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sábado, 22 de noviembre de 2008

Transformar el Capitalismo: de la codicia al cariño

Esta mañana he estado en la Escuela de Negocios del CEU, tomando café (en su descanso) con los participantes en el Curso Superior de Coaching y charlando brevemente con los integrantes del Executive MPA (MBA con la P de Personas), cuya primera edición finaliza el 20 de diciembre, si bien compartiremos juntos un fin de semana en Urdaibai a mediados de enero, a modo de conclusión.

De los artículos de hoy, me quedo con el de Rosario Cordero en Cinco Días, Flexibilidad antes de llegar a la regulación laboral y la columna de Paz Álvarez en el mismo diario, ¿Tendrán regalos los reyes magos? (“Si algo vamos a sacar en limpio de esta crisis es que todo volverá a ser más racional.”)También con el “deseo” (más que realidad, me temo) de Montse Mateos y Beatriz Elías en Expansión & Empleo: “Externalizar la parte burocrática y administrativa del departamento de recursos humanos para centrarse en el desarrollo del talento en la organización es todavía una carrera en las empresas españolas.” Una carrera que muchos no saben, no quieren o no se atreven a emprender. En E&E, Ana Colmenarejo escribe sobre Álex Martínez, director creativo de JWT: “El entusiasmo vale más que el Talento”. Utiliza un concepto de talento limitado, elitista y tal vez genético., porque el Talento, que incluye capacidad y compromiso además de contexto, es imposible sin el entusiasmo.

Y especialmente la página completa de José Vidal-Beneyto en El País: Las desvergüenzas del capitalismo, que comienza del siguiente modo: “El capitalismo es una doctrina económica, a la par que un sistema político-económico, de condición y de usos en ocasiones positivos aunque con frecuencia perversos, que después de la incorporación de las experiencias antagonistas o alternativas –Rusia, China, países emergentes, etc- a la sola filosofía y práctica del mercado y del beneficio, se ha convertido en un modelo único en la realidad del mundo, casi también en la esfera del pensamiento.” Vidal-Beneyto repasa los orígenes del capitalismo (el protestantismo, y sobre todo el calvinismo, como nos enseñó Max Weber: “el calvinismo que descarta el consumo, condena el disfrute y el gasto y exalta el trabajo considerado como ejercicio religioso” y como analizó Richard Tawney en La religión en el origen del caitalismo). Y subraya: “Era difícil imaginar desde tan razonables y esperanzadores inicios que la generalización de la trampa y de la rapiña en los ámbitos económico y financiero llevase a un triunfo tan absoluto de la economía criminal.”

Es la hegemonía sin alternativas del capitalismo de casino. JVB cita los casos de Lehman Brothers, AIG, Barclays, UBS, DB, RBS, HBOS, Citygroup. “En Francia, los patronos de los seis grandes grupos financieros BNP Paribas, Societé Générale, Crédit Agricole, Crédit Mutuel, Caisses d’Epargne y Banques populaires se han abalanzado sobre los 10.000 millones de euros que el Estado francés ha puesto a su disposición para ayudar a sus organizaciones a salir de la crisis y nada se ha sabido de su destino.”

Una orgía financiera (así la describe el autor) que algunos venían denunciando desde hace tiempo. “Pocos han señalado que la tan celebrada cumbre de Washington sólo ha sido más de lo mismo.” Y concluye: “Sólo una movilización popular e intelectual, insistida y de gran calado, podrá ayudarnos a acabar con tanta patraña y tantas desvergüenzas.”

Vivimos en un cambio de época, que no se resuelve, como Jim O’Neill (Goldman Sachs) proponía en la reunión de antiguos alumnos del IE, “con Alemania abriendo más tiendas y los germánicos gastándose el dinero”. Estamos en el paso del Capitalismo al Talentismo, una época histórica en la que el Talento es más escaso que el Capital. El Talento decide, libremente, y no se dejará engañar por sacrificios absurdos ni por bobadas consumistas. Como dicen los amigos de Desigual, Fun & Profit. La secuencia no es baladí: primero el Disfrute (la clave del Talento) y como consecuencia, el Beneficio (que no necesariamente ha de ser crematístico, por cierto: la supervivencia exige perspectiva y no sólo maximizar el ebidta).

Los que se aferren al viejo modelo calvinista que se ha deteriorado hasta convertirse en capitalismo de casino (y “de amiguetes”) perecerán. Así de sabia es la naturaleza. Quienes entiendan que la globalización, la tecnología y el progreso nos trasladan a otro periodo histórico, humanista por definición, saldrán adelante. Cínicos, abstenerse.

Cómo transformar con éxito la situación. Sabemos que la mayor parte de los cambios (el 70-80%) fracasan. Un buen modelo (que he de seguirse con constancia) es el que nos propone John Kotter, profesor de Liderazgo de Harvard, en su obra Una fuerza para el cambio:
1. Establecer un sentido de urgencia.
2. Crear una coalición por el cambio.
3. Desarrollar una visión clara.
4. Compartir la visión (comunicación).
5. Dar autoridad a las personas para que superen los obstáculos.
6. Asegurar triunfos a corto plazo (quick wins).
7. Consolidar el cambio y seguir moviéndonos.
8. Anclar el cambio en la cultura corporativa.

Un modelo de “sentido común” (pero no de práctica común) que funciona.

Esta tarde he visto Quantum of Solace, la última de James Bond (no muy buena, por cierto). El pobre agente secreto anda tan perdido como nuestro mundo: los “malos” (los poderosos, que se quedan con los recursos naturales y apoyan a dictadores) son socios de los servicios de inteligencia (MI5 y CIA included). No sabe que hacer y sólo le queda la confianza de los leales. También Bond tiene que reinventarse, y canalizar su ira de “llanero solitario” hacia el talento. Quantum of Solace podría traducirse como “una parte de cariño”. Pues de eso se trata: de ponerle cariño, y no codicia, a este mundo.

Bienvenidos al Talentismo, la era de l@s valientes. Lo vamos a pasar genial.