Páginas vistas en total

martes, 13 de enero de 2009

Muchos ángeles y buenos coaches

Jornada de trabajo en Barcelona, con un par de sesiones de coaching y tres entrevistas de feedback a directivos en una empresa que está consiguiendo resultados espectaculares en esta crisis. Será una de las ganadoras, de las que saldrán fortalecidas con este cambio de modelo.

He cogido el AVE de las 7 de la mañana, que ha llegado puntual (de hecho, antes de lo previsto) a la ciudad condal. En la prensa, el éxito del F.C. Barcelona de Pep Guardiola (47 puntos, más de los que necesita un equipo para mantener la categoría) y sobre todo la actitud que ha inculcado a los jugadores (y que evidenciaba Samuel Etoo en su última rueda de prensa): luchar, esforzarse, ir partido a partido. El delantero culé recordaba a su antiguo entrenador Luis Aragonés, el “sabio de Hortaleza”: “Se juega como se entrena”.

En el Real Madrid, cuatro victorias, una derrota –la previsible ante el Barça- y sólo dos goles encajados desde que llegó Juande Ramos al banquillo. Un artículo de Elenora Giovio se titula La simplicidad de un motivador. El coach manchego ha hecho con el equipo merengue lo mismo que cuando cogió al Tottenham en octubre de 2007 (entonces, el equipo inglés iba el último con una victoria de once partidos; en siete meses, quedó 11º y ganó la Copa, con lo que se clasificó para la UEFA). Sus claves del éxito son su forma de ser (es un tio extremadamente normal), la sana ambición (no se deja contagiar por el entorno) y la simplicidad (mensajes claros y muy sencillos). Al parecer, en el aspecto físico, con Marcos Álvarez, los blancos se entrenan, corren y se dejan la piel, mediante dobles sesiones de entrenamiento. En el periodo navideño, los jugadores madridistas han seguido una dieta especial y han bajado de peso. El equipo ha ganado a rivales directos como el Villareal y el Valencia y lleva tres jornadas seguidas sin encajar un gol. Juega por las bandas, revalorizando a Robben, y en las ruedas de prensa se observa seriedad y buena imagen.

Raúl González ha cumplido 500 partidos en primera división y está a dos goles de superar a Di Stéfano como máximo goleador madridista de todos los tiempos. De él escribe hoy Andoni Zubizarreta: “Viendo jugar a Rául siempre se me aparecen dos conceptos: pasión y tensión. Pasión por ponerse a prueba cada mañana en cada entrenamiento, en una competición continua con él mismo, con cada compañero, con cada uno de los que visten con camiseta diferente de la blanca que lleva impresa en su piel, y sobre todo con esos que visten diferente y llevan guantes. Tiene Raúl en su nariz el olfato del goleador y la mirilla del experto tirador. No ha sido nunca la estética lo que le ha preocupado a Raúl, sino la productividad, y mientras otros se perdían en regates novedosos, él encontraba soluciones simples para superar al meta rival. Tensión en cada gesto dentro y fuera de los campos, como si mostrar un gesto de gozo fuera a dar ventaja a cualquiera de esos rivales que esperan en las sombras para aprovecharse de ese seundo vulnerable. (…) Honor a quien alcanza logros de tamaña magnitud y a quien se permite el regalarse para cita tan señera un premio en forma de gol.”

Ayer lunes me hubiera gustado mucho ir al homenaje de Ángel González. Se cumplía un año de su fallecimiento. En la Delegación del Principado de Asturias de Madrid, su pareja Susana Rivera y muchos amigos presentaron una antología de sus poemas titulada La primavera avanza. De él se dijo que “Ángel era muchos ángeles”. Susana recordó unos versos que le dedicó, un poema titulado La vida en juego:

Donde pongo la vida pongo el fuego
de mi pasión volcada y sin salida.
Donde tengo el amor, toco la herida.
Donde pongo la fe, me pongo en juego.

Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego
vuelvo a empezar, sin vida, otra partida.
Perdida la de ayer, la de hoy perdida,
no me doy por vencido, y sigo, y juego
lo que me queda: un resto de esperanza.

Al siempre va. Mantengo mi postura.

Si sale nunca, la esperanza es muerte.

Si sale amor, la primavera avanza.