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jueves, 7 de agosto de 2008

Tito Andrónico

Ayer miércoles fue día de descanso tras el viaje transoceánico. Apenas fui a comprar la prensa, hablar con Lola Salado (responsable de comunicación e imagen de eurotalent), quedar con una periodista para hoy (está preparando un reportaje sobre Liderazgo en esta crisis) y poco más.

Sigo sondeando los misterios de la naturaleza humana en las obras de William Shakespeare. Tras Los dos hidalgos de Verona, La fierecilla domada y las tres partes de Enrique VI, hoy le tocaba a Tito Andrónico, la primera de sus tragedias.

Wikipedia la resume así: “Tito Andrónico, el gran general romano, regresa victorioso a Roma tras una larga guerra contra los godos del norte, en la cual ha perdido a casi todos sus hijos, con excepción de cuatro (Lucio, Quinto, Marcio y Mucio). Tito, para celebrar la ceremonia en honor a la victoria, hace un sacrificio humano de un enemigo prisionero: para ello elige a Alarbo, hijo mayor de Tamora, reina de los godos también prisionera junto a sus otros dos hijos Chirón y Demetrio y su servidor y amante moro Aarón. Aunque Tamora suplica por la vida de su hijo, Tito lleva a cabo el ritual y la reina goda y sus dos hijos restantes, Chiron y Demetrio, juran vengarse. Por otro lado, Saturnino, Emperador de Roma, en agradecimiento a Tito por el triunfo, decide tomar por esposa a Lavinia (hija de Tito) y convertirla en su emperatriz, pero los hijos de Tito se niegan a esa unión ya que Lavinia es la prometida de Bassiano (hermano del Emperador) y la raptan. Tito, indignado por la traición de sus hijos al Emperador, se va en contra de ellos matando a Mucio.
El Emperador, influído por Tamora, pone paz a la situación y cede Lavinia a Bassiano y toma a la reina goda por esposa convirtiéndola en Emperatriz (éste nuevo estatus social, le concede todo el poder necesario a Tamora para cumplir su venganza contra Tito) y para celebrar la boda se realiza una gran fiesta y una cacería en la cual participan casi todos los personajes (hijos de Tito, Lavinia, Bassiano, hijos de Tamora, Aarón, el Emperador). Durante la cacería, Aarón (esclavo de Tamora) y los hijos de ella (Demetrio y Chirón) llevan a cabo una trampa, matan a Bassiano y violan y mutilan lengua y manos a Lavinia, inculpando a Marcio y Quinto (hijos de Tito) como los asesinos por medio de una supuesta carta que ellos dejaron y que llegó a manos de la Emperatriz; a fin de cuentas, todo se desarrolla de tal forma que el emperador Saturnino ve a Marcio y Quinto como los asesinos de su hermano y manda ejecutarlos. La desgracia cae sobre Tito ante la próxima muerte de sus hijos y la violación sufrida por su hija Lavinia.
Aarón vuelve a engañar a Tito diciéndole que si se amputa una mano el Emperador salvará la vida de sus hijos. Pero todo se descubre cuando le son devuelta su mano y las cabezas de Marcio y Quinto. Por otro lado, Lavinia, ayudándose de un palo, brazos y boca, escribe los nombres de sus violadores en la arena. Tito jura venganza contra el Emperador, Tamora, Chirón y Demetrio. Y para llevar a cabo su venganza, manda a su único hijo con vida, Lucio, a aliarse con los godos y amenazar Roma con un ejército.
Mientras tanto, Tamora da a luz a un niño negro, el cual no es evidentemente fruto de su relación con el Emperador sino con la de su esclavo moro Aarón y por ello Tamora ordena ejecutar al recién nacido. Aarón se niega y planea salvarlo, pero para que el secreto no se extendiera por Roma mata a la nodriza y la partera y se lleva al niño a las afueras de la ciudad, donde se cruza con Lucio y el ejército godo, siendo capturado. Y Aarón, para evitar que Lucio matara a su hijo, le cuenta toda la verdad de las trampas y engaños.
En Roma Tamora y sus hijos (pensando que Tito se había vuelto loco) intentan engañarlo nuevamente y van a su casa diciendo que son la Venganza, la Violación y el Asesinato. La Venganza (personificada por Tamora), creyendo engañado a Tito, le dice que prepare un banquete al que asistirá el Emperador, la reina y sus hijos para que pudiese llevar a cabo la venganza que él tanto anhelaba, y Tito le sigue la corriente diciéndole que diera por hecho el plan. Tamora abandona la casa de éste dejando a Chirón y Demetrio, ocasión que aprovecha Tito para matarlos, los degüella y mutila en trozos para hacer un pastel de carne con ellos y dárselo a comer a Tamora durante el banquete.
Ya en el banquete, al que incluso asiste Lucio, hijo del desgraciado general, Tito pregunta al Emperador si Virginio hizo bien en matar a su hija cuando ésta fue violada, mancillada y deshonrada. Al contestar afirmativamente el Emperador, Tito mata a su propia hija Lavinia y acusa a Tamora de todos los males suyos y de su hija ya muerta, y tras decirle a Tamora que se había comido sin saberlo a sus dos hijos la mata ante el Emperador, a lo que éste responde matando a Tito y rápidamente Lucio matando al Emperador.
Tras esta situación, Lucio se proclama, con la ayuda del pueblo, nuevo Emperador de Roma y ordena enterrar vivo y hasta el cuello a Aarón, para que muera de hambre.”
Se trata de una obra muy violenta, que precisamente se centra en la venganza y en las raíces de la violencia en los seres humanos. En 1999, Julie Taymor realizó una espléndida versión cinematográfica, con Anthony Hopkins y Jessica Lange, llamada Titus. En España se estrenó en 2004.
Julie Taymor, directoras de musicales de Broadway como El rey León y de otras películas como Frida (2002) o A través del universo, es una artista neoyorkina de extraordinario talento. Su versión de Tito Andrónico es hipnótica.
Apata, compañía de teatro, presentó su versión de Tito Andrónico en Almagro en 2006, y nos cuenta en su página web:
“Porque las guerras de ayer son las guerras de hoy. La maldad.La violencia. La traición. El ansia de poder. La injusticia. La pérfida envidia.La insaciable ambición del ser humano.La crueldad de la guerra y sus crueles consecuencias. La sed de venganza.La herencia de la sangre derramada.
¿Qué late dentro de Tito Andrónico que nos resulta tan apasionante?
Tito Andrónico es una de las obras más brillantes (y menos representadas) de William Shakespeare, pues nos conecta con la tragedia primitiva, con el teatro no desvirtuado. La grandeza de su lenguaje, la belleza de sus formas, la acertada construcción dramática, el acabado de sus caracteres y la crudeza de sus imágenes, componen un majestuoso lienzo teatral en el que el hombre es el único responsable de su trágico destino.
Este texto dramático apela a nuestros instintos más primarios, a nuestros sentimientos más profundos, removiéndolos y rasgándolos desde la crueldad. Y es que, como dijo Antonin Artaud: “El teatro sólo podrá ser nuevamente el mismo, ser un medio de auténtica ilusión, cuando proporcione al espectador verdaderos precipitados de sueños en los que su gusto por el crimen, sus obsesiones eróticas, su salvajismo, sus quimeras, su sentido utópico de la vida y de las cosas, y hasta su canibalismo, desborden en un plano no fingido e ilusorio, sino interior.”
La tiranía de la guerra y su hermana la venganza, las intrigas y traiciones políticas, el maquiavelismo, la ambición y las luchas de poder, dotan al texto de una gran contemporaneidad, pues nos hablan de lo que éramos entonces pero también de lo que somos ahora y, tal vez, de lo que siempre seremos.
El texto está estructurado en cinco actos, cinco bloques de sentido que vertebran una trama clara y sencilla. Además, posee una contundente unidad interna y una incuestionable y necesaria correspondencia entre los múltiples temas que la atraviesan, lo que provoca que la acción avance apoyada de manera magistral en el binomio teatro-historia.
Hemos trabajado con rigurosa honestidad en una versión que parte de una reducción del original. Nuestro esfuerzo ha consistido en realizar una intervención en el texto dramático, alterando levemente su estructura original. Así, desde un trabajo intenso y conciso de traducción, hemos prestado una atención especial a:
- La sustitución de arcaísmos por dificultad en la comprensión, por comicidad o por cambio de significado.
- Reducción de las descripciones.
- Supresión de las partes explicativas y supresión de texto por repetición.
- Reducción y reelaboración del dramatis, eliminando o fundiendo personajes.
- Traspasar el texto de unos personajes a otros.
El resultado es un texto con toda la fuerza del pensamiento shakespeariano, con toda la magia y el furor de sus palabras y, a su vez, una duración más acorde con nuestro vertiginoso ritmo de vida. La acción se comprime de una manera compacta y uniforme sin que la esencia del texto se resienta en absoluto. Este espíritu dinamizador preside toda la propuesta y en él se encuentra gran parte de la frescura, el ingenio y la originalidad de nuestra versión.
Todos los elementos presentan una coherencia absoluta y las distintas partes están construidas en función del todo para conseguir la integración del público en el espectáculo. Así, la propuesta nace de una perfecta adecuación de forma y contenido que, sin resultar explícita, permite al espectador seguir el hilo argumental.”