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martes, 5 de agosto de 2008

Nuno Júdice

Sé que a muchos os ha gustado el poema Ausencia de Nuno Júdice.

Su biografía es la siguiente: Nuno Júdice nació en Mexilhoeira Grande, Algarve, Sur de Portugal, en 1949. Poeta, narrador, ensayista, dramaturgo, editor profesor universitario y diplomático. Realizó estudios de Filología romana. Ha publicado doce libros de poesía, seis de ficción, y varios volúmenes de ensayo.
Aunque ha sido también ensayista, narrador y dramaturgo, es reconocido fundamentalmente por su poesía. Estudiante de Filología Románica en la universidad lisboeta, llegó a ser profesor de ésta años después. Quizá doctorarse en literatura medieval le ayudara en algo. En 1993 publica un libro divulgativo sobre la poesía portuguesa del siglo XX en Francia, que no se ve publicado en Portugal hasta 1997, año en el que viaja a París para desempeñar el cargo de consejero cultural de la embajada portuguesa y, con posterioridad, el de delegado del Instituto Camões. En 1996, funda y dirige la revista de poesía Tabacaria. Está considerado uno de los más importantes poetas portugueses surgidos a continuación del grupo Poesía 61.

Ha sido traducido al español, italiano, inglés y francés. Publicó su primer libro de poesía en 1972: A Noção do Poema. Seguirán Crítica Doméstica dos Paralelipípedos (1973), Lira de Líquen (1985, Prémio Pen Club Português), Enumeração de Sombras (1989), Meditação sobre Ruínas (1994, Grande Prémio de Poesia da Associação Portuguesa de Escritores, 1995), Teoria Geral do Sentimento (1999), Poesia Reunida 1997-2000 (Premio Crítica 2000 del Centro Português da Associação Internacional dos Críticos Literários (AICL), 2001), Pedro lembrando Inês (2002), Cartografia de Emoções (2002) , O Estado dos Campos (2003), Geometria variável (2005) y el más reciente As coisas mais simples (2006). De este último vino a leer poemas recientemente a España.

Y os dejo otros dos maravillosos poemas

Receta para hacer el azul
Si quieres hacer azul,
agarra un trozo de cielo y mételo en una olla grande,
que puedas llevar al fuego del horizonte;
después mezcla el azul con sobras de rojo
de la madrugada, hasta que se deshaga;
vacía todo en un bacín bien limpio,
para que no quede nada de las impurezas de la tarde.
Finalmente, criba los restos de oro de la arena
del mediodía, hasta que el color se adhiera al fondo de metal.
Si quieres, para que los colores no se desprendan
con el tiempo, deposita en el líquido un corazón de melocotón quemado.
Lo verás deshacerse, sin dejar señal de que alguna vez
allí lo pusiste; y ni el negro de la ceniza dejará restos de ocre
en la superficie dorada. Puedes, entonces, levantar el color
hasta la altura de los ojos, y compararlo con el azul auténtico.
Ambos colores te parecerán semejantes, sin que
puedas distinguir entre uno y otro.
Así lo hice – yo, Abraham ben Judá Ibn Haim,
iluminador de Loulé – y dejé la receta a quien quisiera,
algún día, imitar el cielo.



Principios
Podríamos saber un poco más
de la muerte. Pero no sería eso lo que nos haría
desear morir más
aprisa.
Podríamos saber un poco más
de la vida. Tal vez no necesitaríamos vivir
tanto, cuando sólo se precisa saber
que debemos vivir.
Podríamos saber un poco más
del amor. Pero no sería eso lo que nos haría dejar
de amar al saber claramente lo que es el amor, o
amar más todavía al descubrir que, aun así, nada
sabemos del amor.

Hoy vuelvo a Europa desde la República Dominicana. Me encanta este país y la actitud de sus gentes. Espero volver muy pronto.