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miércoles, 26 de noviembre de 2008

Sobresalientes

De nuevo en España, tras el breve pero intenso viaje a Chicago.

En el vuelo de vuelta (puntual, magníficamente atendido por el personal de Iberia), he estado leyendo Outliers. The store of success (Sobresalientes. Las historias del éxito) del sociólogo neoyorkino Malcolm Gladwell. En libros anteriores (The Tiping point, aquí traducido por La frontera del éxito, y Blink –Inteligencia Intuitiva-), Gladwell nos explicaba cómo debía entenderse el mundo y el pensamiento, respectivamente. En este, nos habla de cómo es realmente el éxito.

¿De qué depende el éxito? En primer lugar, de la Oportunidad. Es el llamado “Efecto Mateo” (del Evangelio de San Mateo, 25:29, “A quien tiene se le dará y tendrá de más; pero al que no tiene, se le quitará aun lo que no tiene”). Gladwell pone el ejemplo del hockey canadiense, que considera una meritocracia: un psicólogo de aquel país llamado Roger Barnsley cayó en la cuenta de que la mayor parte de sus jugadores (el 40%) han nacido en enero, febrero o marzo y sólo el 10% entre octubre y diciembre. ¿Por qué? Porque en el colegio la fecha de corte es nochevieja. Los “mayores” han tenido mejor entrenamiento. En el fútbol europeo y en el basket ocurre algo similar. Robert Merton lo llamó “Efecto Mateo”: los que tienen éxito reciben mejores oportunidades. El éxito es una “ventaja acumulativa” (de pequeño, mi padre me enseñó que estudiara mucho el primer trimestre, y lo demás vendría por añadidura).

El segundo gran efecto, según Gladwell, es el de “las 10.000 horas”. El psicólogo K. Anders Ericsson y sus colegas analizaron estudiantes del Conservatorio de Berlín. Les dividieron en tres grupos: los que se considera que serán grandes maestros, los “buenos” y los que no serán profesionales de la música. ¿Diferencias en cociente intelectual, clase social, personalidad? Ninguna. Todos habían empezado alrededor de los 5 años de edad. Pero los del grupo A practicaban 6 horas a la semana a los 9 años, 8 horas semanales a los 12, 16 horas a los 14 y hasta 30 horas semanales a los 20. A esa edad, llevaban 10.000 horas de práctica. Los del grupo B, 8.000 horas y los del C, 4.000 horas. Ahí está la diferencia.

El neurólogo Daniel Levitian tiene escrito: “Lo que se desprende de estos estudios es que 10.000 horas de práctica es lo que te convierte en maestro de algo”. Lo mismo ocurre con compositores, jugadores de baloncesto, escritores, pianistas, delincuentes, etc. “No hay ningún caso en que ser un experto de clase mundial se consiga en menos tiempo”. Michael Howe, en Genius explained, ha demostrado que las obras de Mozart son malas hasta que cumplió los 21; a esa edad llevaba componiendo conciertos 10 años. Gladwell insiste: “10.000 horas de dura práctica es el número mágico de la grandeza”. Los Beatles, que llegaron a USA en 1964, tocaban juntos desde 1957. En Hamburgo, tocaban siete días a la semana. En el 64, ya habían tocado juntos unas 1.200 veces (imaginemos cuántas horas de ensayo).

Oportunidades ocultas, bien aprovechadas. De las 75 personas más ricas de la historia, desde los faraones a Warren Buffet y Carlos Slim, 14 son estadounidenses con 9 años de diferencia, nacidos entre 1831 y 1840. La razón es que los EEUU entre 1860 y 1870 vivieron el periodo de crecimiento más espectacular de la historia. Unos cuantos se aprovecharon de ello. Los tres fundadores de Sun Microsystems, BIll Gates, Steve Jobs, Eric Schmidt (Google) o Bill Joy han nacido entre 1954 y 1955. ¿Casualidad?

También he estado leyendo el libro Tribes (Tribus) de Seth Godin, autor de una docena de best-sellers. Las tribus antes eran locales; hoy son globales. Frente a la idea de “fábrica”, las tribus son comunidad. Comparten intereses y una forma de comunicación. Una multitud es una tribu sin líder, sin comunicación, sin efectividad. La iniciativa es felicidad, ausencia de miedo.

Hoy, reuniones internas, comida con los amigos de una institución académica y encuentro con dos nuevas empresas clientes. Quería haber ido a la fiesta de despedida de “Al filo de lo imposible”, pero estaba muy cansado. No ha sido posible, por mi parte.