1977 fue hija predilecta de la Memoria Histórica. “Que nunca más, por ninguna razón, por ninguna causa, vuelva el espectro del odio a recorrer la tierra española, ensombrecer nuestra conciencia y destruir nuestra libertad” (18 de julio de 1986, con ocasión del 50º aniversario de “nuestra incivil guerra”, escribe Martín Villa).

Ante la adversidad, resiliencia. Salir adelante, con alegría. En Mujer Hoy (suplemento del ABC) se nos recomiendan los “alimentos para el buen humor”: Jamón, fuet y salchichón, Foie gras, Longan (un fruto chino de la familia del lichi), infusión de melisa y de orégano, huevos de codorniz, frutas secas, flores de azahar, avena, ostras y chocolate negro. Una magnifica dieta contra el desánimo y la depresión.

En la misma revista se presentan casos de mujeres que han triunfado a pesar de las dificultades. Entre ellas destaca Oprah Winfrey, hija de adolescentes, se crió en la pobreza. A los nueve años, un primo la violó. Se volvió incontrolable y se quedó embarazada a los 14 años. El bebé murió al poco de nacer. Su madre la mandó a vivir con su padre, que le impuso disciplina, le obligó a sacar buenas notas y a leer un libro a la semana. A los 19 años entró el radio y hoy es la presentadora más influyente del planeta. Voy a estudiar su caso en lo que queda de navidades. Álex Rovira, en ese artículo, apunta que hay que conservar la esperanza: “Hay que vivir las ilusiones, luchar por las cosas por las que creemos. Al final, lo que nos mantiene en vida, lo que nos impide quitarnos de en medio, es el amor. Seguimos luchando porque no sabemos si a la vuelta de la vida habrá un libro que nos atrape, un proyecto que nos ilusione o una persona de la que nos enamoraremos.”

¡Viva la vida! Y sin embargo, según datos de Corporación Multimedia que se han publicado hoy, el consumo de televisión en nuestro país alcanzó su récord: 227 minutos diarios por habitante. 3’5 millones de personas (el 8% de la población) consume más de 10 horas diarias pegadas a la tele. Por grupos de edad, los jóvenes de entre 13 y 24 años consumen una media de 144 minutos y los mayores de 65 años, 317 minutos. Por clase social, la clase alta consume 177 minutos diarios y la clase baja 263 minutos. La de cosas que se pueden hacer con esas cuatro horas al día de televisión (no digamos los que se pasan más de diez horas frente a la pantalla, en plan pasivo).