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domingo, 10 de agosto de 2008

Diez años de Psicología positiva

Domingo de agosto en Málaga. Playa, piscina y la compañía de José Antonio Sainz, compañero de eurotalent, amigo fraternal y padrino de Zoe.

Uno de los libros que me he traído para estos días es Psicología positiva, de Beatriz Vera Poseck. Beatriz es licenciada en Psicología clínica por la Universidad Complutense de Madrid, coordina y gestiona la web www.psicologia-positiva.com y escribe en la sección En positivo de la revista Mente Sana.

Esta obra, publicada en mayo de este año, repasa el movimiento de la Psicología positiva desde que Martin E. P. Seligman asumiera la presidencia de la Asociación Americana de Psicología (APA) en 1998. En el discurso inaugural, Seligman señaló que, si bien el propósito de la psicología es triple (curar las enfermedades mentales, hacer que la gente de la vida normal sea más feliz e identificar y cultivar el talento), tras la II Guerra Mundial, sobre todo con la creación del Instituto Nacional de Salud Mental en 1947, la psicología reconvirtió en sinónimo de tratamiento de enfermedades mentales.

En enero de 1999, en el I Congreso Akumal del Yucatán, se redactó un manifiesto con la definición, las metas, los enfoques y las aplicaciones de la psicología positiva, firmado por Ken Sheldon, Barbara Fredickson, Kevin Rathunde, Mihalyi Csikszentmihalyi y Jon Haidt. Como pone de manifiesto la autora, la Psicología positiva bebe de las fuentes de la psicología humanista (Abraham Maslow, Carl Rogers, Erich Fromm) y, aunque Beatriz no lo menciona, creo que también de David McClelland y sus discípulos (Lyle Spencer, Richard Boyatzis, Annie McKee). Ya en 1954, Maslow habla de “psicología positiva” en su obra Motivación y personalidad.

A partir de esta introducción, el libro se centra en los grandes temas de la Psicología positiva:

- Las emociones positivas, más difíciles de estudiar y que no poseen expresiones faciales únicas y características a diferencia de las negativas, con la teoría de Barbara Fredickson y el “estudio de las monjas” de la Universidad de Kentucky.
- El optimismo, característica dispositiva (Michael Scheier y Charles Carver) o estilo explicativo (Christopher Peterson y Martin Seligman), con sus dimensiones de Personalización, Permanencia y Persistencia. La defensa del optimismo flexible o inteligente. Beatriz Vera escribe: “Hay decisiones que requieren tomarse en estados de alerta propios del pensamiento frío y racional del pesimismo, no en estados de euforia, y que demandan ser precavidos y tener en cuenta todos los riesgos; otras situaciones, en cambio, se benefician de pensamientos positivos y optimistas, de tener la moral alta, confiar en uno mismo y borrar de la mente, dentro de lo razonable, las previsiones negativas sobrevaloradas”.
- La felicidad, desde los planteamientos de Aristóteles en su Ética a Nicómaco a las aportaciones de Daniel Kahneman. Beatriz repasa los mitos del "tonto feliz" y el "genio depresivo": “aunque no faltan casos de artistas depresivos, la lista de genios sanos es muchísimo más larga, por lo que establecer una relación causa-efecto entre genio y esos trastornos carece de fundamento”. Como Kahneman, Seligman rechaza la base hedonista de la felicidad y distingue entre placeres (de componente sensorial y emocional) y gratificaciones (momentos duraderos). Diferencia la vida placentera, la buena vida (emociones positivas) y la vida significativa (con gratificaciones): es por la que merece la pena luchar.
En La auténtica felicidad, Seligman nos propone la fórmula F = R + C + V; la Felicidad duradera es la suma de R (rango fijo, felicidad heredada), C (circunstancias externas) y V (variables internas: extraversión). ¿Qué circunstancias externas? Según Chris Peterson (2006), son variables de nulo o escaso impacto en la felicidad la edad, el género, la educación, la clase social, el salario, la etnia, la inteligencia o el atractivo físico; de impacto moderado: el número de amigos, el matrimonio, la religiosidad, el tiempo de ocio, la salud física, la extraversión, el neuroticismo (negativamente) o el locus de control interno; de alto impacto la gratitud, el optimismo, tener un trabajo, la actividad sexual, el afecto positivo, los gemelos y la autoestima.
- El sentido del humor: Beatriz Vera cita a Norman Cousins (1964), a nuestro compatriota Eduardo Jáuregui y a William Fry ("El humor es un signo de democracia"). La risa genera endorfinas, hormonas de la felicidad.
- Fluir (flow), concepto de Mihaly Csikszentmihalyi. Los ocho parámetros del “flujo” (yo prefiero llamarlo fluidez) son Unión (integración en la actividad), Concentración, Control (ausencia de preocupaciones), Pérdida de la consciencia, Distorsión del sentido temporal, Valor de la, experiencia por sí misma, Valor de las capacidades personales y Metas/feedback. Se distingue entre ocio pasivo (la tele) y ocio activo (leer, hacer deporte). Para el 91% de los españoles, ver la TV es la principal ocupación del tiempo libre. Csikszentmihlayi considera “personalidad autotélica” a la tendencia a disfrutar de la vida. Un 15% de la población es incapaz de fluir.
- Resiliencia y crecimiento postraumático: los franceses Michel Mancioux y Boris Cyrulnik definen la resiliencia como la capacidad de una persona o un grupo para seguir proyectándose en el futuro a pesar de acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de traumas graves. Se obtiene a partir de un recuerdo selectivo (lo positivo), asumir que en la vida también influye la suerte, compararse con los demás (para ver lo positivo) y percibirse como superviviente.
- Las fortalezas personales: Seligman ha retomado el concepto de personalidad como conjunto de rasgos, que llama fortalezas. Ha elaborado un cuestionario, el VIA, de 24 fortalezas en 5 virtudes: sabiduría/conocimiento, coraje, humanidad, justicia, moderación, trascendencia. Seligman y Peterson crearon en 2004 el CSV (Characters, Strengths and Virtues), versión “positiva” del DSM (Diagnóstico de enfermedades mentales) de 1952. El CSV es un manual de unas 1.000 páginas.
- Terapia positiva: es el ámbito de la psicología aplicada. En 1945 no existía ninguna enfermedad mental; hoy hay decenas diagnosticadas y 14 con tratamientos para aliviar los síntomas. Ahora bien, “por muy eficiente que sea una técnica de intervención, nunca supera un 65% de éxito”, en tanto que el efecto placebo tiene una eficacia que oscila entre el 45% y el 55%. Seligman y Peterson proponen “ejercicios de felicidad” como la “visita de gratitud” (o carta de gratitud), escribir en un diario las 3 cosas buenas del día, ayudar a los demás (da más satisfacción que el placer personal), regalar tiempo a quienes queremos, escribir el propio legado, desear de corazón un buen día a los demás o valorar el propio pasado.
- El futuro de la psicología positiva: Beatriz Vera se refiere a los pasos a dar y retos para el futuro. Menciona la dura crítica de Richard Lazarus (2003). Desde 1897 hasta 2000 se han publicado 70.856 artículos científicos sobre depresión y 2.958 sobre felicidad. Y concluye: “La psicología positiva no está mostrando signos de marchitarse. En realidad, ahora es más relevante que nunca”.

Excelente compendio. La autora nos regala además una bibliografía recomendada, con dos libros imprescindibles: La auténtica felicidad, de Seligman y Optimismo inteligente, de Mª Dolores Avia y Carmelo Vázquez. Yo añadiría Praxis de la Psicología positiva, de Klaus Vopel (Beatriz lo menciona en la página 147), Aprenda optimismo de Martin Seligman, Flow de Mihalyi Csikzsentmihlayi, Los patitos feos de Boris Cyrulnik y, en la versión empresarial, El directivo feliz de Carlos Herreros de las Cuevas y La felicidad, de Javier Fernández Aguado.

Por la noche fui con José Antonio a ver Cobardes, de Juan Cruz y José Corbacho. La sinopsis de la peli es la siguiente: “Gaby es un chaval de catorce años que tiene miedo a ir al colegio. Tal vez su miedo sea a causa de Guille, un compañero de clase, que por su parte tiene miedo a defraudar a su padre. Pero los padres de Gaby y Guille también tienen miedo. Joaquín, el padre de Gaby tiene miedo a perder su trabajo y Merche, su madre, miedo a que su familia se desmorone. Guillermo, padre de Guille, tiene miedo del poder que le envuelve y Magda, su madre, miedo de no conocer a su propio hijo. Y después está Silverio, el dueño de la pizzería, que no le tiene miedo a nada. Bueno… tal vez a Dios. ¿Y tú? ¿De qué tienes miedo?” Nos encantó.

La Psicología positiva ha de reivindicar la valentía, el coraje, como gran cualidad y virtud.

“Los cobardes mueren muchas veces antes de su propia muerte. Los valientes prueban la muerte una sola vez” (William Shakespeare).

1 comentario:

Beatriz V.P. dijo...

Hola! Soy Beatriz Vera, autora del libro. Llegué a tu blog de casualidad, me alegro mucho de que te gustara el libro y muchas gracias por la gran reseña! Un saludo,
Beatriz Vera