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domingo, 31 de agosto de 2014

Guerras de marca blanca, Éxitos de Marca Profesional


Domingo entre La Coruña (final del Torneo de Fútbol Femenino en Orzán) y Madrid (caravana de operación regreso). Una semana de maravilla, entre Asturias con mis compañer@s y Galicia, volviendo a ver a grandes amigos como Mar y Enrique y disfrutando del equipo de AR10.
He estado leyendo un estupendo artículo de Ignacio Camacho, titulado ‘Guerras de Marca Blanca’: http://lector.kioskoymas.com/epaper/viewer.aspx  Muy recomendable.
Ignacio, uno de los mejores periodistas de nuestro país, comienza el mismo de esta forma: “SUELE decir Javier Solana, el ex jefe de la OTAN que mandó bombardear Serbia, que la de Irán e Irak fue la última guerra entre estados. La última guerra convencional —la de Gaza no cuenta porque Palestina no es técnicamente un Estado— librada a la antigua: dos naciones enfrentadas por cuestiones territoriales, con declaración formal de hostilidad mutua y dos ejércitos uniformados de manera distinta matándose de modo más o menos organizado. Desde entonces los conflictos bélicos responden a una lógica posmoderna, confusa y mixtificada: confrontaciones civiles, étnicas, religiosas, a menudo todo a la vez, mezcladas con terrorismo, masacres de población indefensa, intervenciones multinacionales en zonas críticas o invasiones internas dentro de un mismo país fracturado. A efectos de matar y morir es lo mismo pero en el plano político se producen enredos en los que los grandes agentes internacionales, sean potencias u organismos, encuentran mucho más difícil la localización de sus propias razones y los fundamentos jurídicos para una toma de postura. Dicho en román paladino: a falta de un criterio para discernir entre buenos y malos tienen más dificultades para diferenciar entre amigos y enemigos, entre propios y extraños. Antes al menos se sabía quiénes eran los aliados.”
Recomendación para los nuevos tiempos: “De esas dudas más políticas que morales se aprovechan siempre los más decididos. La Historia enseña que la ventaja es de quien golpea primero, y la reciente extensión del pensamiento pacifista en la opinión pública occidental añade la lección de que con frecuencia la agresión sale gratis. Hechos consumados. El agresor irrumpe liquidando gente a mansalva y al cabo de unos meses de mucho debate lo peor que le puede suceder es que el mundo libre decida oponer una leve y muy restringida actuación para proteger a los supervivientes, en la hipótesis de que exista un acuerdo sobre quiénes son los damnificados. La segunda guerra del Golfo marcó el punto de inflexión en el absentismo norteamericano y sin la fuerza militar de Estados Unidos no hay coacción seria que impida soltar la mano armada. Bien lo entendió Assad en Siria —ciertamente allí, entre asesinos de diversa índole, resultaba complicado elegir bando— y con más determinación aún lo ha interpretado en Irak el salvaje yihadismo cortacabezas islámico.”
Y concluye Ignacio Camacho: “Algo parecido ha debido colegir Putin en Ucrania, donde para salvar las apariencias ha enviado un ejército sin insignias a combatir en otra guerra de marca blanca. Al cabo de 2.600 muertos parece que la OTAN se ha dado cuenta de que allí pasa algo extraño, que llueven bombas y balas, y le ha ofrecido un paraguas a los ucranianos. La impunidad se va a acabar, ha dicho Obama, harto de abusos, vestido con elegante traje claro. Cualquier día de éstos se cabrea la UE, castiga sin postre a Putin y le prohíbe a sus amigos millonetis atracar sus yates en Marbella o en Montecarlo.”
Efectivamente, en el Talentismo se libran en cada contienda dos batallas en paralelo: la mediática (donde no conviene aparecer masacrando, que queda mal ante la opinión pública) y la real (tan cruenta como de costumbre). La primera temporada de ‘House of cards’ es primorosa en ese sentido.
Para cada un@ de nosotr@s, se trata no de ser marcas blancas, sino Marcas Profesionales (como ejemplo, Sir Ken Robinson, entrevistado en su día por Lluis Amiguet en La Contra de La Vanguardia: “La creatividad se aprende igual que se aprende a leer”, www.lavanguardia.com/lacontra/20101103/54063818455/la-creatividad-se-aprende-igual-que-se-aprende-a-leer.html).
La Marca es una “promesa de valor”. Y si no se tiene un pre-juicio (idealmente, muy positivo) sobre ti, es que no vales demasiado (como talento es “poner en valor…” es que no tienes demasiado talento). Así son las cosas. Se trata de ser sobresaliente (fuera del montón), relevante y diferente (único), como diría Irene Martínez, autora de un espléndido libro sobre el particular.
Esta temporada 2014-2015 va a ser “el tiempo de las Marcas”. Deja huella o serás irrelevante. Impacta o serás llevado por la marea. Marca… la diferencia.

sábado, 30 de agosto de 2014

El Reto de la Autoeficacia


Jornada de paseo por La Coruña, la ciudad en la que nadie es forastero. Visita al estadio de Riazor, Plaza de María Pita, jardines de Méndez Núñez, Torre de Hércules, etc. Comida en Tiro de Playa con mis buenos amigos Mar y Enrique (unas vistas increíbles a la playa de Riazor en uno de los mejores días de agosto, un besugo para tres espectacular, un diálogo muy gratificante) y partido a las 5 de semifinales entre el Orzán y el AR10 en los campos de la Torre. Ha ganado el equipo de mi hija Zoe por 0-3.
Me ha dado para reflexionar la actitud de la portera del equipo rival durante la segunda parte. Todo indicaba por su postura corporal que esta jugadora (una niña de 13 años) había salido al campo sin la seguridad en sí misma de su predecesora en el partido. En una cesión cogió la pelota (a la pobre nadie le dijo que no lo hiciera) y se convirtió en una jugada peligrosa, que finalmente no fue gol. En el córner siguiente, un lanzamiento alto al que no pudo llegar y se lo tomó como un error personal. En otra jugada, rechazó el balón y una jugadora del AR10 estuvo atenta para marcar. Y casi al final, disparo desde lejos que tocó pero no desvió. La chica salió del campo entre lágrimas.
Ya sabes que la diferencia entre un error y un fracaso es que del error aprendes (y, como fuente de aprendizaje, lo corriges) y el fracaso te hunde, en una espiral negativa, un círculo vicioso.
Me gusta el concepto de Autoeficacia. La creencia (es un modelo mental) de que eres capaz de lograr algo como paso previo para hacerlo). En Liderazgo, Warren Bennis lo llamó “factor Wallenda”: si crees que te caes, te caes. El entrenador Unai Emery, vigente campeón de Europa League con el Sevilla, lo llama “mentalidad ganadora”. Primero ganar en la mente para después ganar en el campo.
Albert Bandura colocó la Autoeficacia en el centro de su Teoría Cognitivo Social. Mi buen amigo Santiago Vázquez, en su estupendo libro ‘La Felicidad en el trabajo… y en la vida”, que tuve el honor de prologar, coloca la Autoeficacia en el “yo conmigo”, tras el autoconocimiento. “Cada un@ es responsable de su propia felicidad”. ¡Qué gran verdad, querido Santi!
Después del partido, he tenido tiempo para ir a ver en los cines del CC Cantones, ‘El Niño’ de Daniel Monzón. Una estupenda película sobre las redes de narco tráfico en el Estrecho de Gibraltar. La solvencia de actores como Luis Tosar, Eduard Fernández, Sergi López y Annie Lennie, la pareja romántica de Jesús Castro y Miriam Bachir, la aportación de Jesús Carroza (“el compi”) y Moussa Maaskri (Rachid), el guión firmado por Monzón y Jorge Guerricaechevarría tiene un ritmo trepidante y nos hace pasar un rato muy entretenido.
Al protagonista le llaman “El Niño” porque se divierte jugando. Tiene una seguridad en sí mismo (con la moto de agua por el Estrecho, en las situaciones difíciles, defendiendo a su compi) que le hacen atractivo. Es un peón en esta partida de ajedrez en el que se mueve mucho dinero; sin embargo, sabe lo que quiere y cómo lograrlo. Autoeficacia.
‘El Niño’ será un éxito comercial por su calidad, su distribución (Mediaset) y su concepto (una peli de polis a la española). Estoy convencido de ello.
Mi gratitud a Ana, Manuel, el equipo técnico y los padres de las jugadoras que han venido a La Coruña y a los anfitriones, el Orzán de fútbol femenino, que nos están haciendo pasar un fin de semana delicioso.    

viernes, 29 de agosto de 2014

La critica de Acemoglu y Robinson a El Capital de Piketty


La temporada comienza de forma inmejorable. Desde el miércoles hasta hoy viernes hemos vivido en Llanes uno de las mejores reuniones de Comité de Dirección que he disfrutado en mi vida profesional. Un entorno absolutamente maravilloso, una gastronomía excepcional (con los mejores productos del Principado) y sobre todo un Equipo en toda la extensión de la palabra. Mi profunda gratitud a las 19 personas que hemos compartido estos días. Sois una gente increíble.
Y desde Asturias a Galicia, a vivir el torneo de fútbol de Riazor en La Coruña. Mi hija Zoe juega en el AR10 y por vez primera, además de fútbol masculino, participa en el torneo el fútbol femenino. Lo vamos a pasar genial este fin de semana.
He estado leyendo ‘The Rise and Fall of General Las of Capitalism’ (Auge y Caída de las Leyes Generales del Capitalismo), un “paper” en Harvard publicado este mes de agosto en el que Daron Acemoglu y James A. Robinson (autores del impresionante ‘Por qué fracasan los países’) analizan el libro de Tomás Piketty ‘El Capital en el siglo XXI’, que tanto interés ha despertado.
La tesis de Acemoglu y Robinson es que Piketty, como David Ricardo o Karl Marx, pretende establecer “leyes generales de la Economía”, en este caso sobre la desigualdad. Leyes poco útiles, porque ignoran el papel de las instituciones políticas y económicas en la distribución de recursos y el impacto tecnológico. A & R comparan la evolución de Sudáfrica y Suecia para demostrar que respecto a la desigualdad las instituciones juegan un papel más relevante que el desajuste entre tipos de interés y tasas de crecimiento, como propone Piketty.
Los autores están encantados en que se debata un tema como la desigualdad y sorprendidos del grado de ambición de Piketty, que formula leyes generales de la economía, como Malthus, Ricardo o Marx. Pero Piketty se equivoca en ignorar a las instituciones “que determinan cómo evoluciona la economía, cómo funcionan los mercados y cómo se distribuyen los beneficios entre los distintos agentes”.
Marx predijo en ‘El Capital’ (Volumen I, Capítulo 25) que un ejército de desempleados mantendría los salarios al nivel de subsistencia y por ello el consumo no crecería. En el Volumen III, predijo que los beneficios serían decrecientes. Y también que la acumulación del capital reduciría la competencia. Sin embargo, las instituciones de la Revolución Industrial supusieron un progreso tal que evitó que esas predicciones se cumplieran.
A Piketty le pasa lo mismo. Imagina un futuro de rentistas, ricos herederos. Define el capitalismo como Marx, con dos “leyes fundamentales”: la cuota de capital de los ingresos nacionales y la tasa de ahorro comparada con el crecimiento del PIB.
¿Qué ha pasado con la desigualdad en los dos países como Suecia y Sudáfrica a lo largo del siglo XX? En ambos casos, estaba alto al principio, bajó hasta 1980 y después ha vuelto a subir. Sin embargo, en Sudáfrica los cambios en las leyes laborales han sido profundos. En 1913, el 93% de la tierra era de colonos blancos. En 1948 se impuso el apartheid. En 1953 se creó un sistema de educación separado. La desigualdad creció hasta el fin del apartheid. En Suecia, evidentemente, la situación ha sido muy distinta.
La diferencia está en las instituciones formales (poder político) y no formales (poder económico). El apartheid colapsó desde los 70 porque sustituyó el capital por trabajo (mano de obra barata). En Suecia ha subsistido el modelo de Estado del Bienestar. “Si Bill Gates y Warren Buffet fueran el doble de ricos, significa eso que su país sería menos meritocrático?”. La pregunta es muy acertada.
Mi agradecimiento a especialistas como Acemoglu y Robinson, que analizan con rigor los pilares de la desigualdad. La clave está en conceptos como el mérito o la inclusividad, más que los impuestos sobre el patrimonio, me temo.        

jueves, 28 de agosto de 2014

Richard Attenborough y el cine sobre Liderazgo


¡Cómo me gusta Asturias! En la reunión de Comité de Dirección de comienzo de la nueva temporada, hemos tenido además la oportunidad de visitar, desde nuestra base de operaciones de Llanes, Ribadesella (la cueva de Tito Bustillo), Cangas de Onís y Covadonga, además de algunos de los más bellos paisajes de la costa del Principado. Muchas gracias, Manu, por ser un anfitrión tan excepcional, y a nuestr@s compañer@s por generar un ambiente tan grato.
He lamentado el fallecimiento de Sir Richard Attenborough. Mañana día 29 de agosto habría cumplido 91 años. Estudió en la Real Academia de Arte Dramático de Leicester, comenzó como actor a los 18 años y le vino el éxito seis años después. Su debut como director fue en 1969. En los 70, tres grandes películas: ‘El joven Winston’ (sobre Churchill), ‘Un puente lejano’ y ‘Magic’. ‘Gandhi’ (1982) obtuvo 8 Óscars de la Academia. Posteriormente, ‘A Chorus Line’ (1985), ‘Grita Libertad’ (1987), ‘Chaplin’ (1992) y ‘Tierras de penumbra’ (1995). Su última cinta, ‘Búho gris’, es de 1998. Fue actor de nuevo en ‘Parque Jurásico’, ‘Milagro en la calle 34’, el ‘Hamlet’ de Kenneth Branagh y ‘Elizabeth’
‘Gandhi’ es una de las mejores películas sobre Liderazgo de todos los tiempos. Es la historia real de uno de los mejores líderes. En www.movieleadership.com, podemos leer sobre las mejores películas de esta temática: www.movieleadership.com/wp-content/uploads/2013/03/The-10-Best-Leadership-Movies.pdf
En mi lista personal, además de ‘Gandhi’, incluiría a estas 35 cintas:
- Relatos sobre líderes reales: Mandela (‘Invictus’, ‘Largo camino a la libertad’), Alejandro Magno (‘Alejandro’), Abraham Lincoln (‘Lincoln’), Margaret Thatcher (‘La dama de Hierro’), William Wallace (‘Braveheart’), Espartaco (‘Espartaco’), ‘Erin Brokovich’, ‘Teresa de Calcuta’, ‘Enrique V’.
- Trayectorias de líderes en la ficción: ‘Master & Commander’, ‘Gladiator’, ‘Hombres de honor’, ‘El Club de los poetas muertos’, ‘La caza del Octubre rojo’, ‘El rey león’, ‘La gran evasión’, ‘Profesor Holland’. 
- Historias deportivas: ‘Hoosiers. Más que ídolos’, ‘Coach Carter’, ‘Titanes’, ‘Moneyball’, ‘Un domingo cualquiera’, ‘Un gran equipo’, ‘Rocky’.
- Momentos de crisis: ‘Algunos hombres buenos’, ‘Apolo 13’, ‘Cadena perpetua’, ‘El discurso del Rey’, ‘Salvar al soldado Ryan’, ‘Cisne negro’, ‘La red social’, ‘La lista de Schindler’, ‘La vida es bella’, ‘El puente sobre el río Kwai’.
Como suelo decir, “el cine es el método del caso del siglo XXI”.

Excelente el artículo de la Dra. Silvia Damiano, autora de ‘Leadership is Upside Down’ en The Huffington Post: www.huffingtonpost.com/silvia-damiano/five-survival-questions-f_b_5726270.html?utm_hp_ref=business&ir=Business Cuestiones vitales sobre el Liderazgo en el VUCA World. Mi enhorabuena a nuestra querida y admirada amiga Silvia.  

miércoles, 27 de agosto de 2014

El Estado Innovador es lo que marca la diferencia


Antes de ir para Asturias, ayer tuve tiempo de ver la única película dirigida por Phillip Seymour Hoffman, ‘Una cita para el verano’ (Jack goes boating, 2010). Basada en una obra de teatro neoyorkina de Robert Glaudini, es la historia de un conductor de limusinas de carácter introvertido (que interpreta admirablemente el propio PSH) que quiere conquistar a una chica también introvertida (Amy Ryan) aprendiendo a nadar y a cocinar, ayudado por una pareja de amigos (John Ortiz y Daphne Rubin-Vega, que también actuaron con Phillip en la escena). “Phillip Seymour Hofman dirige como actúa, con ojo de lince para los pequeños detalles que diseccionan el alma del personaje” (Peter Travers, Rolling Stone).
Tengo pendiente en DVD volver a ver ‘La duda’ (con Merryl Streep), ‘Esencia de mujer’ (con Al Pacino) y un par de cintas más del genial PSH. Un gran actor de nuestro tiempo.
También he estado leyendo ‘Lo Stato innovatore’ (El Estado Innovador), de Mariana Mazzucato, subtitulado. “A la empresa privada se la considera una fuerza innovadora, mientras que el Estado es tomado como una fuerza inercial, demasiado voluminosa y pesada para servir de motor dinámico. El propósito de este libro que tiene entre las manos es desmontar este mito”. La cosa promete. La Dra. Mazzucato, catedrática de Innovación de la Universidad de Sussex, es una de las mayores expertas internacionales en economía de la innovación.
En la introducción a la edición italiana (la original, de 2013, es en inglés), la autora parte de un análisis muy certero: los países que antes de 2007 habían invertido en desarrollo del capital humano, nuevas tecnologías e I+D han superado la crisis satisfactoriamente; la periferia de Europa (que Goldman Sachs llamó de manera infame, “PIGS”) se han mantenido en ella. Alemania apuesta por un “crecimiento verde”, con instituciones de “capitalismo paciente” que soportan el desarrollo y la innovación. Para Europa, Mariana propone no estimular el crecimiento a través de impuestos, que lo que importa en la financiación no es la cantidad sino la calidad y analizar la “gobernanza” (término de moda) y la condicionalidad (fomentar la competencia y el rendimiento).
Se trata de hacerlo todo de manera diferente. Mazzucato parte, obviamente de Adam Smith y la mano invisible del mercado, pero también de Keynes, presente en EE UU, China y Alemania.
De la ideología de la crisis a la división del trabajo innovador. David Cameron, primer ministro británico, ejemplifica la búsqueda de un Estado reducido a la mínima expresión. En los Juegos de Londres de 2012, la seguridad fue adjudicada a una empresa privada, G4S, que demostró ser incapaz de afrontar el reto. En la Eurozona, el dogma es que la austeridad llevará al crecimiento; sin embargo, en EE UU el Departamento de Energía es el principal financiador de la I+D. El riesgo es desigual, porque hay “ecosistemas simbióticos” y “ecosistemas parásitos”.
Según el modelo de Solow, la producción es una función de trabajo y capital. El propio Solow descubre que el 90% del progreso técnico no depende de estos dos factores (“una medida de nuestra ignorancia”, Abramovitz, 1956). Las variables exógenas son la I+D y el desarrollo del capital humano. La autora compara los casos japonés y soviético para explicar por qué el primero funcionó (con una inversión en I+D del 2’5% sobre el PIB) y el segundo fracasó (con un 4%).
Mazzucato desmonta seis mitos sobre la Innovación: Que dependa del I+D, que lo pequeño (pymes) sea hermoso, que el “venture capital” ame el riesgo (suele invertir en la 2ª etapa, no en la 1ª), que realmente vivamos en la economía del conocimiento, que el problema de Europa sea la comercialización y que las empresas inviertan solo si hay menos impuestos y burocracia. Muy brillante.
¿Quién asume el riesgo? En EE UU, el 26% el gobierno federal y el 4% la universidad. En investigación de base, el 57% de la financiación es federal, el 15% la universidad y el 11% otros públicos. La empresa, solo el 18%. Esa es la clave. El Estado guía la innovación radical, la más arriesgada.
La autora cita a Erik Reinert (2007), que nos recuerda que en su fundación, Estados Unidos se debatía entre el intervencionismo de Hamilton y el liberalismo de Jefferson. “Con el tiempo y el pragmatismo americano, esta rivalidad se resolvió dejando a los jeffersonianos el control de la retórica y a los hamiltonianos el control de la política económica”. El New Deal de Roosevelt y las prácticas desde la II GM son intervencionistas, con instrumentos como el Arpa (creada en 1958) o el programa SBIR. La industria farmacéutica, la ingeniería o las nuevas tecnologías se han beneficiado de este apoyo.
Lo mejor del libro, en mi opinión, es cómo Mariana analiza el éxito de Apple. Invierte poco en I+D (2’8%, frente al 13’8% de Microsoft o más del 12% de Nokia, Google o Sony Ericsson). Sus mayores “innovaciones” contienen una docena de novedades… que no ha inventado la compañía de la manzana. Desde las baterías a la memoria, el multitouch a la tecnología celular e internet… han sido financiadas por el Estado americano. Está muy bien el “stay hungry, stay foolish” de Jobs en Stanford, utilizando el I+D público.
Lo mismo ocurre en la revolución industrial verde, en las energías limpias (eólico, solar, con Vestas, GE, Exxon, GM o BP) o en otros ecosistemas simbióticos. La paradoja, declara Mazzucato, es que el éxito de ciertas empresas no revierte igual en el país.
Se socializa el riesgo, se privatiza el beneficio, y se echan de menos laboratorios como los Bell Labs o Xerox Parc, que son cosa del pasado. La KfW (Banca para la Reconstrucción) alemana ha declarado beneficios de 3.000 M $, mientras otras entidades financieras dan pérdidas.
 Como conclusiones: 1) El “Estado innovador” hay que construirlo, con instituciones apropiadas; la gobernanza no debe ser excusa para la liberalización de los mercados, sino para la competencia y el mérito. 2) El Estado debe invertir en riesgo incierto, de base (como, de hecho, hace en los países punteros). 3) Las pymes y el venture capital debe jugar su papel, complementario al del Estado y las grandes empresas.
Gran libro. Economistas de la innovación como Mariana Mazzucato nos enseñan que con frecuencia la retórica va por un lado y la realidad por otro.